Sector arrocero 2026: por qué el próximo año puede ser decisivo para el arroz
El sector arrocero 2026 arranca debilitado por la caída de precios. Fedearroz alerta que el fin de acuerdos y la presión del arroz de EE. UU. pueden agravar la crisis.

¿Se imagina un plato de comida sin arroz? En Colombia, donde el arroz es parte central de la dieta diaria, lo que ocurra con este cultivo en los próximos meses no es un asunto menor. El sector arrocero 2026 no empieza desde cero: llega arrastrando los efectos de un 2025 marcado por la caída de precios, altos costos de producción y medidas de emergencia que apenas ganaron tiempo.
Con acuerdos que vencen a comienzos del año, un mercado expuesto a la volatilidad y riesgos estructurales sin resolver, el próximo año será clave para definir si el arroz colombiano logra estabilizarse o entra en una nueva fase de crisis.
Un 2025 que dejó al productor con menos margen
El balance que deja 2025 es claro, el productor llega debilitado. Durante el año, los precios del arroz registraron caídas cercanas al 20%, en varios momentos por debajo de los costos de producción. Esto redujo de forma significativa la capacidad financiera de miles de agricultores, afectando su posibilidad de invertir en tecnología, insumos y mejoras productivas.
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De cara al sector arrocero 2026, este punto de partida es determinante. Un productor con menor liquidez tiene menos margen para asumir riesgos, enfrentar choques de mercado o adaptarse a nuevas exigencias de competitividad. La fragilidad financiera no es un dato menor: condiciona toda la dinámica del próximo ciclo agrícola.
Sector arrocero 2026 y el fin de los acuerdos de precios
Uno de los factores más sensibles para el sector arrocero 2026 es el vencimiento del acuerdo de precios y del régimen de libertad regulada que estuvo vigente durante 2025 y que se extiende hasta el 31 de enero de 2026.
¿Qué pasa cuando termine la medida?
El acuerdo permitió evitar una crisis mayor y facilitó la comercialización de la cosecha, pero se trata de una herramienta temporal. Una vez finalice, el mercado volverá a quedar expuesto a una fuerte volatilidad si no se activan instrumentos de estabilización más estructurales.
Para el sector arrocero 2026, el riesgo es claro: sin incentivos al almacenamiento, sin mecanismos anticíclicos y sin una política clara de manejo de excedentes, el mercado puede volver a saturarse, presionando los precios a la baja justo cuando los productores menos capacidad tienen para resistir.
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El contrabando, un riesgo que sigue sin resolverse
Si hay un factor que amenaza directamente la sostenibilidad del sector arrocero 2026, es el contrabando, especialmente desde Ecuador. La entrada de arroz ilegal continúa afectando la formación de precios internos y distorsionando la competencia.
Mientras el productor colombiano enfrenta altos costos de insumos, transporte y financiamiento, el arroz de contrabando entra al mercado sin controles ni cargas, presionando a la baja los precios y dificultando la salida del producto nacional.
Para 2026, si no hay controles efectivos y sostenidos, el impacto será doble: desincentivo a la siembra y mayor congestión del mercado interno. En términos económicos, esto erosiona la rentabilidad y pone en duda la viabilidad del cultivo en varias regiones.
Inventarios, oferta y consumo: un equilibrio frágil
El sector arrocero 2026 también enfrenta un contexto complejo en términos de oferta y demanda. A nivel internacional, los inventarios siguen siendo elevados y los precios externos no muestran señales claras de recuperación.
Colombia llegará a 2026 con inventarios importantes y con una oferta que dependerá en gran medida de cuánto se ajuste el área sembrada. El consumo interno, que se mantiene relativamente estable alrededor de los 42 kilos per cápita al año, no es el problema central.
El desafío está en los picos de producción y en la concentración de la oferta en ciertos momentos del año. Sin una gestión adecuada de inventarios y sin herramientas que permitan suavizar estos ciclos, el sector arrocero 2026 seguirá enfrentando caídas abruptas de precios.
Productividad y costos: la carrera contra el tiempo
Aunque la apertura total a las importaciones desde Estados Unidos se dará en 2030, el sector arrocero 2026 es un año clave de preparación. La competencia futura obliga a reducir costos y mejorar productividad desde ahora.
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Programas como AMTEC han demostrado que es posible producir arroz en Colombia con costos más competitivos, incluso frente al arroz importado. Sin embargo, el reto no es técnico, sino de escala. Para 2026, la adopción de tecnología sigue siendo desigual y limitada en muchas zonas productoras.
Si el sector arrocero 2026 no logra acelerar de manera masiva estos procesos, llegará a los años previos a la apertura total en condiciones de alta vulnerabilidad.
Política pública: el eslabón más débil del sector arrocero 2026
Más allá de las medidas coyunturales, el futuro del sector arrocero 2026 depende de decisiones estructurales. La falta de una política pública sostenida ha sido una constante en los últimos años.
Las principales demandas del sector siguen siendo las mismas: inversión en distritos de riego, adecuación de tierras, vías terciarias y condiciones de seguridad en el campo. Regiones como Casanare concentran buena parte de la producción, pero enfrentan serias limitaciones de infraestructura.
Sin estas inversiones, hablar de competitividad resulta insuficiente. El sector arrocero 2026 necesita reglas claras y una visión de largo plazo que vaya más allá de acuerdos temporales y respuestas de emergencia.
Un año que puede marcar el rumbo del arroz colombiano
El sector arrocero 2026 se perfila como un punto de inflexión. La combinación de productores debilitados, riesgos externos, contrabando persistente y ausencia de reformas estructurales hace que el margen de error sea cada vez menor.
Lo que ocurra en los próximos meses (en precios, controles, política pública y productividad) no solo definirá el desempeño de un año agrícola, sino el rumbo del arroz colombiano en la antesala de un mercado cada vez más abierto y competitivo.