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viernes, 9 de enero de 2026
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Colombia puede hacer crecer su economía con biocombustibles: promesa de la transformación energética

Los biocombustibles presentan una oportunidad para fortalecer la producción nacional con miras al sector externo en un contexto marcado por el cambio climático y la necesidad de una transición energética hacia fuentes renovables.
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Actualmente, la guerra en Europa, la transición energética y la recuperación de la economía impulsan el crecimiento de la producción de biocombustibles. 

En 2022, los biocombustibles sustituyeron a más de 20 mil barriles diarios de combustibles fósiles consumidos en el país, irrigaron recursos al sector rural y generaron más de 90 mil empleos, según Fedebiocombustibles.

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En su producción, nuestro país fabrica bioetanol a partir de la caña de azúcar y biodiésel a partir de aceite de palma y en 2022 este sector cerró con cifras positivas como lo señaló en su más reciente informe el presidente de la Federación de Biocombustibles de Colombia, Jorge Bendeck.

Ese año, Colombia consumió 207 mil metros cúbicos de biodiésel de aceite de palma, principalmente en las actividades de transporte de carga, mercancías y pasajeros. Así mismo, el consumo de de alcohol carburante fue de 394 mil metros cúbicos, de los cuales 360 mil metros cúbicos fueron de etanol de caña de azúcar producidos por 6 ingenios: Mayagüez, Providencia, Incauca, Manuelita, Risaralda y Riopaila.

El mercado mundial de biocombustibles no para de crecer

De acuerdo con el Atlas de los biocombustibles líquidos del Instituto Interamericano De Cooperación para la Agricultura (IICA), la producción de bioetanol y biodiésel creció 928% entre 2000 y 2019 en el mundo.

Este impulso se produjo gracias a que los biocombustibles facilitan una movilidad sin grandes cambios técnicos hacia alternativas más limpias, al tiempo que impactan la mayor parte de las cadenas de valor de la economía por medio de los servicios de transporte o energía.

La producción se concentra en pocos actores

Como lo muestra el Atlas del IICA, desde el 2010 el sector de biocombustibles a nivel mundial creció un 53%, explicado por un crecimiento del 31% de bioetanol y de 140% de biodiésel. En 2019, antes de la pandemia, la producción mundial de biocombustibles alcanzó los 163 millones de metros cúbicos: la de biodiésel 50 millones de metros cúbicos y la de bioetanol los restantes 113 millones de metros cúbicos.

Tres cuartas partes del mercado de biocombustibles están dominadas por Estados Unidos (40%), Brasil (23%), Indonesia (5%), China (3%) y Alemania (3%). El restante lo comparten Francia, Argentina, Tailandia, India y España y una larga lista de países que crece cada vez más.

La producción y consumo de bioetanol se concentra en Estados Unidos y Brasil, países que aportan un 53% y 28% de la producción y un 48% y 27% de la demanda, respectivamente.

El sector de los biocombustibles tiene potencial exportador

Otro elemento que revela el informe del IICA es que el comercio exterior apenas alcanza una quinta parte del consumo de biocombustibles, por lo que son productos enfocados al mercado interno en la mayoría de los países.

Por ejemplo, en el biodiésel las exportaciones mundiales representan cerca del 20% del consumo mundial, aproximadamente 9,5 millones de metros cúbicos. El comercio exterior de bioetanol representa el 12% del consumo mundial con cerca de 12 millones de metros cúbicos.

La mayor parte del comercio se da en la Unión Europea gracias al comercio intrarregional. Sin embargo, la lista de protagonistas la lideran Estados Unidos, Brasil, Malasia, Indonesia, Singapur, Argentina, Perú y Canadá.

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Colombia en el consumo de materias primas

Por otra parte, también ha incidido positivamente el uso de nuevas materias primas en la producción de biocombustibles gracias al desarrollo de procesos productivos como FAME (Fatty Acid Methyl Ester) o HVO (Hydrotreated Vegetable Oil). Al aceite de palma, de soja y de colza se agregaron insumos como el aceite vegetal usado, las grasas animales, los aceites vegetales vírgenes o los hidrotratados.

Las cifras del IICA revelan que la mayor parte de la producción, el 66%, tiene como materia prima el maíz. En 2019 se emplearon más de 170 millones de toneladas de maíz (el 16% de la cosecha) en países como Estados Unidos o Canadá.

Con un 23% del total, la caña de azúcar fue la segunda materia prima más utilizada en la producción de biocombustibles: 370 millones de toneladas, el 18% de la cosecha, se dedicaron a la producción de bioetanol en países como Brasil, Paraguay y Colombia.

Argentina y la Unión Europea se registran como consumidores importantes en ambas materias primas para la producción de bioetanol.

En el caso del biodiésel, el 29% de la producción mundial se hace con aceite de palma procedente de países como Colombia, Indonesia y Tailandia; el 25% con aceite de soja, utilizado principalmente por Estados Unidos, Argentina, Brasil y Paraguay; y el 17% con aceite de colza, usado ampliamente en la Unión Europea.

Las nuevas regulaciones impulsan la demanda

Hasta 2020 el IICA registró 53 países con obligaciones de uso de bioetanol mediante tres tipos de mecanismos: el mandato de mezcla obligatoria de bioetanol con gasolinas y de biodiésel con diésel fósil, mandatos generales de mezcla de biocombustibles con combustibles fósiles y metas de reducción de gases de efecto invernadero (GEI).

Brasil, Paraguay y Argentina lideran en estándares de mezclas volumétricas. Con políticas de “mezclas generales” destacan los casos de Finlandia y Países Bajos por los niveles de mezcla exigidos: del 18% y 12,5%, respectivamente; así como las nuevas regulaciones de China en materia de transición energética.

En el caso del biodiésel, el Atlas informa que son por lo menos 43 países con modalidades como las mencionadas anteriormente. Indonesia, Brasil, Argentina, Colombia y Malasia sobresalen en la lista por las cantidades volumétricas exigidas.

Es momento de aprovechar la ola

Impulsar este sector en Colombia es estratégico. No solo por las tendencias internacionales y las ventajas comparativas con las que cuenta el país en el caso del etanol y el diésel. La mezcla con combustibles fósiles permite sustituir su importación y reducir el impacto fiscal del Fondo de Estabilización de Precios.

Es necesario que el nuevo gobierno incluya en su propuesta de transición, como principios, el aseguramiento de la soberanía y la seguridad energética, para las cuales los biocombustibles juegan un papel protagónico en el corto y mediano plazo.

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