Ni estudian ni trabajan: 26,6% de los jóvenes colombianos
Panorama
De acuerdo con las cifras más recientes del DANE, en el trimestre móvil febrero-abril de 2021 el 26,6% de los jóvenes colombianos estaba desempleado y no estaba estudiando. Entre ellos, las mujeres son las que enfrentan el panorama más preocupante. De ese 26,6%, las mujeres contribuyeron con el 17,8% y los hombres con el 8,8%.
Así mismo, el DANE reportó que, durante el trimestre móvil enero 2021 – marzo 2021, la tasa de desempleo de personas entre los 14 y los 28 años se ubicó en 23,9%, lo que implica un aumento de 3,4 puntos porcentuales con respecto al mismo trimestre de 2020.
El desempleo juvenil es un problema que se ha venido acentuando por lo menos desde 2015, cuando, durante el trimestre móvil enero 2015 – marzo 2015, se ubicó en 16,2%. De ahí en adelante, los jóvenes sin trabajo han aumentado hasta llegar a 23,9%, según las cifras de marzo del DANE.
De acuerdo con Mario Alejandro Valencia, del Centro de Estudios de Trabajo (Cedetrabajo), existen dos tipos de posturas frente a la cuestión de los ninís: «Una, que está empeñada en que, a punta de cursos de motivación, de superación personal, de discursos sin fundamentos sobre el emprendimiento, se van a resolver los problemas. Y, otra, de los que creemos que definitivamente tiene que haber una política de Estado, una política con los gremios de la producción para poder vincular fuerza de trabajo». A este respecto, el economista plantea que, «si todos los jóvenes en Colombia tuvieran la posibilidad de vincularse a algún programa de formación y de capacitación, no habría la suficiente oferta por parte de los programas para vincularlos».
Por su parte, Alejandro García, magíster en ética aplicada y resolución de conflictos de la Universidad Friedrik Schiller de Jena y experto en jóvenes, señala que «la cuestión no es que los jóvenes no quieran trabajar o estudiar, sino que no encuentran oportunidades. Los ninís no lo son porque quieren, sino porque se encuentran en una difícil contradicción: hoy en día, estudiar requiere recursos, pero, al mismo tiempo, trabajar requiere estudios. El hecho de que los trabajos que menos entrenamiento requieren estén siendo monopolizados por máquinas hace que se forme un círculo vicioso, en el que no existe trabajo que no necesite educación, y no existe educación alcanzable sin un ingreso o un privilegio de clase». Por otro lado, García añade que «uno de los problemas más apremiantes consiste en que la demanda de educación es muy alta, pero la oferta, sobre todo del sistema de educación pública, es insuficiente. El desfinanciamiento de la universidad pública es, sin duda, una de las razones por las cuales los jóvenes están participando en el Paro Nacional».
Marta Gutiérrez, directora del Observatorio de Juventud de la Universidad Javeriana, señala que el hecho de ser niní, además de que implica una evidente vulnerabilidad económica, también conlleva una vulnerabilidad social que se traduce en un aumento del riesgo de participar en actividades ilícitas: «muchos jóvenes, al no tener la oportunidad de estudiar y al no conseguir trabajo, se convierten en el objetivo de las bandas criminales que les ofrecen tejido social, reciprocidad, cierto prestigio, pero sobre todo un ingreso con el que pueden ayudar en sus casas».
Soluciones
Ante la difícil situación de muchos jóvenes colombianos, los expertos plantean algunas salidas. En primer lugar, García considera que es fundamental mejorar la capacidad de la educación pública para garantizar que la oferta de cupos en el sistema público de educación responda a la demanda. Así mismo, considera que «el establecimiento de un ingreso mínimo vital sería de gran ayuda para muchos jóvenes, ya que les permitiría contar con un ingreso mensual que les facilitaría invertir su tiempo en educarse, sin la frustración de no poder contribuir con los gastos del hogar».
En segundo lugar, Valencia señala que una transformación productiva del país es fundamental para que se pueda garantizar trabajo para los jóvenes. Según el experto, promover actividades económicas que requieran mano de obra más calificada puede ser una forma de crear puestos de trabajo de calidad, ya que la explotación de petróleo y la exportación de materias primas, que son las actividades que más ingresos generan para el país, son actividades económicas que, en el primer caso, no emplean a un gran número de personas y, en el segundo caso, no requieren de trabajadores con altos grados de capacitación. Así mismo, Valencia argumenta que debe haber mayor conexión entre la academia, los empresarios y el Estado para que la formación profesional y técnica esté más sintonizada con la oferta laboral del sector privado.
En tercer lugar, Gutiérrez se remite a su experiencia de trabajo con organizaciones juveniles, y dice que, ante todo, se debe «tener en cuenta a los jóvenes a la hora de diseñar programas y políticas públicas de empleo juvenil», de manera que estos respondan a sus necesidades reales.