“Un problema grave de Colombia es la dependencia de las importaciones de tecnología”
¿Qué tan fácil es el tránsito entre la investigación académica y el sector productivo en Colombia?
Digamos que son muy pocas las empresas que realizan investigación y todavía menos las que, en vez de realizar investigación interna, deciden vincularse con la academia. Eso es apenas algo que se está impulsando en el ecosistema empresarial. Lo que creo es que, en un país como Colombia, los mercados convencionales no han contemplado el componente de desarrollo e innovación tecnológica porque requiere de grandes inversiones y no asegura las ganancias. Cualquier investigación requiere de recursos, de tecnologías complejas y de tiempo. Y a veces funcionan y a veces no.
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En Colombia este proceso de vinculación del sector productivo con la investigación ha sido muy lento. Desde hace unos años, hemos visto cada vez más vínculos entre las universidades, que son los centros de conocimiento más importantes del país, y las empresas. Y estos vínculos han adoptado dos formas: primero, a partir de alianzas entre empresas y grupos o semilleros de investigación de las universidades y, segundo, a partir de incorporación del personal universitario con alto grado de capacitación, para que lidere proyectos en las empresas. Así es como las empresas hemos ido aprovechando ese conocimiento que se gesta en el país e incorporándolo en el proceso productivo.

¿Cuáles cree que son los obstáculos que impiden que, en Colombia, la información y los conocimientos que se producen al interior de las instituciones de educación superior se transfieran al sector productivo?
El principal obstáculo, como dije, son las inversiones. Puede que no sean muy elevadas, pero sí son de alto riesgo. Nada garantiza que pueda salir al mercado el producto que se planteó en el proyecto de investigación. Mucho menos es posible garantizar que sea un producto exitoso en términos de ventas y comercialización.
De hecho, hace dos semanas, aquí en el Centro Colombiano de Tecnología (CECOLTEC), tuvimos una visita del Ministerio de Ciencia. Carlos Salazar, fundador y coordinador comercial de la empresa, señalaba que cuando nosotros apostamos por hacer ciencia e investigación en Colombia sabíamos que podría ser una “quijotada”. Decidimos apostarle a esta tarea, que en Colombia está pendiente, porque esto podría llegar a hacernos competitivos en un futuro, no sabemos muy bien si cercano o lejano. Confiamos que este es el camino para desarrollar productos que puedan resultar competitivos en el mercado.
Bueno, ya que llegamos al tema, ¿podría contarnos qué es CECOLTEC y a qué tipo de actividades se dedica?
Cecoltec es una empresa con 25 años de experiencia. Nuestros tres focos principales son la importación y comercialización de equipos tecnológicos; la prestación de servicios de análisis, pues contamos con laboratorios dotados con equipos y tecnologías de las marcas que representamos, y la prestación de servicios científicos (investigación, desarrollo, innovación, consultoría y asesoría) y soporte técnico.

¿Desde hace cuánto está operando? ¿Cómo fue su origen?
El Centro Colombiano de Tecnología (CECOLTEC) nació en 1997, como una iniciativa de Carlos Salazar. Su objetivo era comercializar equipos tecnológicos, especialmente para el sector de hidrocarburos, una actividad en la que pocos estaban invirtiendo y en la que había un cierto oligopolio de empresas. Cecoltec buscaba, entonces, apoyar a las empresas en actividades de investigación, control de calidad, desarrollo e innovación, creación de metodologías y acceso a tecnologías.
¿En dónde se producen las tecnologías que ustedes comercializan?
Nosotros trabajamos con tecnologías no convencionales, es decir, con equipos de laboratorio complejos. Todos son importados. Tenemos analizadores de partículas, que implementan técnicas de dispersión de la luz para generar resultados; microscopios electrónicos de barrido para el análisis de imágenes, que son contados en el país; y Nanosight, una de las dos máquinas que existe en Colombia para rastrear nanopartículas.
Como llevamos mucho tiempo comercializando, seguramente podríamos producir equipos de laboratorio sencillo, como los pHmetro [medidor de pH] y las buretas [recipientes para medir el volumen], pero estamos especializados en tecnología más compleja. Nuestros proyectos apuntan hacia la producción de equipos más complejos.
¿En qué proyectos de investigación está trabajando actualmente CECOLTEC?
Una de las líneas que más se ha movido —y en la que más hemos trabajado últimamente con varios aliados— es el desarrollo de sensores y biosensores con base en procesos electroquímicos. Su objetivo es desarrollar sensores que nos permitan identificar analitos —es decir, sustancias bien definidas, con el mayor estado de pureza posible—, como metales pesados y marcadores del cáncer.
Una de nuestras últimas vinculaciones es al programa Nanobiocáncer. La vinculación consiste en que una de nuestras investigadoras, que actualmente se encuentra realizando su tesis de maestría, va a desarrollar un trabajo conjunto con 17 instituciones de educación superior —ocho nacionales y nueve internacionales—. Este consiste en crear un nuevo material que permita el transporte de una molécula activa contra el cáncer colorrectal.
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En este proyecto esperamos hacer grandes contribuciones: primero, facilitar todo el equipo, los laboratorios y la infraestructura para la identificación del material; segundo, hacer posible su comercialización en unos años, ya que tenemos una buena trayectoria en el mercado y clientes potenciales; tercero, apoyar en la realización de eventos de divulgación científica, y cuarto, poner a disposición del programa Nanobiocáncer investigadores nuestros que saben cómo usar las tecnologías.

Actualmente, ¿se encuentran realizando proyectos para la producción de tecnología en el país?
Sí, justo ahora nos encontramos desarrollando prototipos de sensores y biosensores, que podrán tener diferentes usos, como dije antes, desde detección de partículas contaminantes de agua hasta marcadores de cáncer. Estamos agregándole algunas mejoras al dispositivo, de forma que pueda competir con los que ya se comercializan en el mercado. Nosotros ya hemos participado en la producción de algunos sensores, pero como colaboradores. Ahora, nuestro reto es ser productores.
¿Alguno de sus prototipos ha sido patentado?
No, por ahora no, pero ese es nuestro objetivo. La unidad de Investigación, Desarrollo e Innovación de CECOLTEC se creó hace dos años, a finales de 2019. Antes de que se hubiera formalizado, ya en CECOLTEC se desarrollaban actividades científicas, pero con la unidad de Investigación, Desarrollo e Innovación todas esas actividades se han empezado a organizar. Nuestro propósito es que todos los prototipos en los que actualmente nos encontramos trabajando sean patentados.
¿Cuáles han sido los principales retos y obstáculos de sostener una empresa de este estilo en Colombia?
Digamos que hay muchas capacidades en el sector empresarial. Todo el tiempo se crean empresas, algunas con muy poca proyección, otras con muy buena proyección y con productos que podrían ser muy exitosos en el mercado. Como empresa que se dedica a comercializar tecnología, a prestar servicios de análisis y a desarrollar actividades de investigación, el primer reto al que nos enfrentamos es la innovación. Tenemos que estar pensando todo el tiempo no solo en cuáles son las necesidades actuales del sector productivo y del mercado, sino también en las necesidades futuras.
El segundo reto tiene que ver con la financiación para el desarrollo de actividades relacionadas con la ciencia y la tecnología. Para esto, requerimos recursos extra, porque no solo tenemos que invertir en las actividades tradicionales de cualquier empresa —la producción, por ejemplo—, sino también en personal altamente calificado, maquinaria, equipos, laboratorios y muchos rubros más.
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En estos 25 años de trayecto, ¿qué tanto se han diversificado los clientes y a qué sectores productivos pertenecen?
Yo no los llamaría clientes como tal. Cuando comenzamos a hacer ciencia e investigación, ganamos muchísimos aliados para llevar a cabo proyectos muy ambiciosos y grandes en el país. Estos aliados eventualmente se han convertido muchas veces en clientes, pero otras veces no. Lo que hemos visto es que, con el paso de los años, hemos ganado una cierta reputación en el mercado nacional y nos extendemos cada vez más hacia otros sectores.
Actualmente trabajamos en proyectos de investigación con el sector cosmético, con el sector de hidrobarburos, con el sector de agroquímicos y, más recientemente, con el sector de salud, a partir del programa NanoBiocáncer. Las alianzas con las empresas de todos estos sectores se dan sobre todo en el marco de la investigación aplicada. Y, como mencioné, no son unidireccionales, es decir, no son simplemente la transferencia de conocimiento desde el sector académico hacia el productivo, sino un diálogo entre ambos. Nosotros contamos con personal altamente calificado en investigación científica y tecnológica y, por supuesto, con laboratorios y equipos que permiten la investigación.
¿Cómo pueden contribuir estas sinergias entre el sector productivo y el sector académico al desarrollo económico del país?
Definitivamente, yo soy una fiel creyente de que incorporar la investigación científica y tecnológica a la producción puede contribuir al desarrollo económico del país. ¿Por qué? Porque el panorama a nivel global es cada vez más competitivo y nosotros tenemos que empezar a crear y a producir nuevas tecnologías al interior del país.
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Con esto, estaríamos contribuyendo a solucionar uno de los grandes problemas que tenemos: la dependencia de las tecnologías importadas. Miremos no más lo que ocurrió en la pandemia. Todos los dispositivos de análisis y las vacunas vinieron de afuera. Y, cuando hay una demanda exagerada a nivel mundial, como la que ocurrió en la pandemia, pues tenemos que comprar estas tecnologías a precios altísimos y endeudarnos. De ahí la necesidad de migrar la producción nacional de las materias primas a los productos de alto valor agregado.
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