Universidades colombianas hallan filtros solares naturales en un alga roja de Santa Marta: cultivada en tanques, solo dio trazas
Son cuatro aminoácidos tipo micosporina; la shinorina es el más abundante. Hacen falta más ensayos, por ejemplo con más radiación ultravioleta, para que el alga cultivada los produzca.
Investigadores de la Universidad Nacional, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Pontificia Universidad Javeriana encontraron que un alga roja silvestre de la bahía de Santa Marta guarda moléculas que absorben la radiación ultravioleta. La misma especie, cultivada en tanques, casi no las produjo.
Son aminoácidos tipo micosporina (MAA, por su sigla en inglés), que interesan como filtros solares naturales para cosméticos. El trabajo salió el 6 de abril de 2026 en un artículo de la revista Results in Chemistry y lo divulgó el 13 de octubre un reportaje de Pesquisa Javeriana, la revista de divulgación de la Javeriana. Es un hallazgo de laboratorio, todavía lejos de un bloqueador.
¿Qué encontraron en el alga de Santa Marta?
Encontraron cuatro MAA principales: shinorina, palitina, asterina-330 y porfira-334, en ese orden de abundancia. La Hypnea musciformis silvestre alcanzó 6,22 miligramos por gramo de peso seco, es decir, del alga sin agua, y tuvo el mayor contenido total del estudio.
El equipo comparó cinco especies silvestres del género Hypnea con ejemplares cultivados de Hypnea musciformis y analizó los extractos mediante cromatografía líquida de ultra alta resolución y espectrometría de masas. La Hypnea musciformis silvestre se recogió en playas de la bahía de Santa Marta cercanas al aeropuerto.
Hypnea cf. caraibica superó 2 miligramos por gramo, mientras Hypnea valentiae presentó trazas. En Hypnea cervicornis y Hypnea spinella no se detectaron estas moléculas.
¿Sirve como protector solar?
Todavía no. El estudio identificó y midió moléculas en extractos de algas. No formuló un protector solar, no midió el factor de protección de un producto ni hizo pruebas en piel humana.
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El artículo de Angulo-Nuñez y otros en la Revista Brasileira de Farmacognosia, publicado en línea el 21 de junio de 2025, estudió otra especie y otro extracto. Laurencia obtusa alcanzó un factor de protección solar in vitro de 23,14 a una concentración de 20 miligramos por mililitro.
Ese resultado de laboratorio no corresponde a Hypnea musciformis ni equivale al desempeño de un bloqueador comercial. La presencia de estos aminoácidos no garantiza protección frente a la radiación ultravioleta A, y la poca biomasa disponible impide considerar por ahora esas algas como una fuente sostenible.
¿Por qué el alga cultivada no los produce?
No se sabe todavía. El ensayo, exploratorio, se hizo en el Laboratorio de Acuicultura de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Santa Marta, con nitrato de sodio entre 5 y 25 milimolar y luz blanca y azul de distintas intensidades. Los autores piden más pruebas para saber si una mayor exposición a la radiación ultravioleta aumenta la producción.
Cultivar la especie no es nuevo, según un trabajo sobre el cultivo de Hypnea musciformis publicado en 2012 por el Boletín de Investigaciones Marinas y Costeras del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). Entre febrero y junio de 2006 ya se había cultivado en el mar, en Taganga y Puerto Luz.
Aquel cultivo registró un crecimiento diario promedio de 2,66 % y un rendimiento de carragenina de 44 a 48 % del peso seco. La carragenina es un espesante utilizado en alimentos y cosméticos, no uno de los compuestos fotoprotectores analizados ahora.
¿Qué otras algas colombianas tienen estas moléculas?
El estudio sobre algas rojas recolectadas en San Andrés y La Guajira, publicado en Algal Research 86 en marzo de 2025, encontró estas moléculas en otras especies. Bryocladia cuspidata tuvo el máximo, con 15,93 miligramos por gramo de peso seco, en recolecciones hechas en marzo y julio de 2022.
En ese mismo análisis, Centroceras micracanthum y Laurencia obtusa superaron 6 miligramos por gramo. Las muestras procedían de dos zonas del Caribe colombiano con índice ultravioleta alto.
El siguiente paso planteado por el investigador Leonardo Castellanos es llevar los cultivos a una escala mayor, una meta que dependerá de encontrar condiciones capaces de estimular la producción de estas moléculas.