Tibia
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
En un país convulsionado, y no hablo solo de esta semana, es un pecado no estar en uno de los extremos políticos, es un pecado ser tibio como yo, es un pecado pensar y criticar al que tiene ideas parecidas a las de uno porque entonces el que piensa se convierte en traidor.
No sé quién dijo que lo correcto era tener una posición radical y defenderla a capa y espada pasando incluso por encima de la razón.
Gustavo Petro sale borracho a dar discursos, dice que las matemáticas no sirven porque ya existe la matemática cuántica y hay quienes lo defienden.
A Miguel Uribe lo asesinan y la gente dice que es un montaje porque no han visto el cuerpo, o que porque su esposa tuvo “el descaro” de guiñar un ojo durante la misa de su despedida, entonces no está triste y la muerte de Miguel fue planeada por ella y por otros de derecha, cuando hace apenas unas semanas decían que la realidad era que él estaba bien y que tenía alquilado el piso entero de una clínica para poder pasearse mientras se daba “el milagro” de su recuperación y anunciaba que su candidatura presidencial seguía firme.
¿En qué momento la gente dejó de pensar y se dedicó a validar lo que sea que apoye sus ideas políticas, sin preguntarse si tiene algún tipo de lógica? ¿Nos consumió el odio o la irracionalidad?

A mí algunos de izquierda me dicen que soy derechista, clasista, defensora del status quo, y algunos de derecha me dicen que soy una zurda, socialista y que es increíble que una persona como yo apoye (en algunos casos) las ideas de la izquierda.
Lo que quiere decir que soy tibia y estoy orgullosa de serlo, porque en este país de caos y odios políticos, lo que yo entiendo es que tibio es el que no traga entero. Si usted también es tibio, séalo sin miedo, que algún día tibio y racional van a ser sinónimos. Atrévase a criticar a su esquina política, eso en los negocios se llama mejoramiento continuo y sobre todo atrévase a tener ideas propias, que eso, aunque pasado de moda, nos conviene a todos.