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miércoles, 4 de febrero de 2026
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El giro que contradice años de confrontación con Estados Unidos tras reunión entre Petro y Trump

La reunión entre Petro y Trump en la Casa Blanca marcó un giro pragmático que contrasta con años de confrontación retórica del presidente colombiano frente a Estados Unidos y su administración.

La reunión entre Petro y Trump en la Casa Blanca marcó un giro pragmático que contrasta con años de confrontación retórica del presidente colombiano frente a Estados Unidos y su administración.

La reunión entre Petro y Trump en febrero de 2026 no solo desescaló una crisis diplomática: contradijo de forma directa el discurso que Gustavo Petro había sostenido durante años frente a Estados Unidos. Tras calificar a Donald Trump como “fascista”, “enemigo de la humanidad” y “cómplice de genocidio”, el presidente colombiano pasó a hablar de diálogo “entre libres” y cooperación estratégica.

El contraste no es menor. La reunión entre Petro y Trump cerró un ciclo de confrontación ideológica que había definido buena parte de la política exterior del Gobierno Petro y abrió una nueva etapa que plantea preguntas incómodas: ¿qué cambió realmente?, ¿qué tan coherente es este giro con su narrativa previa? y ¿qué implica para Colombia?

El balance político es más profundo que el listado de compromisos. Tras la reunión, Petro terminó legitimando las acciones de Estados Unidos en la región, al aceptar de facto su rol como actor central en Venezuela y en la gestión de las tensiones entre Colombia y Ecuador. El presidente que había denunciado la Doctrina Monroe y cuestionado la injerencia estadounidense terminó avalando, en la práctica, la intervención política, diplomática y de seguridad de Washington como un marco inevitable para la estabilidad regional.

¿Cómo era el discurso de Petro frente a Estados Unidos antes de la reunión?

Antes de la reunión entre Petro y Trump, la relación bilateral había atravesado una de sus etapas más tensas en décadas, marcada por confrontación directa, descalificaciones personales y una crítica estructural al papel de Estados Unidos en la región.

Desde la campaña presidencial de 2022, Petro cuestionó la extradición como eje central de la política antidrogas y denunció la Doctrina Monroe como una forma de dominación histórica. Ya en el poder, ese discurso se radicalizó.

Durante su primer año de gobierno, el presidente llevó esa confrontación a escenarios multilaterales. En su discurso ante la ONU en septiembre de 2023, calificó la guerra contra las drogas como un “fracaso civilizatorio”, comparando la cocaína con el carbón y el petróleo como “fetiches” del poder global.

Tras la reunión, Petro terminó legitimando las acciones de Estados Unidos en la región, al aceptar de facto su rol como actor central en Venezuela y en la gestión de las tensiones entre Colombia y Ecuador.
Tras la reunión, Petro terminó legitimando las acciones de Estados Unidos en la región, al aceptar de facto su rol como actor central en Venezuela y en la gestión de las tensiones entre Colombia y Ecuador.

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Las descalificaciones directas a Trump y su administración

La retórica no se limitó a críticas abstractas. Petro personalizó el conflicto con Donald Trump, a quien calificó en distintos momentos como:

  • “Fascista”, “xenófobo” y “enemigo de la humanidad”, en reacción a sus políticas migratorias y su negacionismo climático.
  • “Cómplice de genocidio”, por el respaldo de Estados Unidos a Israel en la guerra en Gaza.

También extendió esas descalificaciones a funcionarios clave de Washington. Marco Rubio fue señalado como “representante de la extrema derecha manchada con masacres”, mientras que el Departamento de Estado fue descrito como una “institución que financia ataques contra gobiernos legítimos” .

Este lenguaje rompía con la tradición diplomática colombiana y buscaba reposicionar a Colombia como un actor soberano y confrontacional frente a Estados Unidos, lo cual cambió tras la reunión entre Petro y Trump.

De la descertificación al discurso de soberanía armada

La confrontación alcanzó su punto más alto en 2025, cuando Estados Unidos avanzó en la descertificación de Colombia en la lucha contra el narcotráfico. La respuesta de Petro fue una alocución en la que rechazó lo que llamó el “chantaje” de la ayuda económica estadounidense y defendió la necesidad de una soberanía incluso armada.

En ese momento, el presidente afirmó que Colombia no podía seguir dependiendo de la cooperación militar de Washington y anunció una estrategia de independencia tecnológica y militar, profundizando la ruptura discursiva con su principal aliado histórico.

La confrontación alcanzó su punto más alto en 2025, cuando Estados Unidos avanzó en la descertificación de Colombia en la lucha contra el narcotráfico.
La confrontación alcanzó su punto más alto en 2025, cuando Estados Unidos avanzó en la descertificación de Colombia en la lucha contra el narcotráfico.

¿Qué cambió en la reunión entre Petro y Trump?

La reunión entre Petro y Trump en la Casa Blanca marcó un quiebre evidente. Tras casi dos horas de encuentro, ambos mandatarios hablaron de una conversación “positiva” y “constructiva”, dejando atrás meses de ataques cruzados.

Petro pasó de denunciar a Trump como una amenaza para la humanidad a presentarlo como un interlocutor válido con quien se puede dialogar “entre iguales”. Incluso propuso reinterpretar el lema Make America Great Again como “hacer grandes a las Américas”, un gesto simbólico de acercamiento.

El cambio no fue solo de tono tras la reunión entre Petro y Trump. En la práctica, el gobernante colombiano aceptó retomar canales de cooperación en seguridad, narcotráfico y Venezuela, temas que antes habían sido presentados como ejemplos del intervencionismo estadounidense.

La contradicción central del giro diplomático en la reunión entre Petro y Trump

La principal tensión que deja la reunión entre Petro y Trump es política y discursiva. Nada sustancial cambió en la estructura de poder de Estados Unidos, ni en la visión de Trump sobre drogas, migración o sanciones. Lo que cambió fue la posición del Gobierno colombiano.

El Petro que denunció la Doctrina Monroe y el “imperialismo” estadounidense es el mismo que, tras la reunión, defendió una relación pragmática basada en intereses comunes. Esa transición plantea una contradicción difícil de ignorar: la retórica radical fue abandonada cuando comenzó a generar costos reales para Colombia.

El Petro que denunció la Doctrina Monroe y el “imperialismo” estadounidense es el mismo que, tras la reunión, defendió una relación pragmática basada en intereses comunes.
El Petro que denunció la Doctrina Monroe y el “imperialismo” estadounidense es el mismo que, tras la reunión, defendió una relación pragmática basada en intereses comunes.

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¿Qué explica este giro de Petro frente a Estados Unidos?

Más que una conversión ideológica, el giro tras la reunión entre Petro y Trump parece responder a límites estructurales. Estados Unidos sigue siendo clave para Colombia en tres frentes críticos:

  1. Venezuela, donde Washington ve a Colombia como actor estratégico para la reconstrucción energética y la estabilidad regional.
  2. Seguridad y narcotráfico, áreas donde la cooperación sigue siendo determinante.
  3. Escenario electoral interno, donde una ruptura total con EE. UU. se volvía un flanco vulnerable para el Gobierno.

La reunión entre Petro y Trump permitió desactivar un frente externo que amenazaba con volverse insostenible.

Lo que deja la reunión entre Petro y Trump

La reunión entre Petro y Trump dejó acuerdos concretos que contrastan con la retórica de confrontación previa. Aunque no se anunciaron tratados formales ni decisiones inmediatas, ambas partes coincidieron en reactivar canales de cooperación estratégica en tres frentes clave: lucha contra el narcotráfico, seguridad regional y el papel de Colombia en la reconstrucción de Venezuela.

En particular, Estados Unidos expresó interés en que Colombia, a través de Ecopetrol, participe en proyectos de recuperación energética e infraestructura en el occidente venezolano, siempre que exista una flexibilización gradual del régimen de sanciones. También se acordó mantener la cooperación en inteligencia y extradiciones, dejando atrás la amenaza de ruptura que había marcado los meses anteriores, y avanzar en un diálogo más pragmático sobre erradicación, sustitución de cultivos y control de economías ilegales en la frontera.

El balance es claro: la reunión selló una desescalada real del conflicto diplomático y confirmó que el Presidente colombiano optó por preservar la relación con Washington cuando los costos de la confrontación comenzaron a afectar sus intereses estratégicos del país. 

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