viernes, 12 de agosto de 2022
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Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: Libre comercio I

Jorge Enrique Esguerra, Columnista

Jorge Enrique Esguerra

Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

La agricultura, la más golpeada

Señalamos en la anterior nota sobre el tema, que la decisión de sustituir importaciones a causa de las crisis globales del siglo XX –el crac de 1929 y la Segunda Guerra– que deprimieron la producción industrial y agropecuaria del mundo, trajo como consecuencia benéfica el inicio del desarrollo manufacturero nacional, incluida la fabricación de alimentos, a la par con el impulso de la agricultura comercial. Y también explicamos que, en la región objeto de estudio, la primacía del café como producto exportable aseguraba los recursos para introducir en ella lo que la dominante producción campesina no podía producir, porque la industria alimenticia era muy endeble y los cultivos comerciales prácticamente inexistentes.

De igual manera, nos referimos al papel que los medios de comunicación modernos desempeñaron en la diversificación del consumo alimenticio regional, que compensó la que no se logró en la producción del campo a causa del monocultivo cafetero. Ahora, agreguemos que esa modernización de los transportes también originó un nuevo patrón de poblamiento que sustituyó al tradicional determinado por los caminos encumbrados. El ferrocarril, que fue el que más contribuyó en la mejoría de las conexiones, no podía ser trazado por las cúspides donde los caminos habían determinado la tradicional ubicación de las poblaciones y penosamente alcanzó a llegar, como último destino, a la capital caldense. Esa es la razón por la que Pereira y Armenia, mejor ubicadas con relación al Valle del Cauca y Buenaventura, comenzaron a disputarle el protagonismo comercial a Manizales y, por añadidura, también el político, cuando los intereses de esas dos ciudades se rebelaron contra lo que consideraban un excesivo centralismo de la capital. Finalmente, Pereira y Armenia lograron, en 1966, conseguir su autonomía política con la creación respectiva de los departamentos de Risaralda y Quindío, diseccionados del Antiguo Caldas.



Caldas Risaralda Quindio
El Antiguo Caldas se divide, en 1966, en los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío.
Fuente: Elaboración propia.

Los tres departamentos del centro occidente del país, junto con el suroeste antioqueño y el norte del Valle del Cauca –el llamado ‘eje cafetero’– se enrumbaron por los mismos derroteros y consolidaron la monoproducción cafetera para la exportación, generando una riesgosa dependencia de las circunstancias mundiales, pero principalmente del manejo de los precios internacionales que las grandes trasnacionales de alimentos imponen, al favorecer la superproducción mundial con el apoyo estatal de las potencias. En ese contexto, toda la región se vio enfrentada a las exigencias que en la década de 1980 planteaba el capital financiero internacional para perfeccionar la división del trabajo global, que dispone que los países del trópico se especialicen en los productos de esta zona climática, aquellos que es imposible producir en las áreas de climas estacionales, mientras los países ubicados en estos monopolizan la producción de los que sí pueden cultivar, entre ellos los cereales. Se concretaron esas exigencias en el Consenso de Washington (1989), que las difundió e impuso a los países en vías de desarrollo como Colombia bajo la fórmula del libre comercio, que implica eliminar fronteras arancelarias, auspiciar la penetración de capital internacional para controlar mediante privatizaciones los activos nacionales y debilitar la presencia estatal en el control institucional de precios y mercados. 

Por eso, en la década del 1990 comenzaron a sentirse con fuerte rigor los síntomas del nuevo rumbo, la apertura económica, que el gobierno de César Gaviria, sumiso a las órdenes de los intereses de las metrópolis, llamó el “revolcón”. Y fue precisamente el débil sector agropecuario el renglón en el que se comenzó a palpar el desequilibrio de la competencia desigual con los productos subsidiados que comenzaron a llegar del exterior con rebajas de aranceles. El trigo, la cebada, el maíz, el sorgo, los cárnicos y la leche, todos productos básicos alimentarios, comenzaron a perder su sustento productivo nacional con los efectos catastróficos en la pérdida de área cultivada, en productividad y en empleos.

Pero en el eje cafetero las condiciones han sido peores precisamente por la crisis del cultivo del grano originada por la apertura, que se agregaba a las enfermedades del cafeto, la roya y la broca. En efecto, el rompimiento del Pacto de Cuotas (1989) significó perder el control internacional de precios del café en aras del libre mercado, con el estímulo de los países consumidores para bajarlos fomentando la producción en otros países tropicales de Asia y África. Por vez primera, después de un siglo de sostenible presencia del café en la región, que le aseguraba conseguir los recursos para la seguridad alimentaria, la crisis se volvió permanente debido a la dependencia agropecuaria que comenzó a generar la importación y el control de precios de las empresas transnacionales. En la próxima entrega ampliaremos las consecuencias de ese impacto en lo que va corrido de este siglo.

Referencias:

Robledo Castillo, Jorge Enrique (1998). El café en Colombia, un análisis independiente. Bogotá: El Áncora Editores.

Suárez Montoya, Aurelio (2021). Saqueo. Estudio de la economía colombiana 1990-2020. Soluciones alternativas. Bogotá: Ediciones Aurora.