No fue un beso cualquiera
Diva Criado
Abogada y periodista, Master en Gestión Pública de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Coordinadora de la Sección de derechos humanos, redactora y editora de la Agencia de Noticias La Independent de España.
Tras el hito histórico del triunfo de la Selección española de fútbol femenino en la Copa Mundial, el beso en la boca que dio el presidente de la Real Federación Española de Futbol (RFEF), Luis Rubiales, a Jennifer Hermoso, jugadora de esa selección, empañó la celebración.
Más allá del beso, acusa las conductas machistas con las que lidian diariamente las mujeres de todo el mundo, no solo las deportistas. Demuestra que más allá de la sorprendente actitud del dirigente, existe un patrón de conducta recurrente, producto del sistema soterrado, patriarcal y machista que sigue vigente en la sociedad.
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Mucha gente sigue sin entender que el consentimiento es una cuestión relevante en los tiempos actuales, una cuestión de dignidad hacia la imagen de la mujer.
Para quienes observábamos el partido, era alucinante ver a Rubiales en el palco que compartía con la reina Leticia y la infanta Sofía, tocándose los genitales durante todo el partido. Ante la mirada de centenares de cámaras y millones de personas, su comportamiento no dejó indiferente a nadie.
Luego, cuando vinieron los reconocimientos, el beso no consentido dejó enmarcado su perfil. ¿Qué pensaba? ¿Estaba exultante de emoción? Puede ser, pero he ahí el grado de responsabilidad que tiene una persona en un cargo público.
Debe ser un referente de buena conducta, de buenos modales para la sociedad y la imagen de todo un país. Con razón, los titulares de los periódicos del mundo daban buena cuenta de lo sucedido, condenando el hecho.
Lo que vimos fue a un machista, sexista y vulgar maleducado. Vimos a la máxima autoridad de la RREF coger la cabeza de Hermoso entre sus manos y estamparle un largo beso en los labios, sin preguntar. Un beso que ella no pidió, que no consintió. Luego le espetó sendas palmadas en la espalda que la hicieron tambalear.
Ya en el camerino, momentos después, imagino que sus compañeras preguntaron. ¿Qué pasó ahí? Ella respondió sin titubeos “y ¿Qué hago yo? No me ha gustado, ¿Ehh?”
Con ese qué hago yo, lo que demostraba era un grado de indefensión superlativo. Atónita ante el hecho, sus posibilidades de reacción eran limitadas, por la posición jerárquica del agresor, el momento, todo.
Eso no fue un “pico entre amigos”, como ha dicho Rubiales. Un beso en la boca, sin que haya una relación de amistad y sin consentimiento, es una agresión sexual, clara y llanamente. Estoy segura de que a un jugador masculino no lo besaría igual.
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De otro lado, que no le quiten lo bailao a las campeonas del mundo. La conquista de esta Copa Mundial Femenina no es un premio cualquiera, es un abordaje al significado del fútbol.
Si hay un deporte por antonomasia machista es este juego. “El deporte rey”, considerado hasta hace relativamente poco un deporte masculino. Por eso, este mundial femenino traspasa lo estrictamente deportivo. Es una demostración de que las cosas pueden ser de otra manera.
Es innegable que las mujeres que han decidido hacer carrera como deportistas no lo tienen fácil. Además del nivel físico y la perseverancia que deben demostrar, deben cargar con el estigma de ser mujeres, “más débiles” y expuestas a la hipersexualización.
Frente al valor de las mujeres como deportistas, estas deben cumplir con los roles familiares, están mal pagas, de lejos comparadas con los hombres.
A Rubiales que lo destituyan, ya que asume que no dimitirá. ¡Amanecerá y veremos!