sábado, 9 de mayo de 2026
Inicio  »  Columnistas  »  La nieta de Don Roberto

La nieta de Don Roberto

Marta Isabel González, Columnista, Más Colombia

Marta Isabel González

Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.

— Vea Hernando, le presento a Marta Isabel, la nieta de Don Roberto Pérez.

— ¿De don Roberto? ¿De Don Roberto el de La Veracruz?

— Sí señor, yo soy la nieta de Don Roberto, el de La Veracruz.

Hace unos días, fui a conocer a una prima de unas primas que terminó siendo algo así como una prima mía y me presentó a Hernando, un señor muy amable que trabaja en su finca que, como La Veracruz, queda en El Carmen de Viboral.

La Veracruz era la finca de Don Roberto, mi abuelo. La Veracruz y su dueño, más que una finca y un nombre, eran una moneda de cambio, un sello de garantía, una prueba de honradez. 

Marta Isabel y su abuelo, Don Roberto

En La Veracruz pasé no sé cuántos diciembres y eneros, hasta que la violencia nos robó las navidades frías, la pólvora de mi abuela, la fogata de las noches, las subidas al árbol de pomas, el columpio hecho con una llanta vieja y una cabuya sacada de un garaje que guardaba todo tipo de antigüedades inútiles que el día menos pensado terminaban siendo útiles; también nos quitó las idas al pueblo a entregar la leche, las montadas a caballo y las tardes soleadas del mes de enero que nos hacían volver morenos cuando se acababan las vacaciones, aunque las habíamos pasado en tierra fría. 

De esta columnista: S.O.S.

No me estoy quejando; la verdad es que a nosotros la violencia no nos quitó mucho y a muchos otros les quitó todo. Aún así, creo que tengo derecho a lamentar los diciembres en los que La Veracruz no tuvo quién la cuidara, quién la pintara ni quién la visitara. Así, de a poquitos, se fue cayendo la finca, se perdieron las noches de jugar cartas, el maíz y los frijoles que no se recogieron y las tardes de enero que no se pudieron convertir en recuerdo. 

Portón de La Veracruz

Tantas historias que no pasaron, que no son más que la añoranza de un recuerdo, me hicieron pensar que lo que significaban Don Roberto y La Veracruz para la gente del pueblo también se había perdido en la memoria colectiva de lo que no fue. Pero estaba equivocada: muchos años después Hernando me hizo descubrir que La Veracruz y don Roberto siguen estando en la memoria colectiva del pueblo, que aunque la finca ya no es de la familia, el nombre de mi abuelo sigue siendo un sello de garantía. 

También de esta columnista: ¿Vulnerable yo?

Sentí unas ganas enormes de volver a una tienda que ya no existe, pedir muchos dulces sin tener un peso en el bolsillo y como pago decir: “yo soy la nieta de Don Roberto”, para después salir tranquilamente y sin que el dueño de la tienda sintiera ningún tipo de preocupación porque sabía que Don Roberto, el de La Veracruz, después volvería para pagarle más de lo que su nieta había gastado.

Finca La Veracruz

Más de esta columnista: Una historia de terror (para emprendedores)

Salir de la versión móvil