Temporalmente fuera de servicio
Marta Isabel González
Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.
En la mayoría de mis columnas escribo tanto para ustedes como para mí porque intento dar pautas que nos hagan más fácil la vida de emprendedores, pero en esta el consejo va para ustedes porque de la pauta que les voy a dar hoy sí puedo jactarme de aplicarla tanto como me es posible. No porque haya nacido con la capacidad de aplicarla, sino porque viví muchos años sin aplicarla y aprendí que así no se puede vivir.
Todos los que somos o los que alguna vez fueron emprendedores saben que el día a día puede resumirse en la palabra “locura”. Todos los días aparecen retos nuevos para los que no tenemos un manual y, a pesar del amor que podamos tener por lo que hacemos, el estrés y el corre corre le pasan factura al cuerpo.
Aunque a veces lo pospongamos (porque sé que no es fácil) o se nos olvide, es simple cuestión de lógica que a veces –y ojalá con cierta regularidad– tenemos que descansar. No es opcional; tenemos que hacerlo y sé que hablo desde el privilegio que muchos no tienen, pero creo que con orden y planeación es posible por lo menos descansar un día a la semana. Si definitivamente no es posible, entonces un día cada quince o un día al mes, o un día no sé cada cuánto, pero el descanso tiene que hacer parte del cronograma de un emprendedor. Si no lo incluimos vamos a terminar bajando nuestra capacidad de producción, volviéndonos malhumorados, afectando también a nuestro equipo de trabajo si es que lo tenemos, enfermándonos y finalmente detestando lo que un día soñamos construir.
No nos sintamos culpables por darnos lo que yo llamo un día de inutilidad. Ese día de no servir para nada más que ver Netflix y, en la medida de lo posible, alimentarse, es al mismo tiempo un premio por el trabajo que hemos hecho y una recarga de energía para el trabajo que tenemos que hacer. Ojalá pudiéramos apagar el celular, no mirar absolutamente nada relacionado con el trabajo y darnos el lujo, como lo hace cualquier máquina, de estar temporalmente fuera de servicio.