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jueves, 1 de enero de 2026
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China y la Segunda Guerra Mundial: entrevista con especialista

Más Colombia habló con un experto sobre el liderazgo chino como potencia global, analizando el desfile militar, su narrativa histórica y sus relaciones con Rusia y Corea del Norte.

Héctor Hernán Díaz Guevara en la Feria del Libro, especialista entrevistado sobre liderazgo chino.

 

China y la Segunda Guerra Mundial: entrevista con especialista

La conmemoración de la victoria sobre Japón en la guerra de resistencia en vísperas de la Segunda Guerra Mundial volvió a poner a China como potencia global en el centro de la conversación internacional. El desfile militar del 3 de septiembre de 2025 en la Plaza de Tiananmen, celebrado por el 80.º aniversario del fin de la guerra contra el Japón, fue una de las exhibiciones más imponentes de la historia reciente del país y reforzó la imagen del liderazgo chino ante el mundo.


Más de 12.000 soldados del Ejército Popular de Liberación participaron, con la presencia de Xi Jinping y los líderes Vladímir Putin y Kim Jong-un, entre otros, en su primera aparición pública conjunta. Se exhibieron misiles hipersónicos, drones submarinos y unidades de ciberdefensa, mostrando la modernización tecnológica del ejército, un elemento central en la estrategia de China como potencia global. Xi aprovechó la ocasión para advertir que el mundo enfrenta una encrucijada entre la paz y la guerra, subrayando la cooperación internacional.

Más allá de la espectacularidad, estos actos construyen un relato político. Para analizar esto y las alianzas con Rusia y Corea del Norte, conversamos con Héctor Hernán Díaz Guevara —historiador especializado en la Guerra Fría y la disputa estratégica entre China y Estados Unidos—, quien ofrece un análisis histórico y geopolítico sobre cómo China construye su narrativa histórica.

Bandera de China ondeando frente a la Torre Perla Oriental en Shanghái.
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¿Cómo utiliza el gobierno chino su papel  en la Segunda Guerra Mundial para legitimar su papel como potencia global y, al mismo tiempo, redefinir el relato frente a Occidente?

Lo primero que hay que entender es que el uso de la historia siempre es político. Todos los Estados construyen un relato nacional que sirva para legitimar al propio Estado y al gobierno, tanto frente a su población como hacia el exterior. China no es la excepción.

Al volver sobre las ocho décadas de la victoria contra el imperialismo japonés, el gobierno chino busca establecer una continuidad entre esa gesta heroica y la actualidad. El Ejército Popular de Liberación, brazo armado del Partido Comunista Chino (PCCh), se presenta como el heredero  de aquella lucha contra la  versión japonesa del fascismo.

El mensaje no se queda solo dirigido hacia la política interna sino que también proyecta una línea de continuidad entre los aliados de entonces y las alianzas actuales. Y así como en los años cuarenta la República de China, gobernada por el Kuomintang de Chiang Kai-shek, contó con la cooperación de la Unión Soviética —y luego con el PCCh— hoy la República Popular China subraya su amistad estratégica con la Rusia de Vladimir Putin. Esa evocación simbólica fortalece la legitimidad de sus alianzas contemporáneas.


Los demás países de Asia, América y el mundo que estuvieron presentes en la guerra son convocados nuevamente a refrendar ese legado histórico. De ahí también la molestia expresada por Donald Trump cuando, durante su mandato, insistía en destacar la participación de soldados estadounidenses en el frente chino. Aunque sí hubo incursiones militares de Estados Unidos para debilitar a Japón en territorio chino, estas no fueron masivas ni decisivas. 

La ofensiva final vino de la Unión Soviética, que en agosto de 1945 lanzó un ataque en Manchuria que fue el preámbulo de la derrota del  imperio japonés que se sellaría con el bombardeo atómico ordenado por Washington contra Hiroshima y Nagasaki pocas semanas después.

El relato oficial chino omite deliberadamente el papel estadounidense para enfatizar que fue China, por sus propios esfuerzos, la que logró la liberación frente a Japón. Y esa es la narrativa que se viene a consolidar en desfiles y conmemoraciones: la de un país que se levantó por sí mismo, heroico, autosuficiente y capaz de proyectar ese pasado en la legitimación de su presente como potencia global.

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¿En qué medida podemos entender el liderazgo chino y su relación con Rusia y Corea del Norte como un “momento histórico” comparable a otras alianzas geopolíticas del siglo XX, y qué diferencias fundamentales existen con esas experiencias pasadas?

Para responder conviene recurrir al concepto del “siglo XX corto” (1914-1991) planteado por Eric Hobsbawm, que ubica este periodo entre la Primera Guerra Mundial y la disolución de la Unión Soviética. 

En la primera mitad del siglo XX corto encontramos un mundo fragmentado: Estados Unidos en ascenso pero todavía aislacionista; Europa atrapada en la decadencia de sus imperios coloniales; la Unión Soviética consolidándose dentro de sus fronteras y como el modelo revolucionario a seguir ; así como el auge de los totalitarismos en Europa . La Segunda Guerra Mundial reconfiguró ese mapa y aceleró el fin de los imperios coloniales, dando lugar a un nuevo orden bipolar entre Moscú y Washington.

Ese orden se sostuvo durante la Guerra Fría, con el Pacto de Varsovia y la OTAN, y con un “tercer mundo” que se convirtió en terreno de disputa. El colapso de la URSS dejó el camino abierto para la unipolaridad estadounidense. Durante los noventa y los primeros dos mil, Washington dominó sin contrapesos. Sin embargo, en la última década —y especialmente desde la llegada de Xi Jinping al poder en 2012— China ha comenzado a articular un nuevo relato capaz de cuestionar esa hegemonía.

Las imágenes de Xi, Putin y Kim Jong-un tomadas en el marco del desfile del 3 de septiembre muestran que los esfuerzos de Washington por aislar a los países que disienten del orden occidental  han fracasado. La idea que dominaba en los noventa, según la cual “el que se mueve no sale en la foto”, ya no se sostiene. Hoy, incluso quienes se apartan de la órbita de Estados Unidos siguen estando en la escena global.


Ahora bien, esta cercanía entre China, Rusia y Corea del Norte no es idéntica a las alianzas del pasado. Durante buena parte de la Guerra Fría, China y la Unión Soviética fueron rivales, y las relaciones con Pyongyang fluctuaron entre la cooperación y la desconfianza. Lo que hoy los une no es un proyecto ideológico común, sino intereses pragmáticos de países vecinos con una historia de alianzas, rupturas y tensiones.

China ofrece el marco económico y político para que estas relaciones se traduzcan en acuerdos concretos, sobre todo en energía y seguridad. Más allá del triángulo Pekín-Moscú-Pyongyang, lo verdaderamente relevante está en la capacidad del liderazgo chino para sentarse con India, otro “Estado civilización” con el que históricamente ha tenido fuertes reservas. Ver a Xi y Modi juntos en espacios de concertación, con Putin mediando, muestra un cambio de fondo mucho más trascendental que la simple foto con el líder de Corea del Norte.

ista panorámica de una ciudad china moderna con edificios y costa al fondo.ista panorámica de una ciudad china moderna con edificios y costa al fondo.
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Desde una perspectiva histórica, ¿Cómo debemos interpretar este lenguaje? ¿Es una advertencia de ruptura real del orden internacional o más bien un gesto retórico para afirmar el liderazgo chino en un escenario multipolar?

En términos de teoría política, siguiendo a un polémico autor como Carl Schmitt, el soberano es quien decide sobre la excepcionalidad, y esa excepcionalidad se manifiesta en la guerra. Por eso, el desfile militar en China debe leerse como una afirmación de soberanía: la muestra de que el país tiene “la espada”, aunque eso no signifique necesariamente que vaya a usarla.

Los desfiles no son novedad en China, lo que cambia es el contexto. Pekín está atravesando un proceso de modernización de su ejército y aprovecha la ocasión para exhibir sus avances tecnológicos. La intención es mantener una disuasión estratégica a través de la proyección de una imagen de poder y control.

No pienso que estemos ante una amenaza real de ruptura del orden internacional por parte de China, entre otras cosas porque este país quizá ha sido el más beneficiado en términos económicos del orden actual, lo suficientemente hábil para jugar con las reglas creadas por Estados Unidos y, dentro de ese mismo marco —el multilateralismo, la OMC, el liberalismo internacional—, sacar ventaja.

Si alguien ha alterado las reglas en los últimos años, han sido los propios Estados Unidos, que al ver debilitada su capacidad de mantener el orden unipolar, han buscado salidas distintas al sistema multilateral que ellos mismos impulsaron. China, en cambio, se presenta como la defensora de ese sistema porque le resulta útil a sus intereses.

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En conclusión, el lenguaje del liderazgo chino como potencia global no debe interpretarse como una amenaza de ruptura, sino como un gesto retórico y simbólico que refuerza su lugar en un escenario cada vez más multipolar. Es una afirmación de liderazgo, más que una declaración de guerra al orden existente.