lunes, 27 de junio de 2022
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“Hace 25 años, la Feria del Calzado ocupaba tres pabellones; hoy ni siquiera uno”

Para los dueños de la empresa Calzado Cosmos, la fabricación nacional de calzado no solo enfrenta los retos de la informalidad y de la escasa mano de obra, sino el bajo interés de las nuevas generaciones por aprender el oficio.

hace 25 anos la feria calzado ocupaba tres pabellones

Calzado Cosmos es una empresa familiar creada por Wilder Peña y su esposa, Flora Isabel Agudelo, hace 25 años en Rionegro (Antioquia). En la actualidad, Wilder se desempeña como gerente de la empresa y Flora como directora de las áreas de Innovación y de Compras. 

El relato que sigue es el resultado de nuestra conversación con el señor Wilder y la señora Flora. Para efectos de la nota, fue unificado con su autorización. 

Un negocio propio ante la falta de oportunidades 

Calzado Cosmos nació de la necesidad de abrir un negocio propio para salir adelante. Cuando nos conocimos, mi esposo, Wilder, se dedicaba a la venta de chaquetas de cuero traídas del Ecuador y yo era consultora de calzado con trayectoria en el sector industrial de textiles y moda. Cuando conocí el negocio de chaquetas de Wilder, vi que muchas cosas se podían mejorar en términos del producto, la exhibición y la innovación. Por ese tiempo los productos de marroquinería eran muy básicos. No había variedad en el manejo de color, solo se trabajaba el negro, el café y, si acaso, el color miel. Entonces, comenzamos a pensar en colores diferentes y a introducir más líneas de producto. 



En cuestión de dos años, tuvimos un almacén de calzado 100% en cuero y otro de vestuario y calzado en material sintético en el parque de Rionegro. Y a raíz de que nuestros clientes, sobre todo mujeres, se desplazaban hasta el Oriente y nos decían que querían encontrar esos mismos productos en Medellín entonces decidimos abrir otros puntos de venta muy cerca, en zonas del área metropolitana. Abrimos uno en el centro comercial Mayorca, en Itagüí; otro en el centro comercial Puerta del Norte, en Bello, Antioquia, y otro en el centro comercial Los Molinos, por el sector de Belén, de Medellín.

Con el tiempo, nos enfocamos exclusivamente en calzado femenino de clase media y en productos de marroquinería. Hoy, incluyendo la tienda online, llegamos a 28 puntos de venta en el departamento de Antioquia.

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La zapatería es un oficio manual

Muchas personas se refieren al sector de la marroquinería y del calzado como un proceso industrial. Sin embargo, no se dan cuenta que hacer un zapato es un arte que requiere mano de obra fina, así por momentos se utilice algún tipo de maquinaria.

Las principales materias primas que manejamos son los cueros. Los compramos en las curtiembres o peleterías de Medellín, Bucaramanga y Bogotá, que en su mayoría provienen de las regiones donde hay ganadería, como la costa Atlántica y los Llanos Orientales. 

Las otras materias primas que manejamos son los materiales sintéticos, que son importados en su mayoría. Vienen de Italia, Brasil y China, porque desafortunadamente en Colombia no hay empresas que los produzcan y, si los producen, lo hacen para grandes marcas. Entonces, nos toca acomodarnos a las materias primas que se consiguen en el país. Por el lado de los forros y otros textiles, algunos son importados y otros nacionales. En el tema de suelas, algunas se fabrican en el país, pero con materias primas importadas.

Ahora, para alguien interesado en hacer zapatos, lo primero que hay que hacer es comprar el hormario adecuado, es decir, la horma de plástico que le da al calzado la forma correcta. Lo siguiente es conseguir la materia prima, ya sean los cueros o los sintéticos, los forros y las suelas. Si estas últimas no se consiguen, es necesario fabricarlas manualmente. Luego, viene el proceso de corte y, posteriormente, la etapa de guarnecer el calzado, es decir, de hacerle el cosido, para pasar al proceso de soldadura. Este último consiste en unir los cortes de cuero a la suela. Luego, viene el acabado.

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Nuestra clientela ya no quiere comprar cuero

Sobre las dificultades que enfrenta el sector del cuero y la marroquinería, creo que podemos decir varias cosas. Hoy en día, el perfil de los consumidores ha cambiado. Se han incorporado nuevas tendencias de consumo y la tendencia global es la responsabilidad ambiental. Todos sabemos que cuando hablamos de curtiembres hablamos de un oficio altamente contaminante, entonces la demanda ha disminuido notablemente. Así, el bajo desarrollo de este sector también ha tenido que ver con la tendencia ambiental global de fomentar los sectores productivos que son amigables con el medio ambiente y sostenibles, lo cual ha hecho que la gente ya no quiera consumir productos a base de cuero. 

A la baja demanda se le suma el casi nulo relevo generacional en este oficio. Los jóvenes de hoy no lo quieren hacer. Quieren vivir de una manera muy distinta a nosotros y eso está haciendo que en estos sectores haya menos mano de obra. Ahora, esto también está pasando porque tradicionalmente en estos oficios los dueños trataban muy mal a sus trabajadores. Estaban muy mal pagos, mal valorados y maltratados, y eso lo vieron muchos hijos con sus padres. Vieron que era un oficio muy sufrido y hoy ya no quieren trabajar en empresas de marroquinería y confección.

La pandemia profundizó la crisis del cuero, pero afianzó los materiales sintéticos

Hoy en día, Calzado Cosmos cuenta con 106 empleados y vende una cantidad aproximada de 150 mil pares de zapatos, de los cuales el 70% son hechos en Colombia y el 30% son importados y vienen ya terminados. 

Antes de la pandemia, el 60% del calzado fabricado por nosotros utilizaba cuero nacional y el 40% usaba sintético, pero después de la pandemia ese porcentaje se invirtió. Ahora, el 60% del calzado fabricado por nosotros es con material sintético importado. 

Con la crisis, el mercado nacional de pieles se cerró aún más de lo que ya estaba, y nosotros tuvimos que cerrar 5 puntos de venta, con sus respectivos puestos de trabajo. Para recuperarnos tuvimos que trabajar con más material sintético y más calzado terminado importado.

No producimos pieles terminadas pero tampoco materiales sintéticos

Desafortunadamente, aunque el calzado nacional es de muy buena calidad, no maneja grandes volúmenes. Además, Colombia ha dejado de ser un país productor de pieles terminadas para suplir la industria a nivel nacional, dedicándose más a la importación de los materiales sintéticos, porque la variedad y la tecnología de punta para los acabados que solo existe en Europa o en China. 

En Antioquia hay una fábrica, pero la mayoría del producto está dirigido al sector automotriz, aviación y de muebles —para tapicería—, pero no para el sector de la moda. 

Rionegro dejó de ser la cuna de la zapatería en Colombia

Cuando Wilder llegó al municipio de Rionegro —estamos hablando de 1994—, Rionegro era el epicentro del buen calzado para mujeres y hombres en el país. Era la cuna de la zapatería en Colombia, pero eso se acabó y es una tristeza. Hoy no quedan sino 3 o 4 personas que fabrican calzado en este lugar del país, y los que elaboran productos de marroquinería, que en aquella época trabajaron para fábricas muy grandes, desaparecieron. 

Había una fábrica antioqueña muy famosa que era líder en el mercado de la moda. Se llamaba Carlos Pinel y vendía calzado 100% de cuero muy exclusivo. Esta empresa, por ejemplo, también desapareció. Además, los distintos gobiernos tampoco ayudaron. Hoy demuestran algo más de voluntad, pero para preservar la marroquinería como un oficio de antaño y como un atractivo turístico. 

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Informalidad y competencia desleal: los retos del sector del calzado

Yo creo que el sector del cuero y de la marroquinería está muy perdido. Es una industria demasiado informal, que no se ha desarrollado, que no invierte en tecnología, y que el Gobierno no apoya ni en capacitación, formalización ni motivación. 

Por otro lado, las importaciones de calzado entran irregularmente todo el tiempo. Se subfacturan los precios de estas importaciones y hay demasiada corrupción. No hay políticas transparentes que permitan una competencia sana, sino que acá cualquiera compite con el precio y eso nos afecta a todos los que creemos en la formalización. 

Entonces, surge un problema para los jóvenes y para los emprendedores, y es que no hay motivación para montar una fábrica en este sector. Las ferias de calzado se han reducido mucho. Por ejemplo, la Feria del Calzado de Bogotá, organizada por la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado (ACICAM). Hace 25 años este evento ocupaba tres pabellones de Corferias y hoy no ocupa ni un solo pabellón. Eso es una muestra clara de que no hay industria nacional de calzado. 

Por otra parte, en esas ferias muchas empresas no manejan facturación legal, porque la gente que compra tampoco la exige. Entonces, aunque algunos de nosotros queremos avanzar, pagar impuestos, generar empleos dignos y legales, hay otros que no quieren hacerlo. Esto le hace mucho daño a una empresa como la nuestra porque competimos con productos similares, pero con un precio muy inferior. Y, aunque los centros comerciales de las cuatro ciudades más importantes del país han hecho una importante labor para incentivar la formalización de las empresas en general, el resto de Colombia sigue siendo informal.

Una empresa que no sueña con ser exportadora

Ante la difícil situación, hemos hecho lo que hemos querido y lo que hemos valorado. Hemos querido hacer las cosas bien, hacerlas diferente, aun si vendemos menos. Esa visión nos ha generado unos retos, pero hemos estado a la altura con un constante interés en proponer cosas nuevas, probar materiales distintos, y nuestra clientela femenina lo ha valorado. 

Por otro lado, hemos tenido siempre las prioridades claras: primero, la pareja, luego los hijos y luego la empresa. En ese orden de ideas, no hemos tenido la ambición de ser una empresa familiar gigantesca, ni hacer todo lo posible por llegar a ser exportadores o salir de Antioquia. 

Nuestro crecimiento depende de nuestras capacidades y prioridades como familia. Esa filosofía se la hemos transmitido a nuestros hijos, así como el amor por este oficio, que no vemos como un trabajo sufrido sino como un trabajo para gozarse. Este tipo de inspiración es lo que necesitan las nuevas generaciones. 

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