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domingo, 15 de marzo de 2026
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Hay que reestructurar las comisiones de regulación de los servicios públicos

Diego Otero Prada, Columnista, Más Colombia

Diego Otero

Ingeniero eléctrico de la Universidad de los Andes y PhD en Economía de la University of Pennsylvania. Presidente de la Asociación Colombiana de Economía Crítica (ACECRI) y miembro de la junta directiva de la Academia de Ciencias Económicas (ACCE).

No hay la menor duda de que hay un aumento excesivo en los precios de los energéticos y de los servicios públicos en general y que hay que controlarlos. Por ejemplo, las tarifas de la energía eléctrica aumentaron en 2022 en cerca de 22% en el interior y 35% en la costa atlántica.

Pero también ha habido fuertes aumentos en los precios del gas natural y el GLP que monopoliza Ecopetrol, que casi nunca se mencionan y que afectan al consumidor final y a la generación térmica.


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Igualmente, desde octubre de 2022 se vienen aumentado los precios de las gasolinas en casi 200 a 300 pesos mensuales por galón. Esto significaría un incremento de  por lo menos 2.400 pesos en 2023, cerca de 23% de aumento en relación con 2022, un porcentaje bastante alto.

El presidente Gustavo Petro decidió intervenir a las comisiones de regulación

La decisión del presidente Petro es legal. La pregunta es si esto era necesario cuando en las comisiones de regulación hay presencia de ministros y del jefe del Departamento Nacional de Planeación y ninguna decisión se puede tomar sin la aprobación de ellos.

Es una decisión muy arriesgada porque el examen de las tarifas y precios en general requiere el apoyo de expertos que examinen las normas existentes y estudien dónde hay incrementos de precios sin justificación o qué se puede hacer para bajarlos, sin perjudicar la rentabilidad normal de las empresas.

Por último, existe la alternativa de subsidiar a los hogares y negocios como se está haciendo en Europa, pero esto requiere de la disponibilidad presupuestal de recursos. Esta posibilidad no se puede descartar.

En Europa los subsidios son enormes

En Europa, cuando se trata de defender a los hogares y negocios, no dudan en apelar a los subsidios, aunque esto sea contrario a la ideología neoliberal que domina en Europa, en la Comisión Europea y en la OCDE, institución en la cual Colombia es un  socio, hecho no muy claro para un gobierno que se dice de cambio y antineoliberal.


Como consecuencia de las medidas absurdas contra Rusia, los europeos, por el incremento en los precios del gas natural y de las tarifas de la energía eléctrica, se han visto obligados a subsidiar a los hogares y a las empresas. Se habla de que se han aprobado 800 billones de euros para estos propósitos.

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Igualmente, han establecido un impuesto a las ganancias extraordinarias, e, imagínense, para los obcecados por las energías solar y eólica, se les aplica tasas de impuestos fuertes a estas compañías porque han hecho ganancias extraordinarias, a costa de los usuarios.

Algunas medidas para aliviar la situación de los hogares

Mucho se puede hacer para introducir cambios en las tarifas. Aquí van algunas ideas, no necesariamente todas las posibles:

  1. Revisar la rentabilidad sobre activos que autoriza la CREG, que hoy es de 11% en términos reales, cuando debería ser inferior a 7%.
  • Revisar los precios de generación y controlar las ganancias de las empresas generadoras.
  • Revisar los costos de distribución, comercialización y transporte, mirar por ejemplo los salarios de los directivos.
  • Bajar el excesivo nivel de pérdidas, que es de alrededor de 12% en el interior y de 17,5% en la costa atlántica, pues pesa fuertemente en las tarifas. Si se adoptara un nivel internacional de 7%, esto disminuiría fuertemente las tarifas y obligaría a las empresas a invertir y disminuir el fraude.
  • Por lo tanto, obligar a un plan para reducir las pérdidas, de ser necesario con inversiones del gobierno nacional.
  • Controlar los precios del gas natural y del GLP manejados por Ecopetrol, que los ha venido fijando cerca de los precios internacionales, con graves efectos sobre la generación por termoeléctricas de gas natural y sobre las tarifas al usuario final.
  • Controlar igualmente los precios del carbón para la generación.
  • Aplicar incrementos según una regulación IPC-X (Price-Cap

Regulation), de manera que los precios crezcan anualmente según el Índice de Precios al Consumidor (IPC), la inflación, menos un X, para obligar a mejorar la productividad. X es un porcentaje por el cual se quiere que los costos disminuyan. De esta forma los precios no aumentan según el IPC o la inflación sino en un porcentaje menor.

Cambiar la estructura de funcionamiento de las comisiones de regulación

Cuando se discutían las leyes 142 y 143 en el Congreso me opuse a la forma como se diseñaron las comisiones de regulación. Propuse, porque las conocía por mis estudios en los Estados Unidos, el tipo de regulación de las comisiones estatales que operaban en esa época en este país.

Estuve en el congreso de la República, hablé, presenté propuestas, pero nadie hizo caso porque predominaban los conceptos de Inglaterra y de Chile.

La experiencia de los Estados Unidos, uno de los países con mayor tradición en regulación, de más de cien años, se caracteriza por los avances logrados por los consumidores. Por ley, todas las decisiones de las Comisiones de Regulación son públicas.


El ciudadano americano tiene derecho a un acceso completo y detallado a los libros de contabilidad y a los registros de las empresas, sean públicas, mixtas o privadas. En todas las decisiones participan en el debate abierto y transparente todas las partes interesadas. La regulación americana es democrática y hay un verdadero control ciudadano garantizado por la ley, que no depende del gusto de los reguladores.

La experiencia americana muestra que los cambios más importantes que se deben dar en la Ley de Servicios Públicos Domiciliarios son el de involucrar a los usuarios en las decisiones de las Comisiones de Regulación y que se implemente por ley el sistema de audiencias públicas, reglamentadas con los usuarios representados por expertos en igualdad de condiciones frente a los representantes de las empresas, con los comisionados actuando como jueces.

No se trata de realizar audiencias públicas al final del proceso, sino que la discusión debe comenzar y ser pública desde un comienzo. Para esto hay que modificar la Ley de Servicios Públicos Domiciliarios, para que quede por ley, con una reglamentación adecuada, cómo será la participación de los diferentes usuarios: hogares, comerciantes, industriales, agricultores y entidades públicas. No es un favor que hacen los reguladores; es un derecho de los ciudadanos que debe instituirse por  la ley.

La participación de los usuarios debe darse en todas las materias. En Colombia es clave intervenir en los aspectos metodológicos para definir las fórmulas tarifarias. Tal como se viene dando, las metodologías y los modelos que se aplican han sido resultado de estudios contratados con firmas extranjeras, discutidos por los ministerios y los expertos de las comisiones, con fuerte intervención de las empresas y ausencia de los usuarios.

Fijadas las metodologías, con parámetros como la rentabilidad, la vida útil de los activos, los sistemas de medición del capital, los tipos de ajuste y los gastos permitidos, es muy poco lo que queda a los usuarios para discutir. Además, estos no participan en el análisis de estos estudios.

Conclusiones

La verdad es que la ministra de Minas y Energía falló en el famoso acuerdo que hizo con los carteles en octubre de 2022 y que se vendió como una gran solución, cuando las tarifas disminuyeron apenas 2-4%.

No había capacidad en el Ministerio para enfrenarse a los carteles y los comisionados de la CREG no propusieron algo original. Hubo una falla total.


Muy peligrosa la decisión del Presidente, porque si no actúa técnica y económicamente, asesorado de expertos, se pueden ver frustradas las esperanzas de un cambio o tomar medidas equivocadas.

Los expertos deben ser ingenieros electricistas con altos niveles académicos y de conocimiento del sector eléctrico, economistas y uno que otro abogado para estudiar la legalidad de  las medidas, ya que el Ministerio de Minas y Energía no cuenta con personal adecuado.

Esto para lo que tiene que ver con las tarifas de energía eléctrica, pero lo mismo ocurre con las de agua y alcantarillado, las del gas natural y el GLP. Aquí hay que ponerle el tatequieto a Ecopetrol, porque el gas natural y el GLP han tenido aumentos muy altos en los últimos años.

En cuanto a los precios de las gasolinas y el diésel oil, la política neoliberal del ministro de Hacienda hay que pararla. Primero, acabar con el Fondo de Estabilización de Combustibles, monstruo uribista aprobado en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) de 2007-2010 que debería derogarse en el nuevo PND (que por lo que se conoce lo ratifica).

La política de precios de los combustibles no puede ser tan rígida. Hay que ser flexibles, aumentar de acuerdo con las circunstancias, sin verse obligados por este monstruo. Un gobierno de izquierda nunca lo permitiría.

Definitivamente, las tarifas de los servicios públicos han aumentado demasiado y hay que cambiar esta situación. En esto estamos de acuerdo con el Presidente, pero hay que hacerlo bien, sin populismo y de manera que se beneficie a los usuarios sin perjudicar a las empresas.

Y si hay que subsidiar como en Europa, pues hacerlo, sin miedo de la derecha y de los neoliberales dentro del gobierno y por fuera de este.


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