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miércoles, 11 de marzo de 2026
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La ciudad del dolor y del miedo

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

El pasado “Día sin carro”, aprovechando la cercanía entre mi lugar de trabajo y mi casa, decidí retornar caminando luego de la jornada laboral. 

Si bien es una ruta que podría hacer con más frecuencia, los años, que no vienen solos, como dicen los abuelos, y el temor de caminar por el centro de la ciudad siempre me han detenido para convertir la caminata trabajo-casa o casa-trabajo en una práctica habitual. Pero la ocasión se manifestó propicia y muy a las 4:30, salí del barrio La Candelaria. 


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Comencé bajando por la Plaza del Chorro en medio de la gran afluencia de gente que se concentra en esa zona para tomar algo y apreciar algún espectáculo callejero. 

Llegando al Parque de los Periodistas, un lugar que, desde mi humilde opinión era uno de los más bonitos de Bogotá, el espacio se empezó a tornar, por decirlo de alguna manera, denso. Suciedad, basura, inseguridad y la que fuera en otros tiempos una hermosa plaza, convertida en dormitorio permanente de habitantes de calle se presentó para mí como el panorama imperante. 

Caminando por la avenida 19 hacia la carrera séptima, vi el contraste del súper edificio-centro comercial Bacatá y los locales de comida, ropa y calzado que muestran el paso de los años y la falta de mantenimiento. 

Hasta ahí, me quedé con la percepción de una ciudad  grande “normal”; sin embargo, al iniciar el recorrido por la carrera séptima hacia el norte, a partir de la calle 19 y hasta la 26, los sentimientos que me embargaron fueron la tristeza y el miedo. 

En septiembre de 2012 se tomó la decisión de peatonalizar la carrera séptima, basados en la positiva experiencia de varias ciudades importantes del mundo tales como Barcelona, Santiago de Chile o Buenos Aires.  En estas ciudades, el centro se convirtió en un punto turístico y comercial importante. 


En Bogotá, de manera particular, se esperaba que con esta peatonalización se pudiera revivir el famoso “septimazo”, considerado el paseo ideal para locales y foráneos, en los años 70, 80 y 90. 

Pero nada salió como se esperaba y, hoy, el septimazo no es otra cosa que un camino tortuoso, sucio, peligroso y plagado de ventas ambulantes de ropa usada y objetos de cuestionable utilidad, comida callejera sin ningún control sanitario, cantantes improvisados, contaminación visual y auditiva y grandes zonas propicias para ser víctima de actos delictivos. 

Esto, valga la aclaración, sucede en esta zona en particular. Ni qué decir la avenida 19 hacia el occidente, prácticamente tomada, a partir de la carrera 10, por grupos de personas que duermen en las calles y en los separadores.

Para cualquiera, pero en particular para quienes nacimos en Bogotá, esta situación es muy dolorosa. Más doloroso aún que hayan pasado varias administraciones sin que ningún mandatario o mandataria tome medidas que impidan esta pauperización del centro de la ciudad. 

Son administraciones que no han concertado con los gobiernos nacionales para proveer a estos vendedores ambulantes de espacios idóneos para vender sus productos, ni se han preocupado por los habitantes de calle que cada día son más y cada vez están en condiciones más indignas.

Qué bueno sería escuchar de boca de al menos uno de los candidatos a la Alcaldía de Bogotá un programa concreto, viable y creíble que lograra dar una solución a este grave y doloroso problema que tiene tan golpeado a Bogotá. Qué bueno sería que su proyecto se hiciera realidad.