Elecciones de España, comparaciones odiosas (I)
Diva Criado
Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.
Regresé de España después de elecciones y justo antes de someterme a una cirugía de emergencia que me impidió terminar ésta columna, razones que expongo para informar a los lectores que escriben preguntando las razones de mi ausencia.
Dicho lo anterior, mi mente sigue pensando en las elecciones generales del 23 de julio (23-J) españolas, dejándome curiosas lecciones.
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Las comparaciones resultan odiosas, pero necesarias. Creo que es bueno fijarse en lo que pasa en alguna parte, para sopesar lo que pasa en otras. Sirven para comprender que las decisiones políticas, buenas o malas, redundan directa o indirectamente en la calidad de vida de los ciudadanos, sin excepción.
Valen para recuperar el tiempo perdido y para que, en países como Colombia, arrodillado ante la inseguridad, la corrupción y las malas praxis de gobernabilidad, sirvan de paradigma en las elecciones que se avecinan en octubre y los ciudadanos ejerzan un voto responsable.
Este año, España ha tenido continuas contiendas electorales. Primero fueron las Autonómicas (mayo 28), dando una mayoría ganadora a los partidos Popular y Vox.
Diría que sin precedentes en el panorama electoral. Vox, un partido de ultraderecha, que representa las ideas más retrógradas del franquismo, nacionalismo puro y duro, una alternativa relativamente reciente (2013) que fue tomando fuerza, después de las continuas crisis del Partido Popular.
Derecha y ultraderecha superaron con creces al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y a los diferentes partidos comunistas en la mayoría de Comunidades y alcaldías. Consecuencia que no ha dejado indiferente a nadie.
A raíz de estos resultados, el Presidente de Gobierno (PSOE), Pedro Sánchez, en una medida apresurada, tildada de “irresponsable” por reacios opositores a los modelos del gobierno, convocó a elecciones generales para el 23-J.
Pleno verano –de los más calientes de los últimos tiempos– la mayoría en vacaciones, colmaban de incertidumbre a los ciudadanos. Los resultados eran impredecibles. Creo que el Ejecutivo creyó ilusamente que, adelantando elecciones los resultados le serían favorables. Pero se equivocó, la gente salió a votar y, en casi todos los países, el voto por correo definió la elección.
Hablando de comparaciones, una pregunta está en el tintero. ¿Quién ejerce la oposición en el país del Sagrado Corazón? ¡Nadie! El Partido Liberal, con César Gaviria a la cabeza, prefirió negociar puestos políticos con el gobierno del cambio y hacer parte de él. Y el llamado a ejercerla, segundo en votación Rodolfo Hernández, brilla por su ausencia.
No hay que olvidar que, en un acto de irresponsabilidad y negligencia, Hernández no estuvo a la altura de sus votantes. No dio la talla como el candidato que perdió las elecciones con una estrechísima minoría frente al contendor, Gustavo Petro. Prefirió retirarse a su zona de confort. Una decisión que sus millones de votantes vimos como una burla grotesca a la confianza depositada.
Llama la atención que hoy Hernández, a poco más de un año de aquella contienda, pretenda aspirar nuevamente a una elección popular en la gobernación de Santander. ¡Madre mía, que poca memoria; pero también, que poca memoria tendrá quien vote por él!
Parte II: España no es precisamente un dechado de virtudes…