Revolución Verde: ¿peor la cura que la enfermedad?
En las tres últimas décadas, ha aumentado la producción mundial de varios alimentos, especialmente de oleaginosas como la soya y la canola y de cereales como el arroz, el trigo y el maíz. Esto ha sido posible, en parte, gracias a la incorporación de nuevas tecnologías y conocimientos científicos. No obstante, si bien se trata de un gran logro, pues ha permitido abastecer la creciente demanda alimentaria mundial, también ha tenido efectos negativos, especialmente en los países en desarrollo.
Wilson Vergara, zootecnista y profesor de la Universidad de La Salle, y Tomás León Sicard, antropólogo y profesor de la Universidad Nacional, analizaron el modelo de la Revolución Verde, que ha moldeado la agricultura mundial y ha servido de base para los desarrollos biotecnológicos de los últimos años.
La Revolución Verde estuvo asociada a la creación de grandes empresas exportadoras en los países desarrollados, especialmente en Estados Unidos, que se convirtió en el principal exportador mundial de alimentos. Esta revolución demostró la posibilidad técnica de producción a gran escala para satisfacer las necesidades de alimentos en el mundo, pero con costos ambientales enormes, una fuerte dependencia del petróleo y una implementación heterogénea. En muchos países en desarrollo impactó negativamente la economía campesina y, al requerir un fuerte componente de subsidios del Estado, se tornó difícil de sostener en muchos de ellos.
Revolución Verde: un modelo para incrementar el rendimiento de los sistemas agrícolas
Según Wilson Vergara, profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de La Salle, la Revolución Verde (RV) es un modelo tecno-económico basado en la selección genética de semillas, el alto uso de insumos químicos —fertilizantes y pesticidas—, la mecanización y el riego. Surgido en la década de 1940 —aunque su aplicación fue especialmente fuerte desde la década de 1970—, su objetivo principal fue garantizar la seguridad alimentaria y erradicar el hambre y la desnutrición, principalmente en los países en desarrollo, mediante un incremento en la producción y la oferta de alimentos.
Tomás León Sicard, profesor del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia, explicó que la RV se originó en Estados Unidos y México, y luego se exportó a distintas partes del mundo. “Todo empezó cuando un grupo de agrónomos logró obtener una serie de trigos enanos. Hasta ese momento, el trigo tenía un problema: por los fertilizantes usados, crecía mucho y sus espigas se doblaban. Así que estas variedades de trigos enanos resolvían el problema. Junto al trigo, se empezaron a estudiar otros vegetales y a hacer experimentos con fertilizantes como el nitrógeno (N), el fósforo (P) y el potasio (K)”.
Por su parte, Vergara señaló que “este modelo agrícola no habría sido posible sin la investigación y sin el financiamiento de muchas compañías. De hecho, fue financiado por la Fundación Rockefeller, cuyo gestor es el afamado magnate del petróleo, y su diseñador fue Norman Borlaug, un agrónomo que empezó a investigar con especies de arroz, trigo y maíz para conseguir variedades más productivas, con la excusa de que los cultivos tradicionales no eran capaces de satisfacer la demanda alimentaria”. Por sus aportes a la alimentación mundial, Borlaug fue reconocido con el premio Nóbel de Paz en 1970.
Los académicos consultados coincidieron en que la RV se caracterizó por lo siguiente:
- Alta dependencia del petróleo, pues la maquinaria agrícola usada requiere de lubricantes y combustibles a base de este hidrocarburo.
- Uso de semillas mejoradas en el laboratorio, que resultaban más productivas que las tradicionales.
- Preocupación por la estética de las plantas obtenidas y por la velocidad de su crecimiento. Con el modelo de la RV, se obtuvieron plantas que tenían mejor apariencia que las obtenidas a partir de cultivos tradicionales, crecían a una mayor velocidad y eran resistentes a condiciones climáticas adversas.
- Uso de grandes cantidades de fertilizantes y plaguicidas, producidos a base de petróleo, para asegurar una mejor producción.
- Importante financiación estatal, tanto en los países donde se desarrolló el modelo, como en aquellos donde se aplicó.
“La Revolución Verde incrementó la producción de alimentos, pero mandó a la quiebra a los pequeños agricultores y provocó varios desastres ambientales”
Vergara y León explicaron que el modelo de RV aumentó significativamente la producción de alimentos y los rendimientos agrícolas. Los datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lo confirman. Entre 1950 y 1985, la producción de cereales aumentó a ritmos anuales de 2,7% y la superficie cosechada per cápita disminuyó en un 25%. Esto significa que se producía más en menos tierras y en un menor tiempo.
Según el documento técnico de la FAO, titulado Enseñanzas de la Revolución Verde. Hacia una nueva Revolución Verde, entre 1963 y 1983 la producción total de arroz, trigo y maíz en los países en desarrollo creció en 3,1%, 5,1% y 3,8%, respectivamente. Sin embargo, para la década siguiente, entre 1983 y 1993, los aumentos de la producción anual de estos tres cereales se redujeron en 1,8%, 2,5% y 3,4%, respectivamente. Los rendimientos por hectárea mantuvieron la misma tendencia.
Le puede interesar FAO, Gobierno y DANE: quién dice qué sobre seguridad alimentaria
El documento de la FAO resaltó que, entre 1963 y 1983, el aumento del rendimiento promedio por hectárea del arroz fue del 2,1%, el del trigo fue de 3,6% y el de maíz fue de 2,9%. En contraste, entre 1983 y 1993 dichos rendimientos disminuyeron en 1,5%, 2,1% y 2,5%, respectivamente. Esto se explica, según León, porque “resulta muy difícil mantener el aumento de los rendimientos con prácticas de cultivos más intensivas”.
Le puede interesar Hay más de 30 plantas resistentes al Glifosato: Experta
Para Vergara, la RV incrementó significativamente la producción de alimentos, pero trajo consigo graves consecuencias. “En países en desarrollo, como la India, muchos pequeños agricultores se fueron a la quiebra y perdieron sus tierras. De hecho, cerca de 60.000 agricultores se suicidaron en India por implementar la RV. Si bien los rendimientos aumentaron, los costos de producción lo hicieron mucho más, y prueba de ello es que la productividad total de los factores fue decreciendo”, explicó el profesor de la Universidad de La Salle.
A su juicio, un factor importante que no se ha calculado detalladamente es el costo ambiental —en el agua, los suelos, la biodiversidad, el aire, etc.— que ha producido el uso excesivo de agroquímicos, la implementación de maquinaria pesada y la creación de monocultivos a gran escala. “En general, la balanza se inclina hacia un saldo en rojo que ha prendido las alarmas sobre la insostenibilidad del modelo de Revolución Verde”, aseguró el profesor de La Salle.
“Beneficios para los países desarrollados y dependencia para los países en desarrollo”
Según los académicos consultados, para hablar del éxito de la RV debe distinguirse entre los países con más ingresos y los países con menos ingresos. “En términos de producción de alimentos, como ya hemos dicho, la RV fue muy exitosa. Los nuevos instrumentos de arado, la introducción de procesos de fertilización a partir de nitrógeno, hidrógeno y potasio, el uso de plaguicidas e insecticidas y la incorporación de maquinaria agrícola aceleró la producción de algunos alimentos, como el maíz, el arroz, el trigo y el fríjol. Digamos que este tipo de modelo agrícola se introdujo completamente en el sistema económico capitalista: aumentó las ganancias de las entidades privadas, incrementó las casas de fabricación de los insumos, aceleró la producción y la venta de la maquinaria agrícola y aumentó los rendimientos de los cultivos”, comentó Tomás León Sicard, de la Universidad Nacional.
Como el sistema era altamente rentable, rápidamente se expandió a otros países. No obstante, a juicio de León el proceso de exportación de la RV fue desigual. “Mientras la transferencia a países de la Unión Europea o a otras partes de Estados Unidos fue horizontal porque los agricultores se encontraban en condiciones óptimas, la transferencia a países empobrecidos, como los de América Latina y África, fue muy vertical. En estos últimos, los agricultores tienen tierras más pequeñas, no cuentan con vías terciarias ni con sistemas de transporte que les permitan comercializar sus productos, están a manos de intermediarios y cultivan en condiciones climáticas extremas”, afirmó León.
En los países en desarrollo, además, los pequeños y medianos productores solían estar ubicados en zonas de ladera difícilmente mecanizables y, en todo caso, la maquinaria agrícola y las posibilidades de implementar a cabalidad los paquetes tecnológicos indicados por los agrónomos eran restringidas, especialmente cuando la ayuda del Estado era insuficiente o inexistente.
En esta misma línea, Vergara afirmó que, dadas las condiciones de desigualdad, los países en desarrollo que adoptaron el modelo de RV se volvieron dependientes de los países desarrollados y de las empresas transnacionales que producían insumos agroquímicos. El profesor de la Universidad de La Salle explicó que las semillas de la RV, a diferencia de las tradicionales, debían ser compradas en cada cosecha a las empresas transnacionales. Y, para obtener su máximo potencial, era necesario aplicar agroquímicos —fertilizantes, insecticidas y plaguicidas— y trabajar con maquinaria agrícola.
Le puede interesar Sembrar vida, sin quitarle la vida a la tierra
Adicionalmente, para León, el modelo de RV no tuvo en consideración las condiciones climáticas particulares de cada país. En países con climas templados, donde los agricultores producen en suelos planos y reciben grandes ayudas y subsidios estatales, y donde la presencia de las estaciones ayuda a la planificación de la agricultura y al control de plagas, el modelo de RV fue muy exitoso.
“Miremos no más a Estados Unidos, que tiene un cinturón maicero de 40 millones de hectáreas de suelos planos, donde cada agricultor en promedio tiene fincas de 200 hectáreas y puede acceder con facilidad a todos los instrumentos que se requieren para implementar el modelo (tractores, sistemas sofisticados de riego, insumos, fertilizantes, etc.). En cambio, en países tropicales como Colombia, con suelos pendientes, húmedos, que sufren todo el año procesos de meteorización [es decir, de desintegración y descomposición del material biológico] y cuya materia orgánica está expuesta todo el año a las actividades de los microorganismos, un modelo como este no tiene cabida”, explicó el profesor de la Universidad Nacional.
“El panorama se vuelve más difícil con todo el tema de los subsidios”, agregó Vergara. El profesor señaló que, “si bien es cierto que los países desarrollados, situados en zonas templadas, tuvieron rendimientos muy elevados con la RV, pues hay menos plagas y los suelos son más óptimos para cultivar, deben tenerse en cuenta otros factores. Los países desarrollados cuentan con grandes subsidios por parte del Estado y tienen facilidades para comprar los insumos, pues cuentan con fábricas y compañías que los producen. Así que ni siquiera tienen que importarlos. Esto es importante porque, por el precio de los costos de producción, la RV solo es viable con subsidios”.
En cambio, continuó el académico, “en los países en desarrollo, situados en zonas tropicales, las condiciones de exceso de plagas y suelos más accidentados hacen que el rendimiento y la rentabilidad de los cultivos dependan enormemente del uso de fertilizantes, agroquímicos, pesticidas y plaguicidas, que deben ser importados a altos costos. Estos países tampoco tienen suficientes recursos para subsidiar a los agricultores y, cuando lo hacen, subsidian especialmente a los grandes agricultores dedicados a la exportación y no a los pequeños, que son muchos más”.
Las consecuencias, entonces, no han sido las mismas para los países en desarrollo, que se sitúan en zonas tropicales, como Colombia. “Aunque el objetivo de la RV fue aumentar la producción de alimentos y, en este sentido, satisfacer la demanda mundial de alimentos, que aumentaba con creces cada año, podríamos decir que el remedio fue peor a la enfermedad. No se tuvo en cuenta que un modelo como este no era igualmente rentable para todos los países y tampoco que sus consecuencias a nivel ecológico podrían ser tan grandes: sobreexposición de los suelos por los agroquímicos, pérdida de biodiversidad y contaminación de las fuentes hídricas, entre otros”, concluyó Tomás León Sicard.