viernes, octubre 15, 2021
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Oro negro, oro verde y Ecopetrol

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Juan Pablo Fernández
Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

Entre 2011 y 2020, las exportaciones petroleras (201.682 millones de dólares) fueron para la nación la primera fuente de ingreso de divisas. De otro lado, como principal frente de salida se ubicó la renta factorial (servicio de la deuda y rentabilidad de la inversión extranjera), ‒150.984 millones‒. Las exportaciones de petróleo financian parte de las importaciones de bienes y servicios, la salida de capitales y al fisco. La caída del precio internacional de petróleo, por ejemplo, entre 2014 y 2016 fue determinante en la devaluación. En 2021 los ingresos petroleros han contenido una devaluación causada por el déficit comercial ‒las importaciones crecen a una velocidad diez veces superior al de las exportaciones‒, e impactan las finanzas del gobierno nacional, quien, ante las exenciones tributarias a grandes patrimonios y capitales bursátiles, necesita de las transferencias petroleras.

Financiar la transformación de la cuestión de la energía significa desarrollar incrementalmente medidas que creen una masa crítica que eleve la eficiencia del uso de energía, incluyendo reducir desperdicios; industrialice en función de la eficiencia energética y de la neutralidad en carbono ‒oportunidad para el relanzamiento de un nodo automotriz en el territorio nacional‒; y permita hacer más complejo el aparato productivo con miras a atender los mercados interno y externo, transformando las relaciones del saqueo por unas de progreso para elevar el ingreso por habitante de Colombia y el monto de la inversión en ciencia, tecnología e innovación.

Ante la cuestión algunas voces dicen que sigamos exportando petróleo u otro bien o servicio nacido de las ventajas comparativas y la especialización porque así tendremos los dólares para importar tecnologías neutras en carbono. Otros han dicho que hay que acabar la exploración y la exportación de petróleo para después suprimir la explotación, lo cual haría desaparecer el neoliberalismo y salvaría a la humanidad. Negar un problema no lo resuelve y lo agrava, pero aceptarlo y plantear una solución enrevesada puede hacerlo peor, e incluso dejar a la sociedad ya no con uno sino con dos problemas.

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Qué significa en una década no volver a sacar una gota de petróleo. Habría que conseguir otra fuente de divisas. Como entre 2011 y 2020 las exportaciones de servicios sumaron 84.500 millones de dólares, estas tendrían que cuadruplicarse. Algunos ven en el turismo la oportunidad para esto, lo que implicaría quintuplicar el número de turistas que ingresan al país (sino se inflan las cifras) ‒91% entran por avión, importante emisor de GEI‒, y elevar el gasto promedio por turista ‒inflado por el lavado de dólares del narcotráfico‒ (Clavijo, 2019) a niveles superiores a los de España o Francia.

De aplicarle a Ecopetrol la metáfora de oro negro por oro verde, cómo sería el camino. Durante sus seis décadas de existencia la compañía ha construido unos activos dedicados a sacar y refinar petróleo. De la totalidad de estos, 72,5% ($110 billones) son planta y equipo y las reservas, incluyendo a Reficar. La empresa debe $53 billones, 94% en moneda extranjera, peso financiero que se elevará por ISA y que la petrolera resiste por los dólares de las exportaciones, lo cuales, de quitarse, limitarían la capacidad de inversión.

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El país también quedaría expuesto a multimillonarios litigios internacionales al amparo de los TLC y otros acuerdos de protección de inversión porque los principales inversionistas privados de la empresa de mayoría estatal son fondos foráneos y el sector hidrocarburos acumula la tercera parte del stock de inversión extranjera. La petrolera tendría inevitables lesiones patrimoniales, estaría obligada a modificar radicalmente el plan de inversión sin fuente cierta de financiación, y el Estado quedaría impelido a capitalizar o no repartir utilidades. El camino podría destartalar a Ecopetrol y a Colombia dejarla sin el pan, sin el queso y sin un duro para la descarbonización.

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Juan Pablo Fernández
Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

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