viernes, 12 de agosto de 2022
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¡Oiga, usted!

Diva Criado, Columnista

Diva Criado

Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.

¿Será que está de moda, decir cualquier cosa y luego del yerro lingüístico, disculparse alegando frases sacadas de contexto? 

Varias cosas. Prometo no hablar del “incendio social” si no gana Petro. Lo dijo la hija, yo no.

La mentira más grande del Pacto Histórico es su discurso feminista. Las desafortunadas y estigmatizantes afirmaciones de la mujer de Petro, Verónica Alcocer, sobre el oficio periodístico de las mujeres y su forma de acceder al trabajo: “(A las periodistas) les va bien porque todas entran de reporteras y todas terminan en lo mismo, casándose con los dueños”. Dijo en los “petrovídeos”. 



El hecho no es cosa de poca monta, más viniendo de alguien tan cercano al candidato Petro. Colombia es uno de los países que tiene grandes dificultades para que las mujeres ejerzan el oficio de periodistas. Puede que la mujer conozca casos puntuales, pero eso no le da derecho a echar a todas en el mismo saco. Degradar el trabajo periodístico y ningunear a las que desarrollan un trabajo profesional con enormes dificultades, es de un maniqueísmo ciego y de una falta absoluta de profundidad analítica. 

Tengo la impresión de que las afirmaciones de Alcocer, son producto de un desconocimiento absoluto y de una expuesta incompetencia para gestionar uno de los temas más sensibles del feminismo, el machismo soterrado, una misoginia inducida en un proceso sistémico. Mujeres como esta, fungen como guardianas del patriarcado, condenando a otras al dolor, a la violencia o a la precariedad, cuando no las etiquetan de gordas, zorras o putas. ¡Malo, muy malo!

Pero, si a la mujer de Petro le llueven rayos y centellas, el eslogan de la campaña parece tener confundido a más de uno. Qué significa “vamos a vivir sabroosoo”. Así, con ese “déjà” chévere. Hay cerebros calientes repitiendo que quieren vivir sabroosoo, así, sin más.

Francia Márquez define Vivir sabroso como parte del lenguaje que se usa en su comunidad: “Si va al Chocó la gente habla de vivir sabroso, así como si va al Cauca, a cualquier región del Pacífico”. Deduzco que la frase envuelve toda una parafernalia. 

Qué significado darle. ¿Vivir tranquilos, sin violencia, ni exclusiones, ni odios? —difícil creerlo con Petro— ¿Quién no quiere vivir tranquilo? Todos lo deseamos. La pregunta es: ¿Cómo van a hacer para que la gente viva sabroso, en un país empobrecido por la pandemia y vapuleado por la corrupción?

El tema es que las expresiones típicas de una región no significan lo mismo en otras. Esa es la riqueza de nuestra lengua, extensa y dependen del contexto en que se digan. No es lo mismo hablar de “bambuco o currulao”. Todos sabemos que son bailes típicos regionales. Pero hablar de “vivir sabroso” confunde e idealiza. Si uno analiza el slogan sin apasionamientos, encuentra que induce a creer en un Estado protector. Eso me recuerda a un profesor de ciencia política que contaba la historia de Champotón, Estado de Tabasco, un pequeño pueblo de México. Allí montaron un escenario en la plaza mayor para despedir al alcalde saliente. Sobre la tarima, colgaba una gran pancarta que decía: “Se hizo el 100% de lo que se pudo”. Lo que antes parecía una ingeniosa propaganda política resultó un fiasco para los más vulnerables.  Qué sé hizo, nada, promesas de campaña, solo promesas. 

Admito en favor de Francia que sus reflexiones sentidas, y hasta inocentes, son el reflejo de una realidad nacional. Pero no garantizan que puedan poner a los colombianos a vivir sabroso. 

Francia me cae bien, es guerrera, una mujer hecha a sí misma. No es un secreto que en el círculo cercano a Petro no la quieren, porque es negra, mujer, autónoma en sus decisiones, indómita y hasta beligerante con el jefe. Se sabe que la aceptaron en el cargo de vicepresidenta gracias a la votación que obtuvo. En unos años, cuando sea grande, hasta le doy el voto, pero creo que todavía le falta pelo pa ‘moña. 

En los “ciclo-parlantes” que circulan por todas las ciudades colombianas, especialmente en los sectores populares más deprimidos, invitando a votar por el “Pacto Histórico”, se escucha en una grabación la voz de Francia Márquez vociferando sus orígenes humildes, intentando tocar la fibra social, propio de populistas en campaña.

Me recuerdan a un libro que leí hace poco sobre “El regreso del populismo en Latinoamérica”. Habla de la reaparición de discursos y de proyectos populistas en el actual escenario latinoamericano, que lejos de estar circunscritos a ciertas etapas particulares del desarrollo político y económico de los países, representan aspectos recurrentes en la vida política, sin éxito. 

Como colofón, en estas elecciones presidenciales los candidatos presentan dos proyectos disímiles entre sí. A grandes rasgos, entiendo que: Mientras Petro busca un cambio cultural, un Estado garante de políticas públicas, algo que implica aumento del gasto público y más burocracia estatal. Hernández busca lo contrario, un modelo en el que la gente ascienda y prospere sin trabas, un Estado eficiente, sin burocracia.

Usted decide, vote feliz y a conciencia, vote por usted, por la familia, por la democracia y por Colombia. Vote por quien quiera, pero no coma cuento.  

¡Voté por Rodolfo, confiando en que combatirá la corrupción y se rodeará de los que saben dónde es que ponen las garzas!  

¡Ahí les dejo!