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martes, 6 de enero de 2026
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Chevron y el petróleo de Venezuela: negocio antes que guerra en la disputa con EE. UU.

A pesar de los movimientos militares de Washington en el Caribe, el verdadero pulso entre ambos países se libra en los campos de crudo venezolanos. Chevron ya extrae y exporta petróleo desde Venezuela, lo que reduce las posibilidades de una invasión militar.

Nicolás Maduro junto a estación de servicio Chevron en Venezuela, referencia al rol de Chevron en Venezuela.

Las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela han vuelto a ocupar los titulares internacionales. En las últimas semanas, buques de guerra estadounidenses se han desplegado cerca de las costas venezolanas, mientras la Casa Blanca endurece su retórica contra Nicolás Maduro y lo acusa de liderar un “cártel narcoterrorista”.

Estas maniobras han despertado las alarmas de sectores que anticipan una posible invasión a Venezuela, evocando episodios como el de Panamá en 1989.


Sin embargo, más allá de la retórica y los movimientos militares, la realidad geopolítica y económica apunta en otra dirección: Washington necesita el petróleo venezolano, y eso limita de forma significativa la probabilidad de una acción bélica directa.

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Chevron en Venezuela: el eje de la relación energética

El elemento que inclina la balanza no está en los buques militares, sino en los tanqueros petroleros. La multinacional estadounidense Chevron, con más de un siglo de operaciones en Venezuela, se ha convertido en un socio indispensable para ambas economías. Tras años de sanciones que paralizaron la industria, en 2022 el gobierno de Joe Biden permitió que la empresa reanudara actividades, en un modelo que mezcla pragmatismo económico con estrategia diplomática.

La importancia de Chevron es difícil de exagerar. Según cálculos de la consultora Ecoanalítica, cerca del 30% de los ingresos en divisas de Venezuela provienen de sus operaciones, y alrededor del 40% de los dólares que circulan en el sector privado para importaciones también tienen su origen en esta compañía.

En agosto de 2025, dos buques de Chevron cargaron crudo en Venezuela y lo enviaron a refinerías en Texas. Estos movimientos ilustran que, mientras Washington exhibe músculo militar en el Caribe, en realidad está garantizando que el flujo de petróleo hacia su mercado continúe.

Primer plano de Donald Trump con gesto serio, imagen oficial de la Casa Blanca, usada en nota sobre petróleo Venezuela.
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De las sanciones al pragmatismo

La relación entre Caracas y Washington en torno al petróleo ha sido una montaña rusa. Durante su primer mandato, Donald Trump impuso duras sanciones a PDVSA, con la intención de asfixiar financieramente al gobierno de Maduro. Estas medidas aceleraron el colapso económico y contribuyeron al éxodo de millones de venezolanos.


No obstante, con el tiempo, la necesidad de crudo barato y la presión de actores privados obligaron a un cambio de enfoque. Chevron logró una licencia especial de la OFAC para operar bajo un esquema que prohíbe pagos en efectivo al gobierno de Maduro, pero permite un sistema de petróleo por deuda y pagos en especie, con el cual la empresa recupera los 3.400 millones de dólares que PDVSA le adeuda.

En otras palabras, el negocio no desapareció: mutó en una fórmula en la que Washington puede sostener que no financia directamente al régimen, mientras asegura suministro energético para su mercado interno.

La narrativa de la “invasión a Venezuela”

El reciente despliegue de destructores y marines cerca de las costas venezolanas alimenta el temor de una intervención militar. El Pentágono no ha explicado los criterios de las operaciones, y algunos analistas recuerdan paralelos históricos con el golfo de Tonkín o la invasión de Panamá.

Maduro, por su parte, movilizó a 4,5 millones de milicianos y denunció un intento de agresión extranjera. En la narrativa del oficialismo, Estados Unidos estaría preparando una invasión bajo el pretexto de la lucha antidrogas.

Sin embargo, los factores energéticos hacen improbable ese escenario. Una acción bélica que interrumpa el flujo de crudo venezolano iría en contra de los propios intereses estratégicos de Washington, sobre todo en un contexto global de volatilidad en los precios del petróleo.

Agente de la Policía Nacional Bolivariana de Venezuela en control vial, vinculada al conflicto Estados Unidos Venezuela.
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El peso del petróleo de Venezuela en la economía global

Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, más de 300 mil millones de barriles. Aunque su producción cayó a mínimos históricos de 365.000 barriles diarios en 2018, hoy se ubica en torno al millón de barriles diarios gracias, en gran parte, al regreso de Chevron.

La meta de la compañía es producir hasta 200.000 barriles diarios en el corto plazo, lo que supondría cerca de una quinta parte del total nacional. Para la golpeada economía venezolana, esto representa un alivio que permite proyectar un modesto crecimiento del 2% en 2025.


Para Estados Unidos, en cambio, implica diversificar su suministro energético en medio de la competencia geopolítica con países como Rusia e Irán, también exportadores hacia mercados sensibles. En este ajedrez, el petróleo venezolano es demasiado valioso como para ponerlo en riesgo mediante una invasión.

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Chevron como barómetro geopolítico

El negocio de Chevron en Venezuela se ha convertido en un barómetro de la geopolítica y la economía de sanciones. Cada licencia que recibe la compañía refleja un giro en la política exterior de Washington hacia Caracas. En febrero de 2025, Trump revocó el permiso concedido por Biden; en julio, en un cambio de estrategia, lo restableció, permitiendo reanudar las exportaciones de crudo a Estados Unidos.

Este vaivén demuestra que la relación energética está supeditada a intereses políticos, pero también que existe un límite claro: a diferencia de otras petroleras que abandonaron el país, Chevron se ha mantenido como una pieza clave en el tablero. Y esa continuidad es incompatible con una operación militar que destruya la infraestructura sobre la que se sostiene el negocio.

Negocio antes que guerra

El ruido de sables no debe distraer del hecho esencial: mientras se habla del conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, en los puertos del Caribe se están cargando buques de crudo que alimentan la economía de ambos países.

Es cierto que Washington mantiene sanciones y presiona políticamente a Maduro. También es cierto que el despliegue militar busca enviar un mensaje de fuerza. Pero la dependencia del petróleo venezolano convierte a Chevron en un amortiguador que reduce al mínimo las posibilidades de una invasión.

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