sábado, 9 de mayo de 2026
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Un domingo del año

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

En el calendario el mes de mayo es uno de los preferidos para los comerciantes gracias al Día de la Madre. Una fecha que se presenta como la gran oportunidad para festejar a las mujeres que tienen hijos. La variedad de productos que se promueven es inmensa gracias a los cientos de estudios de marketing que han logrado segmentar a este amplio grupo. La madre ejecutiva, la madre deportista, la madre intelectual, la madre ama de casa, la madre tecnológica…para cada una de ellas hay algo. 

Los mensajes que acompañan la promoción de los productos para el Día de la Madre están encaminados a destacar las características intrínsecas que conlleva la condición de madre: sacrificio, bondad, entrega, desprendimiento. Porque una madre es todo eso y mucho más, un ser normal que en el momento en que tiene un hijo se convierte en un ícono sagrado, en un ser puro y, al mismo tiempo, en alguien que debe dejar de lado sus propias necesidades e intereses para ponerlos al servicio de sus hijos y su hogar. 

En el Día de la Madre las mujeres no deben cocinar, ni hacer oficios domésticos. Es un domingo especial, un domingo de mayo, del mes de la virgen, un domingo al año para ser atendida, festejada y reconocida. Un domingo en el que recibe, según el target en el que la madre se ubique, una olla, un libro o un perfume. Un domingo en el cual su única tarea debe ser hacer la interminable fila en un restaurante para poder sentarse en una mesa, que no tuvo que servir, a compartir con su familia.

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Durante mucho tiempo los medios destacaron algo que puede resultar infrecuente en otros países: el Día de la Madre se volvió tradicionalmente uno de los más violentos del año. Difícil que, en un país como Colombia, una fecha conmemorativa logre conseguir un puesto tan alto en el escalafón de nuestros tantos dolores, pero así fue y así sigue siendo en muchos lugares. La ofensa a la sacrosanta madre, las disputas familiares, la injuria contra la madre muerta pueden desatar las peores reacciones. 

Y en medio de esta fiesta de regalos y frases poéticas que por un día nos recuerda que no hay nadie como la forjadora de nuestros días, la más bella y la más santificada, recordamos que durante los 364 días restantes miles de madres son violentadas; miles de mujeres obligadas a parir; miles de niñas son adoctrinadas para que sigan pensando que la crianza de los hijos es responsabilidad exclusiva de las madres y que la verdadera realización de una mujer es traer hijos al mundo; miles de mujeres tienen que multiplicarse entre su trabajo fuera de la casa  y las labores domésticas que les han sido asignadas de manera determinante e inobjetable. 

Que siga la fiesta del comercio y la celebración de las madres y los regalos y los restaurantes, mientras esperamos un mundo diferente para las mujeres.

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