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jueves, 22 de enero de 2026
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José Jerí, séptimo presidente en diez años: Perú en su peor crisis democrática

La crisis política y social peruana se profundizó con la llegada de José Jerí, séptimo mandatario en menos de una década. Protestas, inseguridad y un sistema institucional débil explican el ciclo de inestabilidad que sacude al Perú.
José Jerí, séptimo presidente en diez años: Perú en su peor crisis democrática crisis política en Perú

Perú vive una nueva ola de convulsión política. El pasado 10 de octubre, José Jerí asumió como presidente interino tras la destitución de Dina Boluarte, removida por el Congreso por “incapacidad moral permanente”. Su llegada, lejos de estabilizar el país, ha encendido aún más las calles: miles de manifestantes (en su mayoría jóvenes) exigen su salida inmediata.

El descontento alcanzó un punto crítico tras la muerte del rapero Eduardo Ruiz, de 32 años, baleado por un suboficial durante una protesta en Lima. Más de 100 personas resultaron heridas, lo que llevó a la suspensión del jefe policial de la capital y al anuncio de una investigación “exhaustiva”. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU pidió al gobierno “priorizar el diálogo” y usar la fuerza “solo de manera excepcional”.


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Siete presidentes en diez años: la inestabilidad como norma

El nuevo mandatario es el séptimo presidente en menos de una década, síntoma de un sistema institucional en crisis. Desde 2016, ningún jefe de Estado ha terminado su mandato. La lista incluye a Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y ahora José Jerí.

Los analistas coinciden en que la inestabilidad no solo responde a la corrupción o a la pérdida de confianza ciudadana, sino también a un “defecto de diseño” institucional. Perú tiene un Congreso unicameral, sin contrapesos efectivos, lo que facilita la destitución presidencial mediante mayorías simples o coaliciones momentáneas.

“En Perú es muy fácil destituir a un presidente. Basta con que algunos grupos minoritarios se unan para alcanzar una mayoría calificada”, explica Alejandro Sánchez, politólogo de la Universidad Javeriana.

Además, el colapso del sistema de partidos, fragmentado en más de 15 agrupaciones sin cohesión ni liderazgo, impide que los presidentes cuenten con mayorías legislativas estables. Ningún gobierno logra construir un respaldo sólido en el Congreso ni en las calles. 

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Crimen, corrupción y desconfianza

La destitución de Dina Boluarte estuvo marcada por la crisis de inseguridad y el auge del crimen organizado. Bandas como Los Pulpos, Injertos del Norte y el Tren de Aragua han sembrado el miedo en Lima y otras regiones del país. En 2024 las denuncias por extorsión se duplicaron, y en 2025 se registran 75 casos diarios, según el Observatorio del Crimen Organizado.


José Jerí prometió una “guerra contra el crimen” y decretó el estado de emergencia en Lima, imitando el modelo de Nayib Bukele en El Salvador. Sin embargo, las medidas excepcionales no han frenado las marchas. Para los manifestantes, el nuevo presidente representa la continuidad del poder fujimorista y de la clase política tradicional.

A esto se suman acusaciones de corrupción y un caso archivado por presunta violación sexual que pesan sobre el mandatario. Según una investigación del semanario Hildebrandt en sus trece, Jerí habría recibido sobornos cuando presidía la Comisión de Presupuesto del Congreso.

La “Generación Z” toma las calles

Las protestas que sacuden Lima y otras ciudades están lideradas por jóvenes entre 18 y 30 años. Esta nueva ola de movilización, inspirada en símbolos digitales como la bandera pirata de One Piece, expresa el hartazgo de una generación precarizada que creció entre gobiernos corruptos y promesas incumplidas.

“Los jóvenes descubren las limitaciones del mercado laboral y se enfrentan a una clase política que no los representa”, señala Omar Coronel, experto en movimientos sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Los colectivos feministas también han cobrado protagonismo, denunciando la falta de justicia y exigiendo la salida de Jerí por las acusaciones que enfrenta. 

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Un sistema al borde del colapso

Los expertos advierten que Perú enfrenta una crisis política estructural. La ausencia de partidos fuertes, la desconfianza ciudadana y la corrupción generalizada alimentan un ciclo en el que cada presidente es destituido antes de completar su mandato. La consecuencia es una democracia paralizada y un Estado incapaz de responder a los problemas de seguridad, empleo y desigualdad.

Aunque la economía peruana se mantiene relativamente estable, con inflación baja y una moneda sólida, los analistas se preguntan cuánto podrá resistir sin reformas políticas profundas.


Lo que viene: entre la protesta y la incertidumbre

El primer ministro Ernesto Álvarez, abogado conservador y expresidente del Tribunal Constitucional, presentará esta semana su plan de gobierno ante el Congreso. Buscará un voto de confianza para sostener un gabinete de “transición y reconciliación nacional”.

Sin embargo, el panorama no es alentador. Los sectores opositores ya preparan nuevas denuncias contra Jerí y sus ministros. En las calles, las movilizaciones no cesan. Y en el Congreso, los bloques fragmentados amenazan con repetir la historia.

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El país andino parece atrapado en un bucle de crisis, donde cada intento de restaurar el orden termina abriendo una nueva grieta.