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Trabajadores de la cultura: entre la pasión y el rebusque

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Viviana Rangel
Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales, Magíster en Políticas Públicas y en Gestión Cultural y activista por el Arte y la Cultura. Twitter: @vivirangel88 IG: @vivir.x

El arte y las expresiones de la creatividad nos permiten experimentar la belleza y el goce de diversas formas. Muchas de las actividades consideradas inútiles, ociosas  y de poco valor comercial, son el principal estímulo para vernos, imaginarnos y plantearnos escenarios que aporten a la construcción de un mundo mejor en el que podamos disminuir, si no eliminar, las injusticias y desigualdades. Aunque este sector puede generar mucha riqueza, me interesa destacar que la inversión del Estado también se mide en retornos no inmediatos y en muchos casos no monetizables, las expresiones culturales aportan un gran valor simbólico y son la base para la construcción de una sociedad. 

Quiero llamar la atención sobre la precarización laboral en el sector creativo que pone en riesgo la calidad y cantidad de la producción cultural de una nación.

En 2018 la UNESCO alertó sobre las graves condiciones laborales en el sector creativo a nivel mundial. La española Remedios Zafra, escritora española, ganadora del premio Anagrama de Ensayo 2017 con su libro El Entusiasmo, precariedad y trabajo creativo en la era digital, llamó a prestar atención sobre las precarias condiciones en las que ejercen su labor los profesionales creativos, intelectuales y trabajadores de la cultura en general. Para ella, con el aprovechamiento del entusiasmo o pasión por la creación se han normalizado trabajos que no ofrecen salarios proporcionales a la experiencia ni a la formación de las personas que los ejercen y que en muchos casos son simples pagos simbólicos. Los trabajadores de la cultura viven en un ciclo de precariedad, sumidos en modalidades de explotación y de autoexplotación para lograr alcanzar ingresos promedio que les permitan vivir sin abandonar su pasión creadora, generando una competencia entre los trabajadores del sector por vacantes pobremente remuneradas o que implican otras formas de pago. 

Durante la pandemia y sobre todo en el periodo de cierre extremo (para quienes tuvimos el privilegio de poder quedarnos en casa) las actividades que “no sirven para nada” fueron las que nos salvaron de la asfixia del encierro. La música, el cine, la literatura, la pintura y la infinidad de contenidos creativos nos mantuvieron vivos. Sin embargo, pocos nos detuvimos a pensar en que todo esto es posible gracias a la genialidad de millones de cerebros creativos y, aún más pocos, escuchamos los llamados que desde las organizaciones gremiales, sindicales y comunitarias se hicieron sobre la precariedad en la que se encontraban muchos trabajadores del sector cultural en Colombia. Organizaciones como la Mesa por el Arte y la Cultura, la Industria de producción de Eventos y Espectáculos, la Unidad Nacional de Artistas, El Paro Suena, el Sindicato de Músicos y el Sindicato de Actores, entre otros, alertaron sobre la grave situación de los trabajadores creativos -empeorada en tiempos del virus-, que en su mayoría no cuentan con salud, pensión ni salarios dignos y que ejercen su labor en un constante debate entre la pasión por la creación y el rebusque. 

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La naturaleza misma de las pulsiones y motivaciones que llevan a alguien a crear me hace pensar que exista o no dinero, la creación no se detendrá, como se demostró en el reciente Paro Nacional, una explosión creativa y contestataria que se sostuvo gracias a quienes estaban en las calles movilizándose, pero también de quienes estaban creando carteles, murales, arengas, poemas, videos y demás contenidos que mantuvieron vivo el espíritu de la movilización. Sin embargo, es evidente que si no se trazan políticas públicas que hagan posible que los trabajadores del sector puedan tener vidas dignas, poco a poco se verán forzados a cambiar de profesión y/o a dedicar cada vez menos horas de su tiempo a la creación. 

El panorama en el país es complicado; la precariedad laboral, un bajísimo presupuesto asignado al Ministerio de Cultura (menos del 2% del presupuesto nacional) y una política de economía naranja abiertamente rechazada por el sector debido a que no contó con su participación, no buscó resolver los problemas centrales y, en estos 3 años, nunca demostró los supuestos beneficios prometidos y pone a muchos en una disyuntiva entre seguir creando o buscar cómo sobrevivir. 

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El arte, la cultura y la creatividad no son ajenos a los debates de política y de economía, por el contrario, necesitan que desde diversas áreas del conocimiento nos pensemos cómo garantizar su subsistencia y gran aporte a la sociedad. Es importante promover condiciones de vida plena, salarios dignos y en general políticas que brinden atención y cuidado a los talentos que son la base de una industria cuya materia prima es el conocimiento y la creatividad. Por mi parte, el espacio que tendré en este Portal lo dedicaré a hablar de lo que amo y de lo que sé, arte, cultura, políticas de cultura y formas de dignificar la labor de los trabajadores del sector. 

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->  Ahora más que nunca es importante que apoyen las iniciativas de sus conocidos y amigos. Compren el cuadro, el disco, la camiseta, la serigrafía, la fotografía, aporte para la rifa, vaya al estreno de la película, de la obra y a la exposición… 

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Viviana Rangel
Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales, Magíster en Políticas Públicas y en Gestión Cultural y activista por el Arte y la Cultura. Twitter: @vivirangel88 IG: @vivir.x

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