Captura de Nicolás Maduro: lo que significa el ataque de EE. UU. que sacude a Colombia
La captura de Nicolás Maduro, anunciada por Estados Unidos, no es un episodio más en la larga crisis venezolana. Es un hecho de alto impacto geopolítico que rompe reglas, reconfigura alianzas y coloca a Colombia en una posición delicada.
Más allá del golpe militar y del discurso de victoria en Washington, el ataque que terminó con la captura del mandatario venezolano abre un escenario de incertidumbre regional con consecuencias inmediatas para la frontera, la migración y la estabilidad política en América Latina.
¿Qué se sabe de la captura de Nicolás Maduro y del ataque de EE. UU.?
La captura de Nicolás Maduro fue anunciada directamente por el presidente Donald Trump, quien aseguró que fuerzas estadounidenses ejecutaron un ataque “a gran escala” contra objetivos estratégicos en Venezuela y trasladaron al mandatario fuera del país, rumbo a Nueva York.
Según Washington, Maduro y su esposa enfrentarán cargos en tribunales estadounidenses. La operación incluyó ataques a instalaciones militares y logísticas en Caracas y otras zonas, con explosiones, cortes de energía y un despliegue aéreo inusual.
Desde Caracas, el voceros del gobierno denunciaron la acción militar, evitaron confirmar el paradero del Presidente y decretaron estado de conmoción interior, mientras exigían pruebas de vida del jefe de Estado.

Un precedente que rompe el derecho internacional
Uno de los elementos más preocupantes de la captura de Nicolás Maduro es el precedente que sienta. Más allá de las múltiples acusaciones que pesan sobre Maduro, no fue una extradición ni un procedimiento judicial convencional, sino una acción militar en territorio soberano.
Varios gobiernos y analistas advirtieron que este tipo de operaciones vulneran principios básicos del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas. El debate dejó de ser solo quién es Maduro o qué delitos se le imputan, y pasó a ser hasta dónde puede llegar una potencia para imponer un cambio político por la fuerza.
La advertencia de Julio Londoño: “una acción que el mundo creía descartada”
Para el excanciller colombiano, Julio Londoño Paredes, la captura de Nicolás Maduro representa un punto de quiebre histórico. En entrevistas radiales, Londoño señaló que se trata de una acción militar que la comunidad internacional creía superada, comparable solo con episodios como la invasión de Estados Unidos a Panamá en 1989.
Londoño subrayó que el operativo tomó por sorpresa incluso a los propios venezolanos y advirtió que el problema no se reduce a la figura de Maduro. Según explicó, existe una estructura de poder político y militar que permanece activa y que puede reaccionar con fuerza, lo que aumenta el riesgo de violencia interna.
El excanciller también alertó sobre los efectos para Colombia. Anticipó un posible incremento de la migración venezolana, especialmente de sectores ligados al chavismo que teman represalias, y fue enfático en que el Estado colombiano debe evitar cualquier vínculo operativo con la acción militar. “Colombia debe tomar todas las medidas para que ninguna operación se realice desde su territorio”, advirtió.

Por qué la captura de Nicolás Maduro sacude directamente a Colombia
Colombia no es un espectador distante de la captura de Nicolás Maduro, por varias razones.
Primero, por la frontera colombo-venezolana, una de las más extensas y porosas del continente. Cualquier escalada militar o crisis interna en Venezuela tendrá un impacto inmediato del lado colombiano.
Segundo, por el factor migración. Un vacío de poder o una respuesta violenta del régimen puede detonar una nueva ola migratoria hacia Colombia, que ya enfrenta límites fiscales, sociales y humanitarios.
Tercero, por la seguridad. El reacomodo del poder en Venezuela puede alterar dinámicas de grupos armados, economías ilegales y control territorial en zonas de frontera.
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La reacción del Gobierno colombiano
El presidente Gustavo Petro expresó preocupación por la escalada militar, pidió respeto al derecho internacional y ordenó medidas de seguridad en la frontera.
El Gobierno activó canales diplomáticos, reforzó la presencia estatal en zonas limítrofes y advirtió sobre posibles impactos humanitarios. La captura de Nicolás Maduro coloca a Bogotá en una línea fina: rechazar la intervención armada sin legitimar al régimen venezolano y proteger su estabilidad interna sin romper equilibrios internacionales.
Reacciones internacionales: celebración, condena y alarma global
La captura de Nicolás Maduro provocó una fractura clara en la comunidad internacional. En un extremo, el presidente argentino Javier Milei celebró la operación y habló de un triunfo de la libertad. En el otro, gobiernos como Cuba, Rusia e Irán condenaron el ataque como una agresión ilegal y exigieron una reacción internacional.
Países como Brasil y Chile advirtieron que la acción estadounidense cruza una línea peligrosa y revive los peores episodios de intervención en América Latina. Desde Europa, España llamó a la desescalada y ofreció llevar a cabo una labor de mediación.
El tema llegó al Consejo de Seguridad de la ONU, donde varios países pidieron una sesión urgente, aunque con la certeza de que el margen de acción es limitado por el derecho a veto de Estados Unidos.
¿Qué puede venir ahora en Venezuela?
La captura de Nicolás Maduro no garantiza per se estabilidad ni transición democrática. Por el contrario, abre escenarios complejos:
- Disputas internas dentro del chavismo por el control del poder.
- Mayor represión para sostener el régimen sin su figura central.
- Negociaciones forzadas bajo presión internacional.
- Nuevos episodios de violencia o sabotaje como respuesta al ataque.
La experiencia internacional muestra que el “día después” suele ser más incierto que el golpe inicial.
Un golpe que reconfigura el tablero regional
La captura de Nicolás Maduro marca un antes y un después en la política regional. Estados Unidos mostró que está dispuesto a cruzar líneas que durante décadas se consideraron intocables.
Para Colombia, el desafío es inmediato: contener los efectos colaterales, evitar que la crisis se desborde hacia su territorio y sostener una posición diplomática que priorice la paz regional. En un escenario donde la fuerza vuelve a imponerse sobre la diplomacia, las consecuencias no se quedan en Caracas: ya se sienten, y seguramente se sentirán más, del lado colombiano de la frontera.
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