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domingo, 11 de enero de 2026
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Trabajo infantil, la práctica del pasado que está creciendo y que se podría enfrentar con sencilla medida

Hasta hace no tanto, el trabajo infantil era una práctica corriente. Aunque hoy en día se conocen sus graves consecuencias, viene aumentando en un contexto de profundas desigualdades sociales y modelos de negocio inescrupulosos.
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A pesar de los rápidos cambios que está viviendo el mundo en la actualidad, todavía conserva algunas prácticas del pasado, en muchos casos motivadas por el afán de una mayor rentabilidad sin importar que el costo social sea muy alto. El trabajo infantil es una de ellas.

Este 12 de junio, como los anteriores, el mundo celebró el Día Internacional contra el Trabajo Infantil, cuyo propósito inicial es abolir la vinculación de niños y niñas en todos los continentes del mundo.


De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) “El Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que celebramos el 12 de junio, tiene como objetivo servir de catalizador para el movimiento mundial contra el trabajo infantil. Haciendo hincapié en el vínculo entre justicia social y trabajo infantil, el lema del Día Mundial en 2023 es ‘Justicia social para todos. Poner fin al trabajo infantil’”, detalla la entidad.

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La realidad, sin embargo, muestra que este problema, lejos de disminuir, viene aumentando. Desde el año 2000 y hasta el 2016, el mundo redujo en 94 millones el número de niños y niñas que hacían cualquier actividad de trabajo infantil. Pero desde ese año, y hasta el 2020, la tendencia se revirtió. Ese año,  las cifras de la Unicef indicaban que había 151,6 millones de menores trabajando en el mundo, mientras que en 2016 había 151,6 millones. 

Este aumento se explica por las enormes desigualdades sociales que marcan la economía mundial y al interior de los países, con sus duros contrastes, en los que modelos de negocio y empresas que muchas veces miran hacia otro lado cuando se trata de perseguir mayores márgenes de ganancia se aprovechan de la situación de pobreza y pobreza extrema que enfrentan millones. 

Las estadísticas muestran que el trabajo infantil está en muchos sectores económicos, si no en todos. Sin embargo, es especialmente prevalente en la agricultura, la industria manufacturera, la extracción minera y la pornografía.


Según datos del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (U. S. Department of Labor), a nivel global hay 75 productos del sector de la agricultura que recurren al trabajo infantil y 30 productos en los que hay trabajo forzoso.

En la industria de la manufactura, 37 productos son fabricados con trabajo infantil y 21 con trabajo forzoso o esclavitud; en la extracción minera 31 productos vienen de trabajo infantil y 12 con trabajo forzoso, y en la pornografía un producto se hace con trabajo infantil y uno con trabajo forzoso.

Oro, caña de azúcar, café, tabaco y algodón, entre los principales productos hechos con trabajo infantil

Los datos del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos revelan también el número de países con trabajo infantil en los sectores productivos señalados anteriormente, y revelan que el mundo reune a más niños en torno a trabajos de la producción agrícola. 

Así, en caña de azúcar la práctica está presente en 18 países; en café y en tabaco son 17 países; para el caso del algodón la cifra es de 15; en arroz son 12; en pescado 11 y en cacao 7 países tienen trabajo infantil. 

En el caso de la extracción minera, en 24 países emplean el trabajo infantil para la producción de oro y 18 para la de ladrillos. En la industria manufacturera, son 9 países que emplean mano de obra infantil para la  producción de prendas de vestir. En pornografía, hay una alarmante cifra de 7 países que explotan a niños y niñas en la industria.

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Las cifras del trabajo infantil están subestimadas

Los datos de Unicef sobre el número de niños y niñas, entre 5 y 17 años, que realizaban trabajo infantil en 2020 muestran que en Europa y América del Norte es donde un menor porcentaje de esta población trabaja, mientras que África Subsahariana es donde un mayor porcentaje lo hace. Estas son las cifras:


  • Europa y América del Norte: había 3,8 millones (2,3% del total de niños en la región).
  • América Latina y el Caribe: 8,2 millones (6% del total de niños en la región).
  • África septentrional y Asia Occidental: 10,1 millones (7,8% del total de niños en la región).
  • Asia oriental y Suroriental: 24,3 millones (6,2% del total de niños en la región).
  • Asia central y Meridional: 26,3 millones (5,5% del total de niños en la región).
  • África Subsahariana: 86,6 millones (23,9% del total de niños en la región, es decir, más de 1 de cada 5).

En total son alrededor de 160 millones de niños y niñas que ejercen el trabajo infantil en todo el mundo, según los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef por sus siglas en inglés) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

Sin embargo, y a pesar de los alarmantes que pueden parecer los datos oficiales, el mundo todavía no está contando cuántos niños y niñas están realmente por fuera del sistema educativo por cuenta del trabajo infantil, explica Fernando Morales-de la Cruz, activista contra el trabajo infantil, para el diario de información español 20 minutos

Morales-de la Cruz estima que en la Unión Europea puede haber cerca de un millón de niños en trabajo infantil. En solo España hay un aproximado de 200 mil niños y niñas trabajando y en Italia 300 mil, según los datos de la ministra de Trabajo de Italia, Elvira Calderone. 

Por su parte, en India la cifra estaría por el orden de los 70 millones de niños y niñas y en África entre 100 y 120 millones de niños en trabajo infantil.

“Es un problema muy serio que afecta a todos los países […]. No se puede resolver el problema sin estudiarlo primero y saber cuál es su total dimensión”, afirma Morales-de la Cruz.

Un estudio de las universidades de Zurich y Pensilvania afirma que la cifra mundial podría aumentar hasta los 375 millones, más del doble de las cifras de Unicef.

Una solución estaría en el pago justo a los productores agropecuarios

Tan aterradoras cifras podrían ser reducidas con cambios profundos tanto en los modelos de negocios de los sectores que recurren en mayor medida al trabajo infantil, como en las prácticas empresariales de muchas compañías. 


Por ejemplo, la compañía multinacional estadounidense PSSI: Food Safety and Food Plant Sanitation Experts, especializada en seguridad alimentaria y servicios de higiene, fue sancionada en febrero de este año por vincular de manera ilegal a más de 100 niños, entre 13 y 17 años, en labores peligrosas, con turnos nocturnos en ocho estados de Estados Unidos, relata el Departamento de Trabajo de ese país. La sanción fue por USD $1,5 millones.

De acuerdo con la ONU, “la experiencia de las tres últimas décadas ha demostrado que el trabajo infantil puede eliminarse si se abordan sus principales causas”. Y es que, como lo relata Fernando Morales-de la Cruz, el trabajo infantil está soportado por el consumo mundial. África, el continente con mayor número de niños y niñas explotados laboralmente, es el principal socio comercial de la Unión Europea. 

“Los países desarrollados compran fuera de sus fronteras productos fabricados con trabajo infantil que llegan a los consumidores a través de las cadenas de suministro”, explica el activista, quien argumenta que “para eliminar el trabajo infantil en la cadena de suministro de un país hace falta cambiar los modelos de negocio”. A fin de cuentas, el costo de la vinculación laboral de un niño es mucho menor que el de un adulto, con lo que las compañías logran aumentar su rentabilidad.

Ante esta situación, el activista defiende su argumento principal para reducir el número de niños que son explotados laboralmente: el pago de un precio justo a los pequeños productores, pues el 70% del trabajo infantil en el mundo se concentra en la agricultura, señala.

“Del precio que pagamos por una taza de café solo le llegan dos céntimos al productor. Solo con que le llegaran diez céntimos, acabaríamos con el hambre y la miseria. Podrían mantener su producción de una forma sostenible y sus hijos podrían ir a la escuela”, asegura Morales-de la Cruz.

Por su parte, señala que entre las medidas para abordar el trabajo infantil en el mundo está la de establecer y aplicar “un marco jurídico sólido basado en las Normas Internacionales del Trabajo y el diálogo social, la provisión de acceso universal a una educación de buena calidad y a la protección social, así como medidas directas para aliviar la pobreza, la desigualdad y la inseguridad económica, y promover el trabajo decente para los trabajadores adultos”.

Hasta el momento, y tras veintitrés años del siglo XXI, el mundo todavía está en deuda con más de 300 millones de niños y niñas fabricantes de los bienes que consume la población global, una situación que supera a los gobiernos, quienes no han podido tomar medidas efectivas para garantizar educación a toda la población desde sus primeros años de vida y cambios profundos en las prácticas laborales de los sectores que actualmente emplean a los niños más desprotegidos en el mundo.


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