El Cuarteto de Nos llega a Rock al Parque 2025 cantándole a lo raro, lo roto y lo que no encaja
Bogotá recibirá este lunes 23 de junio a una de las bandas más peculiares y lúcidas del rock en español. El Cuarteto de Nos no viene a ofrecer nostalgia, sino preguntas con difícil respuesta, humor retorcido y canciones que se pegan como esquirlas.
No es común que una banda nacida en Uruguay en 1980, formada por estudiantes de ingeniería y arquitectura que tocaban en fiestas con sus propios afiches artesanales, termine siendo cabeza de cartel en el festival de rock más grande de América Latina en pleno 2025. Pero El Cuarteto de Nos no es una banda común.
Los asistentes a Rock al Parque tendrán frente al escenario a una agrupación con más de cuatro décadas de trayectoria, 17 discos de estudio, dos Latin Grammy y una rara habilidad: conectar con el público joven como si fueran recién llegados a TikTok. Y no, no se hicieron virales. Se hicieron indispensables.
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Una banda que nació de los márgenes
La historia del Cuarteto arranca a fines de los años 70 en Montevideo, cuando Roberto Musso –ingeniero de sistemas, lector empedernido y fan de The Beatles– empezó a componer junto a su hermano Riki y a su amigo, Santiago Tavella. Durante los años de censura en Uruguay, comenzaban a experimentar con grabaciones caseras, escribían canciones en inglés “inspiradas” en los Beatles y se presentaban en eventos estudiantiles y cumpleaños. No contaban con ningún respaldo: se encargaban ellos mismos del montaje, el sonido y hasta de diseñar sus propios afiches.
La efervescencia cultural tras el retorno a la democracia fue el combustible creativo. Roberto cuenta que cuando llegaron a la universidad había una ebullición social y cultural… y que pasaron de las prohibiciones a una libertad increíble.
Fue en ese contexto que lanzaron Otra Navidad en las Trincheras (1994), el álbum que consolidó su presencia en Uruguay. Combinando humor corrosivo con referencias locales, el disco logró una difusión inusual para la época, superando las 20.000 copias vendidas y ubicándolos, por primera vez, en el radar del gran público.
Pero su despegue internacional no llegó hasta 2006, cuando decidieron profesionalizarse. Contrataron por primera vez a un productor artístico, Juan Campodónico, reformularon su sonido con bases electrónicas, rapeos y una lírica más introspectiva. Así nació Raro, el disco que los cambió todo.

El Cuarteto de Nos: de raros a referentes
Raro (2006) los sacó de Montevideo y los llevó a girar por América. Canciones como “Ya no sé qué hacer conmigo” y “Yendo a la casa de Damián” se convirtieron en himnos de esa generación. MTV los rotó. Rock al Parque los invitó por primera vez en 2007. Y Roberto Musso, aún con traje de ingeniero entre semana, decidió saltar al vacío y dedicarse de lleno a la música. “Tirarse a las aguas del arte cuando tenés una familia es difícil… nunca sabes si vas a surfear o te vas a ir para abajo”, confesó años después.
El Cuarteto no sólo no se hundió, sino que se reinventó con cada disco. Bipolar (2009), Porfiado (2012), Habla tu Espejo (2014), Apocalipsis Zombi (2017), Jueves (2019) y Lámina Once (2022) muestran una evolución que va del humor absurdo al comentario social y existencial, sin perder el ingenio ni la ironía.
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Roberto Musso, el programador que escribe como poeta
Roberto Musso no es un frontman tradicional. Es más bien un programador meticuloso que escribe letras como si armara código. Lleva planillas de Excel con rimas posibles, listas de palabras agudas, estructuras métricas. Ha dicho que odia repetirse, que no soporta frases vacías. “Nunca es ‘me tomé dos whiskies y escribí esto’. No funciona así. Soy metódico”, dijo en entrevista con Rolling Stone (2023).
Su formación como ingeniero se nota en cada canción. En “Contrapunto para humano y computadora” (2019) arma una pelea en verso entre un humano agrandado y una inteligencia artificial sarcástica. En “Breve descripción de mi persona” (2009) responde con sarcasmo a esa pregunta de los formularios que pide “una breve descripción de usted”. Y en “Frankenstein Posmo” (2022) retrata la mente desbordada por la información que habita este siglo: un collage caótico de imágenes, textos y ruido.
¿Por qué una banda de sesentones hizo ‘match’ con los jóvenes?
La paradoja de El Cuarteto de Nos es esta: llevan más de 40 años tocando, pero sus conciertos están llenos de jóvenes menores de 25 años. ¿Qué encuentran en ellos?
Primero, letras que no los subestiman. Musso nunca simplifica. Habla de ansiedad, de identidad, de fracaso, de redes sociales, de la máscara que todos usamos. Segundo, una honestidad brutal. El Cuarteto no da respuestas; lanza preguntas. No sermonea, se ríe contigo. Tercero, una versatilidad musical que mezcla rock, pop, rap, cumbia, electrónica y lo que haga falta.
Durante la pandemia, la banda notó que su audiencia se había rejuvenecido. “Nos escribían adolescentes de México, de Perú, de Colombia. Se sentían identificados con lo que decíamos”, contó Musso. Muchos los descubrieron cuando más solos estaban.

Letras que duelen, hacen reír y a veces salvan
Si algo define a esta banda es su capacidad de poner en palabras eso que muchos sienten, pero no saben cómo decir. De hablar del miedo sin drama, de la rabia sin odio, de la tristeza con ritmo.
Roberto lo explicó así: “Me dicen cosas como ‘me tatué una frase tuya’ o ‘esta canción me salvó en un momento horrible’. Eso te hace escribir con más responsabilidad. No por corrección, sino por empatía”.
Y en ese universo lírico cada canción es un microcuento. Una historia con fondo y forma. Por eso no sorprende que para muchos fans el Cuarteto sea una banda que acompaña, que incomoda, que hace pensar.
Este lunes la cita es en Rock al Parque
El lunes, 23 de junio, El Cuarteto de Nos regresa a Rock al Parque tras 17 años. Y esta vez no como curiosidad, sino como uno de los platos fuertes del festival. Presentarán su más reciente disco Puertas (2025) y recorrerán sus clásicos ante miles de personas que ya los conocen… y muchas que quizá los descubrirán por primera vez.
¿Vale la pena ir a verlos si nunca los has escuchado? Sí. Porque no son solo canciones. Es una mirada sobre el mundo, con humor, con dolor, con una lucidez que rara vez se ve en el rock latino.
La lista “negra” del Cuarteto
De las más de 200 canciones de su repertorio, podríamos recomendar muchas. Por ejemplo:
La más reciente: Cara de nada.
Las de siempre: Cuando sea grande, El hijo de Hernández, Ve con él, Mario Neta, Miguel Gritar, Gaucho Power, invierno del 92, Rorschach, Hay que comer, No llora, Necesito una mujer, Enamorado tuyo, Ya te vas a mejorar, Bipolar, Me amo, Vida ingrata, Llegó papá, Habla tu espejo, El innombrable… etc.
Pero, para empezar, aquí van 15 canciones imperdibles con un poco de su historia. Algunas te van a hacer reír, otras doler. Finalmente, todas te van a dejar pensando.

Playlist de El Cuarteto de Nos en Spotify
1. Mi lista negra (Bipolar, 2009)
Nació cuando Musso vio una libreta con ese título en una venta de chucherías y recordó a su madre que cada que alguien la ofendía decía “lo meteré a mi lista negra”. Lo demás fue sacar cuentas pendientes con humor, veneno y rimas. Porque todos tenemos una lista negra, aunque sea mental.
2. Hombre con alas (Jueves, 2019)
Habla de alguien que quiso ser diferente en un mundo que no tolera a los que no encajan. El Cuarteto lo retrata sin drama, pero con verdad incómoda.
3. El balcón de Paul (Porfiado, 2012)
Habla de un lugar dónde nadie sabe qué pasa ahí, pero todos quieren entrar. Donde la gente se anima a hacer lo que no haría de frente. Una fiesta, un perfil falso de cualquier red social… etc.
4. El aprendiz (Habla tu espejo, 2014)
Nos habla del aprendizaje como una parte fundamental de la vida. Ser aprendiz no es una época, es toda la vida.
5. Nada es gratis en la vida (Raro, 2006)
Desde nacer hasta morirse, todo tiene precio. Favores, culpas, deudas emocionales. Si suena exagerado, revisa tu billetera o tus promesas. El sarcasmo no viene de gratis.
6. Ya no sé qué hacer conmigo (Raro, 2006)
El himno del que probó todo sin encontrar nada. Cambiar de look, de ciudad, de ideas… y seguir en el mismo hueco. Porque el problema no está afuera.
7. Apocalipsis zombi (Apocalipsis Zombi, 2017)
Zombis con Wi-Fi, hambre de contenido y cero pensamientos. Es el dicho Pa’ dónde va Vicente, pa’ donde va la gente…. hecha canción crítica. Pegadiza y aterradora.
8. Breve descripción de mi persona (Bipolar, 2009)
Es una crítica a la pregunta típica de las entrevistas laborales de háblame de ti, pero qué tal si la respondemos con la verdad, sin filtros ni poses. Una crítica elegante a los que se venden como marca personal sin alma.
9. Lo malo de ser bueno (Porfiado, 2012)
Todo lo que quieren y todo lo que esperan de ti… nunca cuadra. Una canción para perder el equilibrio moral sin dejar de caminar. No hay lección, solo contradicción.
10. Yendo a la casa de Damián (Raro, 2006)
Es la historia de una vuelta para comprar comida se convirtió en un viaje lleno de desvíos, encuentros raros y frases que terminan en inglés. Un homenaje a Demian de Hesse con ritmo de videojuego mental.
11. Anónimo (Jueves, 2019)
Es una invitación a ser el que no quiere figurar, no busca likes. Esta canción es la voz de quien se esconde del ruido digital, pero igual se pregunta si tanto anonimato no será otra forma de estar solo.
12. La ciudad sin alma (Lámina Once, 2022)
El mundo de las redes sociales donde el envoltorio importa más que el contenido. Amores reciclados, discursos vacíos, reglas sin afecto. El vídeo fue grabado en una cárcel, por si quedaban dudas.
13. El cinturón gris (Lámina Once, 2022)
Alguien se disfraza de mil colores para que alguien, solo uno, le pregunté qué le pasa. El único detalle que miran: el cinturón gris. Un golpe bajo para los que viven pidiendo atención con disfraz.
14. Contrapunto para humano y computadora (Jueves, 2019)
Un contrapunteo entre un humano y una máquina que lo enfrenta con aparente lógica implacable. Nació de una absurda discusión de la hija de Roberto con Siri. Pero ¿Será que la IA puede superar el cerebro humano?
15. Frankenstein Posmo (Lámina Once, 2022)
Fue escrita en plena pandemia, es el retrato de un ser construido con estímulos ajenos, datos sueltos y soledad moderna. Como el monstruo original, no quiere venganza. Solo quiere paz.