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lunes, 16 de febrero de 2026
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El caucho natural en jaque: El salario mínimo y los retos en el agro

Fernando García Rubio, columnista, Director ejecutivo de Confecaucho y Cenicaucho, Más Colombia

Fernando García Rubio

Director ejecutivo de Confecaucho y Cenicaucho.

El aumento del salario mínimo en Colombia es, por definición, un acto de justicia social en un país con brechas históricas y poca equidad entre los diversos sectores. Las opiniones están divididas entre lo popular de la medida y la justicia de la misma, sin embargo, cuando esta medida aterriza en los surcos del sector agropecuario, la teoría económica se choca de frente con una realidad de tierra, botas y machete.

Para el agro y en especial para el subsector de caucho natural en Colombia, el aumento de salario mínimo superior al 23% no es solo un ajuste contable; es un desafío que pone a prueba la viabilidad de nuestro sistema productivo que incluye horas extras y nocturnas día por día.


Si de entrada es cada vez más difícil conseguir mano de obra en el campo colombiano, se suma a esta nueva normalidad y a la competencia de los sistemas productivos, un precio del oro por las nubes, un conflicto armado que parece imparable y unos cultivos ilícitos que parece han vuelto a tomar un nuevo aire en varias regiones.

En este camino, surgen entonces grandes retos para el productor de caucho natural ya sea pequeño, mediano y grande (que, para el caso de Colombia, todos son pequeños con respecto al resto del mundo).

El primer gran reto es la formalización del trabajo. La informalidad laboral en caucho natural y en el campo en general, supera con creces la media nacional y se hace cada vez más difícil encontrar mano de obra ya sea básica y especializada.

Muchos pequeños productores, afectados por el aumento de costos, podrían verse volcados a desplazarse hacia la ausencia de mano de obra para evitar sobrecostos que no pueden trasladar al precio final de sus productos y así el riesgo es claro: que el aumento de los salarios termine por superar la línea base rentable del ejercicio productivo actual empujando a muchos hacia el abandono del sistema productivo.

Por otro lado, el productor de caucho natural a diferencia de otros, no controla el precio de lo que vende; este lo dictan bolsas de valores de otro hemisferio y la tasa de cambio actual. Con insumos (fertilizantes y semillas) que fluctúan según el dólar y una mano de obra que representa entre el 40% y el 50% de los costos de producción en cultivos intensivos como el caucho natural y el café, el margen de ganancia se reduce a niveles críticos.


El reto más complejo pero el que generaría una solución efectiva ante esta situación es el mejoramiento de la productividad, pero esto requiere de acompañamiento técnico, estrategias de apoyo y la posibilidad de tecnificación de la producción.

Hoy celebramos la entrega de predios en todo el territorio nacional y claro que es una estrategia loable, pero entonces en este nuevo escenario la pregunta que surge es: ¿Como van a hacer esos campesinos que reciben sus predios para volverlos productivos y rentables?  ¿Son la seguridad alimentaria sistemas productivos rentables y sostenibles? 

Este texto no trata de oponerse al bienestar del trabajador rural —quien merece, más que nadie, una vida digna. Se trata de proponer que este tipo de medidas como el aumento del salario mínimo y la entrega de tierras debe ir acompañadas de alternativas que los complementen y eviten más fracturas en la rentabilidad del agro colombiano y el abandono de las actividades rurales por otro motivo más de los que ya se han nombrado.

El caucho natural no se aprovecha con maquinaria sino con mano de obra que en la mayoría de los casos comienza su labor entre las 2:00 y las 5:00 am y se colecta hasta el mediodía. Esta labor, técnica y exigente, representa cerca del 60% de los costos de producción. Un aumento del salario mínimo sin un incremento correlativo en la productividad y un precio internacional tan volátil, reduce el margen de maniobra del productor a niveles de subsistencia o, peor aún, de pérdida operativa.

Al final, el reciente ajuste del salario mínimo en Colombia (que ha sido suspendido provisionalmente por el Consejo de Estado), pone sobre la mesa una tensión estructural que el sector cauchero siente con especial rigor.

A diferencia de otros sectores que pueden ajustar sus precios de venta según la inflación local, el productor de caucho natural es un tomador de precios externos a él: su sustento depende de lo que dicte la Bolsa de Singapur y Malasia, mientras que sus costos de operación se rigen por las leyes que se redactan desde la casa de Nariño en Bogotá.

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