jueves, 14 de mayo de 2026
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La fábrica de muñecos en Colombia que intenta sobrevivir desde 2024 al monstruo de fabricación de plásticos chino

Durante décadas, miles de niños crecieron junto a personajes creados por una emblemática fábrica de muñecos en Colombia que al día de hoy intenta continuar en medio de la nostalgia y el coleccionismo.

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Una fábrica de muñecos en Colombia, reconocida durante décadas por personajes como Angelino, Ricardito, Paola y Lagrimitas, volvió a operar en Colombia mediante ventas en línea y producciones limitadas. La reapertura ocurre más de una década después del cierre de sus sedes físicas y en medio de un nuevo modelo enfocado en coleccionistas y seguidores de la marca.

La Fábrica Nacional de Muñecos fue fundada en 1940 por Jorge Humberto Bernal Valero y llegó a convertirse en una de las empresas más representativas de la industria nacional del juguete. Durante décadas dominó el mercado con productos fabricados localmente, antes de la llegada masiva de juguetes importados y del aumento del plástico asiático en el país.

Ahora, Sebastián Bernal, nieto del fundador, lidera el proyecto de reactivación de la compañía mediante redes sociales y ventas digitales desde 2024. El plan apunta a mantener viva la tradición de los juguetes colombianos, aunque ya no bajo un proyecto de producción masiva.

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fábrica de muñecos en Colombia que pasó del auge industrial al cierre de la empresa

La fábrica de muñecos en Colombia alcanzó a tener más de 100 empleados y sedes en sectores como Las Américas y las carreras Séptima y Décima en Bogotá. Sus muñecos hicieron parte de la infancia de varias generaciones durante las décadas de los setenta, ochenta y noventa.

Entre los personajes más recordados aparecen:

  • Angelino. 
  • Ricardo. 
  • Paola. 
  • Daniel. 
  • Lagrimitas. 

Sin embargo, la apertura económica de los años 90, el aumento de las importaciones y el contrabando de juguetes afectaron el mercado nacional. La empresa inició procesos para enfrentar sus deudas desde finales de los años noventa y terminó entrando en liquidación cerca de 2013, luego de varios años de crisis.

Sebastián Bernal explicó que la fábrica de muñecos en Colombia no busca regresar a los grandes almacenes ni competir con marcas internacionales. El modelo de ahora está dirigido a producciones pequeñas y pedidos realizados por seguidores de la marca a través de internet.

Actualmente, los muñecos se comercializan de manera virtual en ediciones limitadas y con precios que oscilan entre $170.000 y más de $600.000, dependiendo de la referencia y el nivel de exclusividad.

El proyecto también busca rescatar el valor histórico de los juguetes colombianos, una industria que perdió participación frente a productos importados durante las últimas décadas.

Producción limitada de la mano con comunidad digital

Sebastián Bernal, formado en marketing y comunicaciones, comenzó a reconstruir la comunidad digital de la empresa después de la pandemia. A través de redes sociales, antiguos clientes empezaron a compartir fotografías, recuerdos y muñecos conservados desde su infancia.

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La fábrica de muñecos en Colombia también impulsó campañas para certificar ejemplares antiguos de la marca. Cerca de mil personas participaron enviando fotografías de muñecos originales.

Según Bernal, el objetivo no es volver a una producción industrial de gran escala, sino mantener pequeñas fabricaciones bajo pedido. La estrategia incluye revelar nuevos modelos en redes y conservar la identidad histórica de la marca.

El renacer de la compañía ocurre después de que varios fabricantes tradicionales de juguetes colombianos desaparecieron o redujeron su operación por factores económicos y cambios en el mercado.

Además, hay una clínica de muñecos que sigue funcionando en Bogotá

Mientras algunas fábricas desaparecieron, en Bogotá todavía opera una reconocida clínica de muñecos ubicada en el barrio Palermo. El negocio familiar Casas Reyes se dedica desde 1979 a reparar muñecos antiguos, osos de felpa, marionetas y figuras de colección.

La clínica de muñecos recibe piezas con daños por humedad, roturas, pérdida de ojos, deterioro de telas y problemas mecánicos. El proceso funciona como una consulta médica tradicional: los juguetes ingresan con registro, diagnóstico y hospitalización.

Gladys Casas Reyes, quien actualmente dirige el lugar, explicó que muchos clientes buscan restaurar objetos heredados o conservar recuerdos familiares relacionados con juguetes colombianos.

Entre los servicios ofrecidos por la clínica de muñecos están:

  • Injertos y trasplantes.
  • Cambio de cabello y ojos.
  • Reparación de costuras.
  • Restauración de vestidos.
  • Limpieza y maquillaje.

La clínica de muñecos también atiende figuras modernas con sistemas electrónicos, aunque algunos casos son remitidos a técnicos especializados.

Actualmente, la fábrica de muñecos en Colombia y este tipo de negocios de restauración coinciden en un mismo fenómeno: el interés por conservar productos fabricados en el país y recuperar referencias tradicionales de la infancia colombiana.

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