sábado, 24 de septiembre de 2022
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Ética para la paz

Andrés Botero, Columnista

Andrés Botero Arbeláez

Abogado, Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en relaciones internacionales. Director Ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico.

Cualquier ser humano, al igual que cualquier empresa o país, requiere definir su propio código de buen gobierno. Ningún organismo vivo, ningún ente social, puede subsistir sin un elemento cognitivo, un impulso biológico o un instinto natural que determine la decisión final mediante la cual materializa sus actos. Todo hecho en el universo que involucre la interacción entre seres vivos necesaria e indefectiblemente transforma el entorno. Los hechos que anteceden a nuestra humanidad provienen de los actos de aquellos que construyeron la historia. 

Nuestro principal deber en la vida ha sido, es y será la evolución de la especie. Nuestro principal compromiso en el presente es entender la responsabilidad que existe en cada uno de nuestros actos frente al desenlace final de nuestro día a día, que en el futuro será llamado historia. Por eso, hoy, debemos vivir en la comunión de las ideas, debemos trascender la responsabilidad social empresarial, la ética, los principios, los valores humanos y enfrentarnos a la inalcanzable transparencia del espejo. 

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Los colombianos hemos sido llamados por la historia para enfrentarnos hoy al cumplimiento de nuestro destino, al designio de una nueva Colombia, con un nuevo gobierno y con una nueva forma de gobernar. Aún no conocemos cuáles serán los caminos que habremos de transitar, pero el único presente que subyace a todos es la responsabilidad social e individual de ser leales y coherentes ante el reto de la paz. Obtener los resultados que ella otorga requiere integridad y actitud de servicio. Todos nosotros debemos lograr un alto desempeño en lo que hacemos, y ello solo se logra con la confianza de tomar decisiones certeras y con una actitud positiva para orientar esa confianza. 



Todos nosotros, colombianos y colombianas, tenemos un compromiso ético con la paz, tenemos que ser honestos y trabajar en equipo, tenemos que ser verdaderamente innovadores para tragar sapos enteros, pero quizás solo así nos convertiremos en mejores competidores, en mejores seres humanos, poseedores de la humildad que precede al milagro, otorgándole al mundo una nueva forma de ver, de apreciar, de conservar y de proyectar la paz. 

Nosotros, que nos hemos matado durante centurias y que aún hoy lo hacemos, debemos estar listos y suficientemente maduros para ser proveedores de paz, de esperanza y de alegría. ¡Jamás viviremos sabroso si en Colombia no existe la paz! quizás lo primero que debamos hacer sea sentirnos dignos de profesarla y de compartirla, y solo en ese momento estaremos listos y verdaderamente preparados para otorgar al otro un abrazo sincero de reconciliación, una aceptación a pesar de nuestras diferencias. Todos nosotros vivimos una época privilegiada, la época de la historia en que aprendimos a construir la paz. 

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