La cumbre de la CELAC y la Unión Europea: tensiones y desacuerdos
El 17 y 18 de julio se realizará en Bruselas la Cumbre de la CELAC con la Unión Europea. Este encuentro, que no se realizaba desde hace 8 años, se desarrollará en un momento particularmente conflictivo de las relaciones entre los bloques de ambas regiones debido a la crisis mundial. Además, coincide con que España será el país que asume la presidencia de la Unión Europea.
La relación de los dos bloques en las últimas décadas se ha centrado en la suscripción de tratados de libre comercio, que tienen que ver tanto con la eliminación arancelaria como con las inversiones.
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Los tratados de libre comercio: acuerdos claves en la Cumbre de la CELAC y la Unión Europea
En el caso de América, la Unión Europea ha suscrito varios tratados de libre comercio, llamados Acuerdos de Asociación, como el firmado entre Colombia y Perú (2012), México (1998), Chile y (2003). Algunos de estos acuerdos ya están en renegociación.
Es importante precisar que el término usado para significar la renegociación en varios de estos acuerdos es el de “modernización”, como es el caso en los de México y Chile.
Otros tratados llevan muchos años de negociaciones sin haber logrado su ratificación, como es el caso de los países del Mercado Común del Sur (Mercosur), Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Por razones culturales e históricas, España es la puerta de entrada de Europa en América Latina, por lo que usará su papel en la presidencia para intentar reforzar los vínculos birregionales.
Estos tratados de libre comercio se han visto acompañados de tratados bilaterales de inversión, que buscan garantizar la protección de los inversionistas extranjeros europeos en Latinoamérica y facilitar la resolución de controversias inversionista de Estado mediante la intervención de tribunales internacionales.
Sin embargo, los resultados de estos tratados dejan mucho que desear debido a que América Latina ha mantenido su estructura exportadora basada en materias primas y productos básicos, y a que la participación de las manufacturas en las exportaciones ha decrecido en las últimas décadas.
Dentro de las materias primas y productos básicos que exporta Latinoamérica al mundo están los hidrocarburos y minerales.
Una cumbre con dificultades
La relación entre la Unión Europea y América Latina ha estado cargada de tensiones. Al principio, el viejo continente buscó los minerales e hidrocarburos de la región. Ahora, y en nombre del cambio climático, los países europeos están en busca de litio, hidrógeno verde y hierro, pero manteniendo la estructura exportadora de productos manufacturados sin propiciar las transferencias de tecnología.
Un ejemplo de la tensión entre ambas regiones es el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, logrado en 2019 y cuya negociación duró 20 años. En la actualidad, este acuerdo no ha sido ratificado por la oposición de agricultores europeos que ven con preocupación la competencia de Brasil y Argentina.
Además, los gobiernos brasileros han rechazado las nuevas exigencias de la Unión Europea relacionadas con la deforestación del Amazonas y las nuevas propuestas en materia de cambio climático.
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Aunque todas las partes afirman estar dispuestas a la ratificación del tratado, en realidad, difícilmente este se podrá ratificar en la medida en que aumentan las tensiones mundiales, los enfrentamientos geopolíticos –producto de la guerra en Ucrania– y el eventual fortalecimiento de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que amenazan en convertirse en un nuevo polo geoeconómico.
La insatisfacción de muchos países latinoamericanos y caribeños con la Unión Europea es notoria cuando cuestionan la clase de relaciones que mantienen entre sí, en la cual los europeos son ampliamente beneficiados.
Esta relación, más que crear nuevas fuentes de riqueza, se ha concentrado en adquirir bienes públicos ya establecidos, como es el caso de los servicios públicos, por parte de los países europeos y garantizar la provisión de materias primas necesarias de los países latinoamericanos para sus industrias.
Una diplomacia intensa para seducir a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – CELAC
En búsqueda de un acercamiento con Latinoamérica, la Unión Europea ha desplegado en los últimos meses una intensa diplomacia, como lo prueba la reciente gira de Úrsula Von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea, por Brasil, Argentina, Chile y México.
En su visita a los países latinoamericanos anunció nuevas inversiones por cerca de 10.000 mil millones de euros, desde 2023 y hasta 2027, dentro del plan de inversiones de la Unión Europea Global Gateway.
También el vicepresidente de la Comisión Europea, Joseph Borrell realizó cinco viajes en el último año a la región, en los cuales anunció un énfasis en la asociación estratégica con Latinoamérica para reforzar el “orden internacional basado en reglas y defender la democracia y los derechos humanos”.
En declaraciones durante una visita a Santo Domingo, Borrell había señalado que, ante un mundo en el cual van a desaparecer los hidrocarburos, América Latina puede ser el nuevo Golfo Pérsico, refiriéndose a las reservas de litio de la región.
Sobre los conflictos geopolíticos en Ucrania, Borrell afirmó que esta guerra a la que “nos enfrentamos ahora no es un problema entre europeos, no es algo ante lo que los iberoamericanos se puedan lavar las manos diciendo ‘no es nuestro problema’, [esta guerra] afecta al equilibrio del derecho, de las libertades y del progreso del mundo”-
Dentro del proceso de acercamiento que la Unión Europea busca con América Latina y el Caribe han desempeñado un papel importante los viajes del presidente Gustavo Petro a España, Francia y Alemania que parecen estar más en la agenda europea que en la agenda reivindicativa de la CELAC.
El plan Global Gateway explícitamente quiere contrarrestar los planes de China que había anunciado programas de inversiones por 300.000 millones de dólares para los países en desarrollo.
En vísperas de la cumbre las tensiones han arreciado. La página Euractiv ha filtrado que la propuesta de la Unión Europea de declaración de la Cumbre de la CELAC y la Unión Europea incluía la necesidad de condenar la guerra de agresión rusa contra Ucrania, menciones que no fueron aceptadas por los latinoamericanos.
Como es bien sabido en el seno de la CELAC hay diversas y aun enfrentadas posiciones sobre este conflicto, pero además los latinos en su propio proyecto han incluido la exigencia de reparaciones por los daños causados por la esclavitud y, en lugar de apoyar en forma entusiasta la iniciativa financiera de la Unión Europea, apenas “toman nota” de la misma y añaden que se muestran en desacuerdo con imponer barreras comerciales unilaterales bajo pretextos ambientales.
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