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Cómo van los números de la industria petrolera

La industria de mayor productividad laboral mantiene grandes desafíos en el suministro, en medio de un ambiente con demanda creciente, aumento de precios y Crisis Pandémica.

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Al cierre de 2021, las cifras de la industria petrolera colombiana dieron señales de un cambio de tendencia en el ciclo de producción, luego de que viniera cayendo desde 2014. Esta situación, sumada a los mejores precios internacionales y la devaluación, va a impactar a las finanzas públicas, especialmente por las transferencias de Ecopetrol al gobierno nacional y por los ingresos obtenidos con las exportaciones. 

Sin embargo, el impacto del sector petrolero no se limita al frente fiscal y externo. A continuación, se revisan los números de la cadena de valor petrolera desde la perspectiva de las manufacturas y las tendencias de la producción nacional.

La petrolera es la industria de mayor productividad laboral en Colombia

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Según la Encuesta Anual Manufacturera (EAM-DANE, 2020), la producción bruta industrial sumó $252,2 billones a 2020, un decrecimiento de -7,9% frente a 2019. En Colombia los tres renglones industriales de mayor peso son: 1. Alimentos ($76,5 billones), 2. Refinación de petróleo y mezcla de combustibles ($40,6 billones) y 3. Sustancias y productos químicos ($30,6 billones).

La refinación de petróleo aportó el 16% de la producción bruta total, renglón que además es de lejos el de mayor productividad por trabajador ‒$6.877 millones anuales‒, con números  muy superiores a los de la industria de bebidas y a los de la metalurgia, que le siguen en el ranking. En 2020, de los $21,7 billones de caída en la producción industrial total, 72,68% provino de la baja en la refinación petrolera.

Fuente: cálculos propios con base en cifras de EAM-DANE.

Para el DANE (2020), la refinación es una actividad “clave” porque “la demanda por bienes intermedios se propaga a más sectores” y la oferta beneficia a más sectores. En otras palabras, la refinación de petróleo requiere crudo “para su producción, y a su vez, es demandado por actividades como el transporte”, la fabricación de productos de caucho y plástico, la fabricación de textiles, etc. 

No obstante, los encadenamientos productivos de la cadena de valor petrolera son inferiores a los de otras manufacturas. De acuerdo con la UPME (2014, pp. 33 y 34), los multiplicadores de consumo intermedio (bienes y servicios diferentes a los bienes de capital necesarios para producir mercancías) de la producción de petróleo indican que, por cada peso de consumo en el sector, la economía genera $1,52. En la refinación el multiplicador es de $1,99. El petróleo, el gas y la refinación generan efectos multiplicadores en la economía “de menor magnitud que los generados por otros sectores”, como el café, el carbón mineral y los tejidos de algodón y fibras naturales.

La oferta de petróleo sigue limitada

Los niveles de producción en la cadena petrolera están determinados por la inversión y los precios, que se mueven de acuerdo con el ciclo global del capital (Suárez y Fernández, en Saqueo, 2021, pp. 482-490). Producto de la caída en los precios internacionales del crudo, el gasto mundial de capital en exploración y explotación de petróleo y gas se ha recortado a la mitad del observado en 2014 (De US$780 mil millones en 2014 a aproximadamente US$350 mil millones en 2020). 

Para 2021, se proyecta el mantenimiento de la tendencia (IEA, diciembre 2021, pp. 52-56) a pesar del repunte del precio internacional, debido a que las compañías han aprovechado la situación de mejores ingresos para recuperar las pérdidas por la Pandemia y las acumuladas desde 2014, en vez de reactivar los niveles de inversión.

Colombia, por el tamaño de su producción y el nivel de reservas, es un país seguidor de las tendencias mundiales del mercado petrolero. En nuestro territorio también se redujeron los niveles de inversión de la industria, lo que afectó la oferta nacional de crudo. Desde 2014, la inversión en exploración y producción ha mantenido una tendencia decreciente, aunque en 2021 hubo una leve recuperación (ACP, enero 2022).

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Desde octubre de 2020, ha crecido el número de los taladros activos y contratados en la industria (Campetrol, noviembre 2021, pp. 40-46), pero los pozos exploratorios y de desarrollo, así como la sísmica, son una fracción de lo contratado en 2014 (ANH). Entre 2014 y 2021, la producción cayó en -29,36%, y en 2020 y 2021 bajó en -11,82% y -5,71%, respectivamente (ver gráfica). Entre los taladros y los niveles de producción existe una fuerte correlación. En Venezuela, por ejemplo, la destorcida de la producción ha estado precedida de un movimiento de igual magnitud y dirección en la contratación de taladros (Hernández, 2021).

¿Para dónde vamos?

La caída de la producción petrolera completa 6 años en Colombia, explicada principalmente por el ciclo global de contracción de precios y de movimiento de capital hacia el sector. La tendencia negativa del ciclo se profundizó entre 2020 y 2021, primero por la caída de los precios —que en el caso del crudo de referencia WTI llegó al terreno negativo—, y después porque durante el Paro Nacional hubo problemas en la salida de la producción desde los campos petrolíferos hacia la industria de refinación y desde la refinerías hacia la red nacional de distribución de combustibles. También se afectó el ingreso de maquinaria a los campos petrolíferos. Sin embargo, hacia el último trimestre del 2021, los números de la industria, en materia de contratación de taladros y recuperación de la producción de crudo indican un cambio de tendencia hacia la recuperación.

La industria les ha sacado jugo a los mejores precios de 2021 y 2022, primero, para recuperar pérdidas y generarles valor a los propietarios y, segundo, para ampliar las inversiones y elevar la producción. Aunque aún existe incertidumbre por la evolución de la Crisis Pandémica y la transición energética. 


Se espera que la inversión global y nacional siga aumentando con una demanda global por combustibles y otros derivados disparada ‒como sucede en Colombia (MinEnergia, 2022 pp. 17)‒, y en medio de los desafíos del suministro (Foreman, API, 2022).

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