viernes, 12 de agosto de 2022
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Quien no conoce la historia

Victoria E. González M., Columnista

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires.

En mi ejercicio como docente universitaria una de las cosas que más agradezco es haber tenido siempre la oportunidad de elegir con libertad los textos que consideré pertinentes para que los estudiantes ampliaran sus horizontes sobre los temas de mis materias y mis clases. Algo que toda la vida he considerado inconveniente en los colegios y escuelas del país es el uso de libros de texto para las clases de los estudiantes. Esto, porque me parece que son textos resumidos y limitados que no contribuyen a brindar a los estudiantes ningún panorama claro y que restringen sus preguntas y sus respuestas al desarrollo de un grupo de guías que periódicamente deben llenar para cumplir con los mínimos requisitos para “pasar” el año. A lo anterior se suma la presión de las grandes editoriales que cada año ofrecen a escuelas y colegios la renovación de sus títulos con el consabido descalabro económico para padres que tienen varios hijos.

Gracias a la decisión de suprimir las clases de historia de los colegios de Colombia en 1994, decisión que estuvo vigente durante 35 años, los estudiantes de los colegios de esa época ni siquiera usaron guías o libros de texto, simplemente porque a alguien se le ocurrió que la materia no era necesaria.

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A partir de 2020, la materia volvió a las aulas, pero, sin duda, el daño estaba hecho. Varias generaciones de colombianos que ahora mismo necesitan tener claros el trasfondo y el contexto de lo que ha ocurrido en nuestro país, desconocen su historia; quizá por ello, han normalizado asuntos de tanta gravedad como los llamados falsos positivos o las masacres realizadas por grupos armados y por el mismo Estado.



Tratando de subsanar el tremendo vacío que ha dejado la ausencia de una asignatura fundamental, en los últimos tiempos algunos docentes de historia y ciencias sociales de colegios y escuelas han considerado pertinente incorporar a sus clases, como material de análisis y estudio, informes elaborados por el Centro de Memoria Historia  o la Comisión de la Verdad. Hasta ahí, todo bien, todo muy lógico. Justo en estos documentos, producto de arduas investigaciones en las cuales han participado expertos, podrían nuestros jóvenes conocer lo que ha ocurrido en Colombia, en busca de evitar que se repita. Pero no, parece que hay muchas personas interesadas en que estos no lleguen a los estudiantes. Tapar, desconocer y, en el mejor de los casos, volver al libro de texto y a la guía parece ser la solución propuesta. Entonces… ¿Seguimos tapando el sol con un dedo? ¿Hacemos de cuenta que nada pasó? ¿Seguimos formando colombianos ignorantes de lo que ha ocurrido en su país? ¿Seguimos contando versiones asépticas sobre nuestra historia?

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