domingo, 4 de diciembre de 2022
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Isabel II: Lideresa incuestionable

Diva Criado, Columnista, Más Colombia

Diva Criado

Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.

Si tenemos que hablar de líderes del siglo XX y principios del siglo XXI, el liderazgo de Isabel II es incuestionable. La historia del Reino Unido, Europa e incluso del mundo, no se entendería sin el papel Institucional de esta mujer, símbolo inquebrantable del espíritu británico, un referente para las monarquías europeas y una alegoría a la institucionalidad. 

Tras su muerte, deja un legado para lo bueno y para lo malo. En los buenos y en los malos tiempos, brindó estabilidad y fortaleza a los británicos. De alguna forma Isabel II, después de la Segunda Guerra Mundial, simboliza el rejuvenecimiento del Reino Unido y la transformación del Imperio en lo que conocemos actualmente como Commonwealth. Asumió con profesionalismo el papel cada vez más simbólico de la Corona.

Sus 70 años de reinado, los llevó con una dignidad y un liderazgo innato, una mujer discreta que supo mantener su sentido del deber con una vida intachable.

Jefa de la Commonwealth y cabeza de la Iglesia de Inglaterra, sorteó con éxito la enorme atención que producía y los malos momentos de la institución que representaba. En su “Annus horribilis”, discurso pronunciado en 1992, dados los acontecimientos que le marcaron esa época, como el devastador incendio del Castillo de Windsor y los escándalos de sus hijos y nueras.

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En esa intervención histórica por lo trascendental, ella reconocía el deber y legitimidad de la sociedad británica para someter a la corona al escrutinio público, siempre que se hiciera con respeto. Isabel II reconocía sus errores y, sobre todo, los de su familia, asumiéndolos; a su vez, comunicaba su voluntad y capacidad para reconducirlos. 

Cuentan que tenía una impronta de humor negro característico. Todos recordamos cuando tomó el timón de su camioneta, dándole una lección de feminismo (1998) al Rey Abdalá, de Arabia Saudita, un país donde hasta hace poco no se les permitía a las mujeres manejar. El Rey, asustado, le pidió que no hablara mientras manejaba. 

Su abuela, la Reina Victoria, era su referente. Decía que creía en su vieja máxima: “moderación en todas las cosas”. Contaba en el discurso en comento, que su abuela le pedía al obispo que rezara por su familia: “Señora, no podemos orar con demasiada frecuencia, ni con demasiado fervor, por la familia real”. La respuesta de la Reina: “Demasiado fervientemente, no; con demasiada frecuencia, sí”.  

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Nunca concedió una entrevista; sus ideas se conocieron a través de contados discursos, a veces escuetos y muy pocos, para tan larga trayectoria. El Brexit logró agitar su aplomo, cuando expresó su decepción con la clase política y “su incapacidad de gobernar”. Fue durante una reunión privada, tras la salida de David Cameron, por cuenta de los resultados del referéndum del 2016, que pronunció las palabras recogidas por la prensa. Sin embargo, la Reina estuvo al margen de la crisis constitucional desatada por el Brexit; no así de la crisis generada por la pandemia. En la navidad del 2020, envió un mensaje tranquilizador y emotivo que todos agradecimos.

Su tenacidad era admirable. Hace apenas 5 días, la veíamos en los noticieros, cumpliendo con su deber. Con su inseparable cartera negra, visiblemente demacrada, encorvada y de pie, recibía en Balmoral a la sucesora de Boris Johnson, la Primera Ministra Liz Truss, quien tiene dos años para remontar la inconformidad ciudadana, una inflación galopante y los descomunales aumentos en los costos de la electricidad y el gas. 

Se fue Isabel II, su vida de servicio se extiende más allá de nuestros recuerdos, siempre será un modelo que vale la pena observar, una inspiración para muchas mujeres y para muchos líderes mundiales. 

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