Así es como la economía petrolera transformó a Arabia Saudita y Venezuela de maneras opuestas
En el vasto paisaje de la economía global, pocas naciones han experimentado una relación tan profunda y transformadora gracias a la economía petrolera como Arabia Saudita y Venezuela. Ambas poseen vastas reservas de este recurso, pero sus trayectorias económicas no podrían ser más diferentes.
Mientras Arabia Saudita ha logrado diversificar y fortalecer su economía, Venezuela ha quedado atrapada en una crisis prolongada. Este artículo explora cómo dos países con riquezas similares por la economía petrolera han seguido caminos tan distintos, analizando las claves del éxito saudí y los desafíos venezolanos.
Arabia Saudita ha tenido una transformación económica que ha sido posible gracias a la inversión de los ingresos del petróleo en la diversificación productiva. En un lapso de poco más de medio siglo, Arabia Saudita ha experimentado una notable transformación transición hacia una economía petrolera que ha llevado al país de generar un ingreso de USD $880 por habitante en 1970 a alcanzar los USD $28.895 por habitante en 2022, según datos del Banco Mundial.
En 2022, el Reino de Arabia Saudita ocupó el puesto 40 en el ranking del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con una puntuación de 0,87 sobre 1. Este crecimiento se ha visto impulsado principalmente por la modernización del país, facilitada por el significativo flujo de los ingresos que se obtienen como economía petrolera.
Por otra parte, Venezuela en 1970 tenía un ingreso por habitante de USD $1018, sin embargo, en 2023 este indicador tan solo alcanzaba los USD $3.659. Además, en 2022, ocupó el puesto 119 dentro del ranking del IDH con una puntuación de 0,69.

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Economía petrolera: un punto de partida común
Arabia Saudita y Venezuela comparten una característica fundamental: vastas reservas de petróleo. Venezuela posee las mayores reservas probadas del mundo.
Según datos de la OPEP, en 2023 Venezuela contaba con el 24,4% de las reservas probadas de petróleo en el mundo, aproximadamente 303,2 billones de barriles. Arabia Saudita, con alrededor de 267.000 millones (21,5%), no se queda atrás y es el segundo país con mayor cantidad de reservas probadas.
Sin embargo, la explotación de la economía petrolera y la gestión de sus ingresos han sido diametralmente opuestos.

Reforma económica y Visión 2030
Arabia Saudita ha sabido utilizar su riqueza petrolera como base para una diversificación económica ambiciosa. La introducción de la «Visión 2030» por el príncipe heredero Mohammed bin Salman ha sido un punto de inflexión. Este plan estratégico busca reducir la dependencia del petróleo y desarrollar sectores como el turismo, entretenimiento y tecnología.
En 2023, el Fondo de Inversión Pública (PIF) saudí gestionó activos por más de USD $400.000 millones, invertidos en proyectos nacionales e internacionales para impulsar el crecimiento económico.
Inversiones en infraestructura y educación
Arabia Saudita ha impulsado su economía petrolera pero también ha invertido significativamente en infraestructura y educación. El megaproyecto de la ciudad futurista NEOM, con un costo estimado de USD $500.000 millones, es un ejemplo de los esfuerzos para crear nuevas oportunidades económicas.
En términos de educación, el país ha incrementado su gasto y destinó alrededor del 19% del presupuesto nacional en 2023 a este sector, según datos de la OCDE, para preparar a su juventud para un mercado laboral diversificado.

Nacionalización de la industria petrolera
El descubrimiento del petróleo en Arabia Saudita en 1938 marcó el inicio de una nueva era para el Reino, con la Arabian American Oil Company (Aramco) liderando las primeras fases de explotación. A medida que la demanda mundial de petróleo crecía, Estados Unidos decidió unilateralmente, en 1959, reducir los precios del petróleo de Medio Oriente y Venezuela, lo que llevó a la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con Arabia Saudita como miembro fundador.
Durante la década de los setenta, Arabia Saudita adquirió progresivamente la participación en Aramco, hasta llegar al 100% en 1980, consolidándose la economía petrolera.
La nacionalización oficial de la industria petrolera venezolana ocurrió el 1 de enero de 1976, bajo el liderazgo de Carlos Andrés Pérez y la creación de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), que reemplazó a las empresas extranjeras y consolidó el control estatal sobre la explotación de hidrocarburos.
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Venezuela: Tragedia de la dependencia y la corrupción
En contraste, la economía petrolera venezolana ha experimentado un colapso económico y social significativo. La estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), que en su momento fue una de las más grandes y eficientes del mundo, se ha visto afectada por una mala gestión y corrupción.
Según Transparencia Internacional, PDVSA ha estado implicada en numerosos escándalos de corrupción, resultando en pérdidas millonarias. En 2019, se estimó que la corrupción le costó a la empresa alrededor de 18.000 millones de dólares, una suma que podría haber sido utilizada para revitalizar la economía.
Hiperinflación y devaluación de la moneda
La economía venezolana ha sufrido una hiperinflación devastadora, en 2023 los precios aumentaron un 190%, según datos del Banco Central de Venezuela. La moneda nacional, el bolívar, ha perdido su valor, y gran parte de la población ha recurrido al dólar estadounidense para transacciones diarias.
Esta crisis ha llevado a la emigración masiva, con más de 7 millones de venezolanos buscando mejores condiciones de vida en otros países.

Lecciones aprendidas
La comparación entre Arabia Saudita y Venezuela resalta la importancia de la diversificación económica y un buen uso de los recursos provenientes de la economía petrolera. Mientras que Arabia Saudita ha utilizado sus ingresos petroleros para invertir en el futuro, Venezuela ha quedado atrapada en un ciclo de dependencia y mala gestión.
La gobernanza transparente y eficiente es crucial para el desarrollo sostenible. Arabia Saudita ha implementado reformas para combatir la corrupción y mejorar la transparencia, algo que ha sido un punto débil para Venezuela. Las instituciones fuertes y la responsabilidad en la gestión de los recursos naturales son esenciales para evitar el destino que ha sufrido PDVSA.
La diversificación es otra lección clave. Arabia Saudita ha creado un plan claro para reducir su dependencia de la economía petrolera, mientras que Venezuela no ha logrado diversificar su economía de manera efectiva. Invertir en sectores como la tecnología, turismo, y educación puede proporcionar una base más estable y resiliente para el crecimiento económico a largo plazo.