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sábado, 27 de diciembre de 2025
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Atacama: ciencia y literatura

Guillermo Guevara Pardo, Columnista, Guillermo Guevara

Guillermo Guevara Pardo

Licenciado en Ciencias de la Educación (especialidad biología) de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, odontólogo de la Universidad Nacional de Colombia y divulgador científico.

En enero de este año estuve en la ciudad chilena de Antofagasta en el desierto de Atacama, una de las regiones más áridas del planeta, situada al norte del largo país austral.

Por esos días arribó al puerto antofagastino el buque que trajo desde Europa los 18 primeros segmentos del espejo principal del Telescopio Extremadamente Grande (ELT, por sus siglas en inglés de Extremely Large Telescope) que empezará a funcionar a finales de 2028; se emplazará en Cerro Armazones a 3.000 metros sobre el nivel del mar y se convertirá en el ojo más grande del mundo para escudriñar el cosmos. 


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El telescopio tendrá un espejo con un diámetro de 39 metros formado por 798 segmentos hexagonales, superando al más grande telescopio óptico de la actualidad que tiene 8 metros de diámetro y está situado en las Islas Canarias, en España.

El ELT colectará más luz que toda la recibida por los más grandes telescopios terrestres juntos. Los 798 espejos del telescopio serán 100 millones de veces más sensibles que la retina humana.

Con este maravilloso instrumento se investigarán las atmósferas de algunos exoplanetas buscando en ellas señales de moléculas asociadas con actividad biológica y determinar así la posibilidad de vida en otros lugares del universo. 

Además, se llevarán a cabo estudios sobre discos protoplanetarios, el papel de la energía oscura en la formación de galaxias y otros fenómenos celestes.  

Todo esto es posible, entre otras cosas, porque los cielos del desierto de Atacama, claros y secos, son los mejores del mundo para las observaciones astronómicas. Esa es la razón de por qué en Chile se encuentran los descendientes más poderosos del sencillo artilugio óptico con el que alguna vez Galileo revolucionó toda la ciencia.


El viaje a Chile no solo me permitió acceder a un aspecto del mundo de la ciencia. También tuve el honor de conversar con el escritor chileno Hernán Rivera Letelier (Talca, 1950), Premio Nacional de Literatura del año 2022, quien con Isabel Allende son los escritores vivos más importantes del país. 

En 2001 Rivera Letelier fue nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura de Francia y su obra literaria ha sido traducida a varios idiomas.  

Antes de ser escritor, trabajó durante muchos años como obrero en las salitreras pampinas del desierto atacameño. Esa experiencia se refleja magistralmente en sus distintas obras donde retrata con poética fidelidad la vida dura de los trabajadores de las minas, sus luchas contra la inclemente expoliación del trabajo, sus amores, odios, pasiones, dramas, todo ocurriendo en el inmenso y caluroso espacio geográfico salitrero del desierto. 

Sin caer en el facilismo panfletario Rivera Letelier denuncia en Santa María de las flores negras la matanza de más de tres mil personas (hombres, mujeres y niños) ocurrida en Iquique en 1909, matanza como la de las Bananeras en Colombia y ambas ejecutadas en defensa de los intereses económicos y políticos del imperio estadounidense. Una obra para “contar aquello que la historia no quiere recordar”.

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De las propias manos del prestigioso escritor chileno recibí su ópera prima de 1994: La Reina Isabel cantaba rancheras, obra que lo lanzó al firmamento literario de Chile y del mundo. La novela fue puesta en escena en 2023 por la Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta y, según me comentó, recientemente llevada al cine esperándose su estreno en los teatros de Antofagasta.

El viaje al desierto me permitió acercarme a dos mundos, el de la ciencia y el de la literatura. Para lograrlo, debo un agradecimiento muy especial a mi hijo (Guillermo Andrés), mi nuera (Adriana Tapia) ambos catedráticos de la Universidad Católica del Norte, a mi nieta (Fernanda Sofía) y demás miembros de la familia Tapia Barraza.

Contemplé un pedazo de la brillante Vía Láctea y conocí una reina que fue la soberana total de las noches del desierto atacameño.