HomeIndustria“En Colombia hay programas universitarios que enseñan a tocar marimba y a destilar viche”: Manuel Sevilla

“En Colombia hay programas universitarios que enseñan a tocar marimba y a destilar viche”: Manuel Sevilla

En la segunda parte de la entrevista, Manuel Sevilla, investigador, músico y jurado del Festival Petronio Álvarez, reflexionó sobre la nueva valoración de la cultura del Pacífico colombiano y la inclusión de sus saberes en programas universitarios.

Manuel Sevilla es Comunicador Social de la Universidad del Valle y Doctor en Antropología de la Universidad de Toronto. Ha sido becario de organizaciones como la National Geographic Society, Fundación Latin Grammy, New Orleans Jazz Festival y el Ministerio de Cultura, entre otros. Actualmente es profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali y es integrante del Comité Conceptual del Festival Petronio Álvarez y del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Ha liderado varios proyectos de creación musical y teatral sobre el patrimonio cultural colombiano.

Se podría decir que Cali, además de ser históricamente esa “capital mundial de la salsa”, en los últimos años se ha convertido en la capital musical de los sonidos tradicionales del Pacífico?

Yo diría, una vez más, que el Pacífico nos reta en nuestros pensamientos. El profesor Fernando Urrea, un investigador senior muy reconocido de la Universidad del Valle, tiene un concepto con el que estoy de acuerdo y es el de la migración circular en el Pacífico. Su argumento es que nadie se va del todo de su lugar de origen; lo que hay es gente moviéndose. Hay gente que vive en Cali, pero va a Barbacoas, o gente que vive en Barbacoas que viene a visitar a su parientes en Buenaventura y luego se va a Cali. Hay un movimiento permanente. Por supuesto, la gente está radicada en un lugar, pero eso no quiere decir que esté trasplantada y que no vuelva a su ciudad de origen. 

Entonces, lo que veo es que en ese proceso de migración circular, si lo pensamos en términos de música, yo diría que Cali es una estación muy importante y única. Tanto por sus particularidades en términos de plataforma de visibilidad y de espacio para hacer contactos, como de condiciones de accesibilidad. En este sentido, si lo pensamos en términos de dónde es más fácil grabar bajo ciertas condiciones, o dónde es más fácil tener un punto de base para moverse y hacer presentaciones en diferentes partes del país, claramente es Cali. Esta ciudad tiene un aeropuerto internacional que no se cierra nunca, por su clima y posición geográfica en el país, y donde las personas se pueden mover con facilidad hacia el resto del mundo. 

Sin embargo, nada de eso sería posible si en lugares como Charco (Nariño), Mosquera, Pizarro o Bahía Solano no hubiera agrupaciones haciendo música que después llegan acá. Entonces, la visión que promovemos es que tenemos que mantener el balance entre la práctica musical en las localidades más pequeñas, donde la música se mantiene viva de la mano del quehacer cotidiano, y las condiciones en Cali para que eso se pueda hacer visible, incluyendo los puntos intermedios. 

En realidad, iba más por el lado de saber qué hace que algunos músicos de estos sonidos tradicionales prefieran radicarse en Cali, en vez de quedarse en su lugar de origen o incluso irse a otros países.

En Cali la práctica cultural y las prácticas que soportan la música están presentes todo el tiempo. Entonces, una persona que quiera venir a hacer música a Cali y que tenga las condiciones para subsistir en esto, sigue encontrando aquí muchos elementos propios de muchos puntos del Pacífico del litoral y ribereño que están acá. Conversaba con el director de la Escuela Taller, aquí en Cali, y él nos decía “—mire, hay mercados de víveres en puntos del Oriente de Cali donde usted encuentra todos los ingredientes que usted encuentra en el litoral: pescado seco, papa china, una cantidad de cosas”. Eso es un dato importantísimo, porque una persona que migra a Cali puede ir a mercar allá y encuentra lo mismo que en su lugar de origen. 

Entonces, sí hay una presencia cultural que es muy importante. Yo creo que el Festival ha contribuido a que los hijos de migrantes puedan conocer mucho acerca de su origen, que los que no somos ni migrantes ni hijos de migrantes del Pacífico podamos conocer un pilar de nuestra ciudad y que, idealmente, el resto de Colombia lo pueda hacer. En este sentido, sí es mucho más fácil que alguien pueda volar a Cali y acercarse a esta experiencia que volar a un punto remoto. Ahora, lo que sistemáticamente va a ocurrir es que alguien va al Festival, lo conoce y luego dice “venga, yo quiero conocer Guapi”. 

Alguna vez hablamos con Carlos Vives sobre la geografía de sus canciones. Y él decía: “—es que yo menciono a Santa Cruz de Mompox, yo menciono al Valle y yo menciono a Gaira, o a Pescadito, básicamente porque yo viví allí, porque yo he pasado ahí, porque la persona que menciono yo la conozco”. El Vallenato, en ese sentido, ha hecho una labor importantísima de poner en el imaginario de muchos colombianos los puntos remotos. He visto gente manejando por la Guajira que de pronto llega a Fonseca a sacarse una foto, porque de allí era “El Cantor de Fonseca”. Ahora, hay una cantidad de pueblos en la Guajira que, como no tienen canción, los del interior no los conocemos, pero sin duda, la gente lugareña sí. 

En resumen, creo que mucha gente hoy tiene en la oreja que hay un lugar que se llama Timbiquí y que ahí hay música, porque Herencia de Timbiquí lo ha contado, Nidia Góngora de Canalón lo ha contado y así sucesivamente. Eso es importante que se haya dado y que en el panorama de muchas personas Buenaventura exista, no solo por su larga historia, sino porque hay gente que ha cantado sobre Buenaventura. Lo mismo con Tumaco y muchos lugares que empiezan a estar en el radar de las personas del interior merced a las canciones, y eso me parece fundamental. 

Manuel, ¿cómo se explica que un Festival que convoca tanta gente alrededor de la música, la fiesta y el licor, a lo largo de tantas ediciones no haya tenido hechos de violencia en una ciudad tradicionalmente señalada como una de las más violentas? 

Hay varias hipótesis. Algunos dicen que estamos hablando de una música que viene con combo. Cuando se habla de la música del Pacífico, un rasgo general es que es una música comunitaria y ese es un elemento fundamental. 

En primer lugar, tiene un componente musical que se llama “pregunta y respuesta”. Mucha música del Pacífco implica que alguien canta y el coro responde, y para responder básicamente hay que aprenderse lo mínimo que se acaba de escuchar. La destreza musical no es enorme y rápidamente las personas se integran en el coro. Entonces, en el norte del Cauca hay una canción que se llama La Guacharaca, y dice “—¿Dónde está la Guacharacha?”, y la gente siempre va a responder: “—En el palo está”. Y la que todo el mundo conoce como Kilele: “—¡Todo el mundo está bailando! —Kilele”. Te aprendiste eso y eres parte del coro multitudinario. Entonces, es música comunitaria. 

En segundo lugar, hay una cantidad de elementos que proponen una lógica diferente. El  baile no es un baile en pareja. Cuando se baila música del Pacífico se hacen coreografías o se baila solo, es una música que se hace entre todos. Eso podría hacer que tuviésemos menos presión sobre la muestra individual, en donde “yo soy el mejor bailarín y, segundo, esta es mi pareja y vos no me la mirás”. Los que han estado en el Festival se dan cuenta de que hay coreografías de 20 y 30 personas al mismo tiempo y el gusto es poder hacer eso. 

Posiblemente, también —y esta es una hipótesis un poco más irresponsable—, entre más embriagada está una persona, más propensa está a la violencia, pero al haber baile hay un procesamiento diferente del alcohol. La gente que va al Festival no está en un espacio cerrado sino abierto y se está moviendo constantemente. Y hay un ethos muy particular que hace que uno esté más en modo de escuchar música, tomar un trago, comer y bailar que en ver a quién le muestra lo que baila o lo que tiene, y el careo que podría conducir a hechos de violencia. 

Ese es uno de los grandes misterios. 

Yo estoy yendo desde el Festival de 2008 porque parte de mi función implica hacer eso en una posición privilegiada, en la tarima de los presentadores de televisión. Y nunca he visto una pelea. He visto gente embriagada totalmente, gente que parece ser turista a la cual el viche le pega duro o la toma seca le pega duro. Pero lo que he visto es que la gente la ayuda a salir y a recuperarse. No he visto dos tipos pegándose, dos mujeres jalándose del pelo o a puños, que uno desafortunadamente ve en otros escenarios. 

En muchos carnavales y ferias del país hacen presencia las industrias de licor de siempre y las grandes marcas de comida nacionales y extranjeras. En el Petronio no. ¿Podría contarnos por qué?

El Festival tiene dentro de su misión la visibilización de las prácticas culturales del Pacífico en torno a la música y una de esas prácticas es la producción y el consumo de licores artesanales en condiciones particulares. Para que eso pueda ocurrir hay que cuidar el consumo del licor.

A mí esto me gusta decirlo y es que en los días del Petronio Álvarez se invierte la lógica que se ve en el resto del año. El resto del año, en cualquier evento masivo donde hay licor, hay Policía verificando que no se entre licor de afuera para que se consuma el de adentro. Aquí también se da, pero lo que se verifica es que los asistentes no entren el licor industrial para que se consuma el licor artesanal que está adentro. Ese licor es un licor producido de manera responsable y cuidadosa por los artesanos del viche, pero producido a escala. No se producen miles de botellas ni los productores sacan lotes de miles para venderlos. Es el proceso artesanal del viche de Doña Tere, del Viche positivo de Canalón. Cuidar eso y mantener esa relación uno a uno implica que no haya presencia de licores industriales. Eso, por supuesto, tiene su lado más complicado, y es que esos patrocinadores traerían un capital importante.

Le puede interesar  El comercio electrónico ha incrementado las adulteraciones y las falsificaciones

Entonces, ¿cómo se financia el Festival?

Hay una partida significativa por parte de la ciudad de Cali, es decir, es un festival público, financiado con los impuestos de los caleños y la ciudadanía caleña. También hay unos aliados importantes que han hecho presencia en el Festival como patrocinadores de ciertas áreas, que no tienen que ver con el mundo del licor. Por ejemplo, empresas de arroz. Durante varios años, ha habido empresas que son co-patrocinadoras, porque hay una zona de comidas donde el arroz es un insumo significativo. 

Hemos tenido también aliados muy importantes. Por ejemplo, una empresa de gas, pero no vas a encontrar patrocinio de una industria de licores o de bebidas azucaradas. Dejando en claro que la mayor parte proviene de fondos públicos, también tenemos otros aliados y patrocinadores cuya presencia está orientada al fortalecimiento de la diversidad, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Ellos financian un programa de patrimonio cultural para la paz y han acompañado y subvencionado algunos apartados del Festival. El Ministerio de Cultura también hace un aporte. Entonces, claramente, lo que tiene que ver con licores, teniendo en cuenta que uno de los elementos centrales de la identidad Pacífica pasa por las bebidas tradicionales, pues va a ser difícil que se encuentre allí. 

Para cerrar, ¿cuál es la importancia del Festival para las nuevas generaciones?  

Yo creo que hay un impacto significativo. Procuro no moverme desde la opinión sino tratar de encontrar referentes empíricos. Uno, el recambio generacional en las agrupaciones que tenían adultos muy mayores. Ahora tenemos violinistas jóvenes, tamboreros jóvenes y cantantes e intérpretes jóvenes. El Festival recibe cada vez más personas desde los 14 años. Eso es significativo. 

Indicador número dos, muchas personas ejerciendo su identidad, la propia de la estética afro, no solo durante en el Festival sino también en otros momentos. 

Y, tercero, una serie de iniciativas que se han venido dando sobre todo desde la academia y las universidades de la ciudad, que han empezado a incluir en sus currículos o programas de formación en música. Ahí debo resaltar que el Instituto Departamental para las Bellas Artes tenga formación en Marimba y que la Universidad ICESI, en su recién inaugurado programa de Música, incluya la marimba como uno de los instrumentos de formación. Eso es muy diciente. 

También tenemos otras instituciones que no forman músicos pero que incluyen dentro de sus campos de acción las músicas tradicionales. Por ejemplo, la Escuela Nacional del Deporte, con sede en Cali, que tiene un programa de estimulación infantil que se llama Ronda Litoral. Este es un grupo de fisioterapeutas estudiantes, que van a un colegio y con música tradicional del Pacífico hacen estimulación infantil y los niños dichosos con el tema. Ahora, esto sin duda alguna funciona entre niños de formación cultural del Pacífico, pero estamos seguros de que niños con otras tradiciones culturales reaccionarían de la misma manera a la estimulación a través de las músicas del Pacífico. Ahí hay una apuesta que sería interesante y es que a futuro los canticuentos fueran rondas del Pacífico, por todo lo que eso puede significar.  

¿Qué tanto se están formando a nivel profesional nuestros músicos colombianos en músicas e instrumentos del Pacífico?

En el reciente Foro Nacional de Cultura – capítulo Pacífico, alguien ponía el acento allí y decía, con justa razón, que el escenario afortunadamente es otro. Hace unos 20 años no se encontraba en ninguna universidad un programa con formación en músicas tradicionales. Hoy en día sí. Hay cursos al respecto en la Universidad del Valle, con un taller de música afropacífica; el Instituto Departamental de Bellas Artes y la Universidad Javeriana Bogotá también tienen, luego la valoración está allí. Ahora, tendríamos que avanzar un poco más en que eso fuera un pilar. 

Curiosamente, la valoración de las prácticas culturales del Pacífico quizá no se ha dado en música como debería darse y empieza a darse en otros escenarios, sin decir que no pase nunca en música. Un caso, por ejemplo, es el Programa de Gastronomía y Artes Culinarias de la Universidad Javeriana Cali, que tiene un semestre dedicado a la cocina del Pacífico. 

Conocí y participé en el proceso de formulación del currículo que ya está en curso, para envidia de muchos que no estudiamos eso, donde los estudiantes tienen que ver un semestre sobre bebidas alcohólicas. Inicialmente se iba a llamar “Vinos”. Después se relativizó y ahora se llama “Bebidas alcohólicas 1 y 2”, porque tuvimos que garantizar que hubiera no solamente presencia del Pisco y el Mezcal, sino que hubiera presencia de destilados del Pacífico, para que los conozcan. Esto porque sería inaceptable que un estudiante egresado de una universidad del suroccidente colombiano, por no decir de Colombia, supiera de todos los licores, pero no supiera que existe el viche y sus derivados.

Entonces, sí creo que vamos avanzando en esa línea y soy optimista en que, a la vuelta de unos años, no solo habrá una valoración diferente para la música y la gastronomía, sino también para los saberes relacionados con la naturaleza, como la pesca y la navegación. No solo habrá mayor valoración sino que tendremos programas formando personas en otras partes de Colombia, y esperaría lo mismo en otras partes del mundo. 

Manuel, usted fue becario de la Fundación Cultural Latin Grammy en 2015 y de la National Geographic Society en 2019. ¿Podría contarnos de qué se trataron estos estímulos de investigación?

La beca de la Fundación Cultural Latin Grammy es una beca que se abre todos los años y subvenciona investigaciones sobre músicas en general. Curiosamente, no es acerca de músicas de ganadores de premios Grammy, sino sobre la práctica musical en Iberoamérica. Lo que propusimos allí fue hacer una revisión de archivo del Festival Petronio Álvarez, para hacer una narración acerca de la historia del evento. Eso tuvo varios resultados; uno de ellos fue un libro que editamos en 2017, llamado Guía (incompleta) del festival Petronio Álvarez, que está disponible para descarga

¿Qué aspectos destaca de esta guía y por qué está “incompleta”?

Se trata de un esfuerzo colaborativo entre la academia e intelectuales locales, con trabajos del escritor y profesor vallecaucano Félix Domingo Cabezas Prado, que muestra la importancia de los proyectos colaborativos que amplían la mirada y permiten mantener vigentes estos ejercicios de memoria. Allí se encuentran datos concretos sobre los ganadores del Festival, sedes y transformaciones del evento. Estamos trabajando ya en la siguiente edición, que será la conmemorativa de los 25 años. 

Es una guía “incompleta” porque lo que planteamos allí es que hay una serie de datos importantes sobre el Festival, pero la experiencia completa solo se logra asistiendo. Es una invitación abierta para completarla a través de la presencia. 

¿Y la beca de la National Geographic Society? 

En 2019 obtuvimos una beca de la National Geographic Society para hacer un proyecto que se llama Así llegamos, una estrategia educativa de base web para que estudiantes de colegios y universidades de Colombia conozcan más sobre procesos de migración desde el Pacífico hacia la ciudad de Cali. Uno de esos procesos es la música, pero también hay otros frentes en los que ellos han estado presentes. Este proyecto lo estamos desarrollando con un equipo colombiano de profesionales basados en la ciudad de Cali, que trabajan en periodismo, archivística y ciencias sociales, en llave con migrantes del Pacífico colombiano. 

El Petronio en cifras

De acuerdo con el Estudio de caracterización de la cultura del Pacífico como bien económico y cultural (2019), 1.108 creativos se presentan en la ciudadela del Petronio cada año, entre los músicos que participan en el concurso de aires musicales y músicas del Pacífico, y los expositores que exhiben y comercializan sus productos y servicios asociados con el patrimonio cultural y artístico del Pacífico. Se estima que el Festival cuesta 4.690 millones de pesos (aproximadamente USD $1.62 millones), de los cuales el 86% es invertido por la Alcaldía de Cali, y que genera ingresos superiores a los $50 mil millones de pesos (aproximadamente USD$ 12,834 millones). Asimismo, crea 1.739 puestos de trabajo (equivalentes a 890 empleos de tiempo completo, aproximadamente). 

Más crónicas

  • Pesebre, Navidad, Fiestas, Comercio

    El pesebre, que por generaciones simbolizó la Navidad en los hogares colombianos, ha venido cediendo terreno. Cada vez más, comparte su protagonismo con otros elementos navideños.

  • Navidad, Comercio, Fiestas

    En diciembre, la decoración navideña se toma muchos hogares colombianos. Ventas ambulantes, tiendas de barrio, locales, centros comerciales y supermercados se suman al espíritu navideño, con la esperanza de mejorar los ingresos del año y, como se dice coloquialmente, “hacer su diciembre”.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    Muchos de estos productos decorativos son fabricados a mano o de forma artesanal en micro, pequeñas y medianas empresas.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    Gran parte del comercio formal e informal ofrece la decoración navideña desde noviembre.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    A lado de Papá Noel, los muñecos de nieve se posicionan cada vez más como imperdibles de la época navideña.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    El árbol navideño es una de las decoraciones que no puede faltar en esta época. En el comercio se consigue una gran variedad de árboles, la mayoría plásticos, de distintos tamaños, precios y acabados.

  • Navidad, Fiestas, Comercio, Centro comercial

    Al verde y el rojo, que han sido los colores tradicionales de la época decembrina, se han venido sumando otros como el plateado, el dorado y el blanco, más propios de decoraciones que representan la nieve que acompaña estas fiestas en el hemisferio norte. Cada uno de estos colores evoca valores propios de la Navidad.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    El color blanco en los artículos decorativos evoca la pureza, la fe y la iluminación de la Navidad.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    El color rojo representa la alegría, el amor y la generosidad.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    El verde simboliza la esperanza, la naturaleza y la vida.

  • Navidad, Fiestas, Comercio

    El dorado evoca la prosperidad y la riqueza.

¿Qué sería de la Navidad sin sus luces, formas y colores?

¿Qué sería de la Navidad sin la decoración que la caracteriza? Entre luces, Papá Noel, pesebres, árboles de Navidad, muñecos de nieve y renos son protagonistas.
  • navidad, ventas, comercio

    Diciembre es la época más esperada por los comerciantes. Este año, ha pasado una gran cantidad de compradores por las calles y locales de Fontibón, en un diciembre más cercano a la normalidad prepandemia.

  • navidad, ventas, fontibón, tiendas

    Los locales se preparan para esta época del año. Para ello, exhiben llamativas decoraciones y surten hasta el tope sus estanterías con mercancías para todos los gustos y presupuestos.

  • juguetes, peluches, compras

    Juguetes, ropa y zapatos son algunos de los productos con los que familiares y amigos esperan hacer felices a niños y niñas.

  • Tienda de ropa, ventas, navidad

    Los adultos también reciben detalles en Navidad. Pantalones, camisas, faldas y chaquetas hacen parte de los artículos más vendidos.

  • juguetes, ventas, fontibón

    Además de los locales comerciales, hay una gran oferta de ventas ambulantes. Estas se concentran en la carrera 100, muy cerca a la plaza de mercado del barrio.

  • juguetes, ventas ambulantes, navidad

    En esta época navideña, lo que más se ve en los puestos ambulantes son juguetes. Sobresalen los juegos de mesa, los peluches, los superhéroes y los juegos de rol.

  • ventas, navidad, calle

    Muchos de los locales comerciales optan por exhibir sus productos en la calle, para atraer visitantes y competir con los vendedores informales.

  • ventas, calle, fontibón

    Todos los días, los comerciantes alistan desde muy temprano sus productos, para aprovechar la gran afluencia de compradores que hay entre las 8:00 am. y las 9:00 pm.

  • tienda, ventas, juguetes

    En diciembre, las vitrinas y las calles se llenan de juguetes, pero también reflejan las esperanzas de miles de comerciantes que esperan recuperarse de la crisis que ha dejado la pandemia.

Fontibón alumbra su comercio en esta Navidad.

Fontibón es una de las localidades más visitadas por los bogotanos para hacer sus compras navideñas, por la gran variedad de productos y los precios bajos que ofrece tanto el comercio formal como el informal. La carrera 100 es protagonista.
  • Tomate,

    En Ubalá (Cundinamarca) un grupo de campesinos, víctimas del conflicto armado y jóvenes unen sus esfuerzos para reactivar la economía del municipio con la producción de tomate de invernadero.

  • Tomate 2

    “El tomate para nosotros es como la esposa o los hijos, porque uno se enamora de esas plantas”, afirmó Juan Beltrán, un campesino de la región.

  • Tomate 3

    Los habitantes de Ubalá crearon la Asociación Agropujanza del Guavio, para organizar la producción de tomate “Chonto Roble”. “Agropujanza es la viva muestra de que cuando una asociación trabaja y todos ponen su granito de arena se llega lejos”, afirmó Juan Beltrán.

  • Tomate 4

    El éxito de su asociación ha sido tal que semanalmente envían entre 3 y 12 toneladas de tomate a las centrales de alimentos más importantes de Bogotá.

  • Tomate 5

    Actualmente los campesinos del municipio se encuentran en la gestión de alianzas internacionales que les permitan tecnificar las formas de producción de tomate y encontrar nuevos mercados para su producto.

  • Tomate 6

    Los habitantes del municipio lograron hace unos meses una alianza estratégica con el gobierno de República Checa, que decidió aportar recursos para mejorar el sistema de riego de los tomates.

  • Tomate 7

    Según Agropujanza, “un producto que los intermediarios nos compran a $27.000 termina siendo vendido en mínimo $55.000 a los grandes almacenes”. Actualmente, la Asociación adelanta gestiones para comercializar el tomate directamente.

  • Tomate 9

    Los campesinos están buscando alianzas que les permitan exportar sus productos y venderlos sin intermediarios. Con esto en mente, Agropujanza participó en AgroExpo, la feria agropecuaria más grande del país, el pasado mes de octubre.

Le puede interesar  El barrio 12 de Octubre tiene madera

Campesinos de Ubalá quieren exportar tomate de invernadero

Los campesinos de Ubalá han reactivado la economía a partir de la producción de tomate de invernadero. Actualmente, buscan recursos e incentivos económicos para evitar a los intermediarios.
  • San Victorino, Comercio

    San Victorino es uno de los lugares en donde más se venden disfraces, accesorios y decoración para la temporada de Halloween. Según comentan varios vendedores ambulantes, empezaron a vender accesorios, máscaras y disfraces infantiles desde mediados de septiembre.

  • Máscaras, Halloween

    Las máscaras para adultos llegaron desde hace unos años para quedarse. “Hoy, sorprendentemente, se disfrazan más los adultos que los niños”, afirma Lorena Díaz, vendedora de San Victorino.

  • Máscara, Halloween

    Entre los accesorios más novedosos se encuentran las máscaras de neón para adultos. Se han vendido sobre todo al por mayor para fiestas de disfraces.

  • Superhéroes, Halloween

    “Aunque se imponen tendencias nuevas, desde hace unos años los disfraces que más nos llegan y que más despachamos son los de superhéroes. Se han convertido en los clásicos”, afirma Claudia Fuertes, vendedora de Ensambles y Adornos, en San Victorino.

  • Terror, Payaso, Halloween

    La decoración de terror mantiene su demanda. “Halloween es, de todas formas, la temporada más terrorífica del año”, asegura Alexa Rojas, vendedora de San Victorino.

  • Galerías, Comercio, Halloween

    Galerías es otro de los lugares icónicos para la temporada de Halloween. A diferencia de San Victorino, este año fue mayor la venta de accesorios y decoración que la de disfraces.

  • Halloween, Máscaras, Comercio

    Lo que más se pregunta en el sector son las máscaras de Los Juegos del Calamar. “Desde hace un tiempo, Halloween va al ritmo de las series de Netflix y las películas de Disney. El año antepasado vendimos muchas máscaras de Coco; el pasado, de La Casa de Papel, y este, de la serie coreana”, comenta Lorena Díaz, vendedora de Punto Comercial 53.

  • Calabaza, Halloween

    A diferencia de lo que se vende en otros lugares de la ciudad, como San Andresito y El Restrepo, en la 53 hay varios talleres de artistas que se han comprometido con la celebración de Halloween. Aquí las calabazas hechas en yeso y en cerámica han cobrado un lugar especial. Pintarlas se convierte en un todo un arte.

  • Halloween, Calabazas

    “Con la fascinación de las personas por el bordado, aprovechamos para hacer calabazas tejidas, a una y dos agujas, para este Halloween”, comenta Jesús Rodríguez, profesor de arte y vendedor de la zona de Galerías.

  • Dia de Muertos

    El Día de los Muertos también está presente en Bogotá

Así luce Bogotá en la época más terrorífica del año

Entre máscaras, pelucas y tutús, se vive el Halloween en San Victorino y Galerías.
spot_img

“En Colombia hay programas universitarios que enseñan a tocar marimba y a destilar viche”: Manuel Sevilla

En la segunda parte de la entrevista, Manuel Sevilla, investigador, músico y jurado del Festival Petronio Álvarez, reflexionó sobre la nueva valoración de la cultura del Pacífico colombiano y la inclusión de sus saberes en programas universitarios.

Manuel Sevilla es Comunicador Social de la Universidad del Valle y Doctor en Antropología de la Universidad de Toronto. Ha sido becario de organizaciones como la National Geographic Society, Fundación Latin Grammy, New Orleans Jazz Festival y el Ministerio de Cultura, entre otros. Actualmente es profesor titular de la Universidad Javeriana de Cali y es integrante del Comité Conceptual del Festival Petronio Álvarez y del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural. Ha liderado varios proyectos de creación musical y teatral sobre el patrimonio cultural colombiano.

Se podría decir que Cali, además de ser históricamente esa “capital mundial de la salsa”, en los últimos años se ha convertido en la capital musical de los sonidos tradicionales del Pacífico?

Yo diría, una vez más, que el Pacífico nos reta en nuestros pensamientos. El profesor Fernando Urrea, un investigador senior muy reconocido de la Universidad del Valle, tiene un concepto con el que estoy de acuerdo y es el de la migración circular en el Pacífico. Su argumento es que nadie se va del todo de su lugar de origen; lo que hay es gente moviéndose. Hay gente que vive en Cali, pero va a Barbacoas, o gente que vive en Barbacoas que viene a visitar a su parientes en Buenaventura y luego se va a Cali. Hay un movimiento permanente. Por supuesto, la gente está radicada en un lugar, pero eso no quiere decir que esté trasplantada y que no vuelva a su ciudad de origen. 

Entonces, lo que veo es que en ese proceso de migración circular, si lo pensamos en términos de música, yo diría que Cali es una estación muy importante y única. Tanto por sus particularidades en términos de plataforma de visibilidad y de espacio para hacer contactos, como de condiciones de accesibilidad. En este sentido, si lo pensamos en términos de dónde es más fácil grabar bajo ciertas condiciones, o dónde es más fácil tener un punto de base para moverse y hacer presentaciones en diferentes partes del país, claramente es Cali. Esta ciudad tiene un aeropuerto internacional que no se cierra nunca, por su clima y posición geográfica en el país, y donde las personas se pueden mover con facilidad hacia el resto del mundo. 

Sin embargo, nada de eso sería posible si en lugares como Charco (Nariño), Mosquera, Pizarro o Bahía Solano no hubiera agrupaciones haciendo música que después llegan acá. Entonces, la visión que promovemos es que tenemos que mantener el balance entre la práctica musical en las localidades más pequeñas, donde la música se mantiene viva de la mano del quehacer cotidiano, y las condiciones en Cali para que eso se pueda hacer visible, incluyendo los puntos intermedios. 

En realidad, iba más por el lado de saber qué hace que algunos músicos de estos sonidos tradicionales prefieran radicarse en Cali, en vez de quedarse en su lugar de origen o incluso irse a otros países.

En Cali la práctica cultural y las prácticas que soportan la música están presentes todo el tiempo. Entonces, una persona que quiera venir a hacer música a Cali y que tenga las condiciones para subsistir en esto, sigue encontrando aquí muchos elementos propios de muchos puntos del Pacífico del litoral y ribereño que están acá. Conversaba con el director de la Escuela Taller, aquí en Cali, y él nos decía “—mire, hay mercados de víveres en puntos del Oriente de Cali donde usted encuentra todos los ingredientes que usted encuentra en el litoral: pescado seco, papa china, una cantidad de cosas”. Eso es un dato importantísimo, porque una persona que migra a Cali puede ir a mercar allá y encuentra lo mismo que en su lugar de origen. 

Entonces, sí hay una presencia cultural que es muy importante. Yo creo que el Festival ha contribuido a que los hijos de migrantes puedan conocer mucho acerca de su origen, que los que no somos ni migrantes ni hijos de migrantes del Pacífico podamos conocer un pilar de nuestra ciudad y que, idealmente, el resto de Colombia lo pueda hacer. En este sentido, sí es mucho más fácil que alguien pueda volar a Cali y acercarse a esta experiencia que volar a un punto remoto. Ahora, lo que sistemáticamente va a ocurrir es que alguien va al Festival, lo conoce y luego dice “venga, yo quiero conocer Guapi”. 

Alguna vez hablamos con Carlos Vives sobre la geografía de sus canciones. Y él decía: “—es que yo menciono a Santa Cruz de Mompox, yo menciono al Valle y yo menciono a Gaira, o a Pescadito, básicamente porque yo viví allí, porque yo he pasado ahí, porque la persona que menciono yo la conozco”. El Vallenato, en ese sentido, ha hecho una labor importantísima de poner en el imaginario de muchos colombianos los puntos remotos. He visto gente manejando por la Guajira que de pronto llega a Fonseca a sacarse una foto, porque de allí era “El Cantor de Fonseca”. Ahora, hay una cantidad de pueblos en la Guajira que, como no tienen canción, los del interior no los conocemos, pero sin duda, la gente lugareña sí. 

En resumen, creo que mucha gente hoy tiene en la oreja que hay un lugar que se llama Timbiquí y que ahí hay música, porque Herencia de Timbiquí lo ha contado, Nidia Góngora de Canalón lo ha contado y así sucesivamente. Eso es importante que se haya dado y que en el panorama de muchas personas Buenaventura exista, no solo por su larga historia, sino porque hay gente que ha cantado sobre Buenaventura. Lo mismo con Tumaco y muchos lugares que empiezan a estar en el radar de las personas del interior merced a las canciones, y eso me parece fundamental. 

Manuel, ¿cómo se explica que un Festival que convoca tanta gente alrededor de la música, la fiesta y el licor, a lo largo de tantas ediciones no haya tenido hechos de violencia en una ciudad tradicionalmente señalada como una de las más violentas? 

Hay varias hipótesis. Algunos dicen que estamos hablando de una música que viene con combo. Cuando se habla de la música del Pacífico, un rasgo general es que es una música comunitaria y ese es un elemento fundamental. 

En primer lugar, tiene un componente musical que se llama “pregunta y respuesta”. Mucha música del Pacífco implica que alguien canta y el coro responde, y para responder básicamente hay que aprenderse lo mínimo que se acaba de escuchar. La destreza musical no es enorme y rápidamente las personas se integran en el coro. Entonces, en el norte del Cauca hay una canción que se llama La Guacharaca, y dice “—¿Dónde está la Guacharacha?”, y la gente siempre va a responder: “—En el palo está”. Y la que todo el mundo conoce como Kilele: “—¡Todo el mundo está bailando! —Kilele”. Te aprendiste eso y eres parte del coro multitudinario. Entonces, es música comunitaria. 

En segundo lugar, hay una cantidad de elementos que proponen una lógica diferente. El  baile no es un baile en pareja. Cuando se baila música del Pacífico se hacen coreografías o se baila solo, es una música que se hace entre todos. Eso podría hacer que tuviésemos menos presión sobre la muestra individual, en donde “yo soy el mejor bailarín y, segundo, esta es mi pareja y vos no me la mirás”. Los que han estado en el Festival se dan cuenta de que hay coreografías de 20 y 30 personas al mismo tiempo y el gusto es poder hacer eso. 

Posiblemente, también —y esta es una hipótesis un poco más irresponsable—, entre más embriagada está una persona, más propensa está a la violencia, pero al haber baile hay un procesamiento diferente del alcohol. La gente que va al Festival no está en un espacio cerrado sino abierto y se está moviendo constantemente. Y hay un ethos muy particular que hace que uno esté más en modo de escuchar música, tomar un trago, comer y bailar que en ver a quién le muestra lo que baila o lo que tiene, y el careo que podría conducir a hechos de violencia. 

Ese es uno de los grandes misterios. 

Yo estoy yendo desde el Festival de 2008 porque parte de mi función implica hacer eso en una posición privilegiada, en la tarima de los presentadores de televisión. Y nunca he visto una pelea. He visto gente embriagada totalmente, gente que parece ser turista a la cual el viche le pega duro o la toma seca le pega duro. Pero lo que he visto es que la gente la ayuda a salir y a recuperarse. No he visto dos tipos pegándose, dos mujeres jalándose del pelo o a puños, que uno desafortunadamente ve en otros escenarios. 

En muchos carnavales y ferias del país hacen presencia las industrias de licor de siempre y las grandes marcas de comida nacionales y extranjeras. En el Petronio no. ¿Podría contarnos por qué?

El Festival tiene dentro de su misión la visibilización de las prácticas culturales del Pacífico en torno a la música y una de esas prácticas es la producción y el consumo de licores artesanales en condiciones particulares. Para que eso pueda ocurrir hay que cuidar el consumo del licor.

A mí esto me gusta decirlo y es que en los días del Petronio Álvarez se invierte la lógica que se ve en el resto del año. El resto del año, en cualquier evento masivo donde hay licor, hay Policía verificando que no se entre licor de afuera para que se consuma el de adentro. Aquí también se da, pero lo que se verifica es que los asistentes no entren el licor industrial para que se consuma el licor artesanal que está adentro. Ese licor es un licor producido de manera responsable y cuidadosa por los artesanos del viche, pero producido a escala. No se producen miles de botellas ni los productores sacan lotes de miles para venderlos. Es el proceso artesanal del viche de Doña Tere, del Viche positivo de Canalón. Cuidar eso y mantener esa relación uno a uno implica que no haya presencia de licores industriales. Eso, por supuesto, tiene su lado más complicado, y es que esos patrocinadores traerían un capital importante.

Le puede interesar  Gobierno abre convocatorias para apoyar MiPymes y emprendimientos digitales

Entonces, ¿cómo se financia el Festival?

Hay una partida significativa por parte de la ciudad de Cali, es decir, es un festival público, financiado con los impuestos de los caleños y la ciudadanía caleña. También hay unos aliados importantes que han hecho presencia en el Festival como patrocinadores de ciertas áreas, que no tienen que ver con el mundo del licor. Por ejemplo, empresas de arroz. Durante varios años, ha habido empresas que son co-patrocinadoras, porque hay una zona de comidas donde el arroz es un insumo significativo. 

Hemos tenido también aliados muy importantes. Por ejemplo, una empresa de gas, pero no vas a encontrar patrocinio de una industria de licores o de bebidas azucaradas. Dejando en claro que la mayor parte proviene de fondos públicos, también tenemos otros aliados y patrocinadores cuya presencia está orientada al fortalecimiento de la diversidad, como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Ellos financian un programa de patrimonio cultural para la paz y han acompañado y subvencionado algunos apartados del Festival. El Ministerio de Cultura también hace un aporte. Entonces, claramente, lo que tiene que ver con licores, teniendo en cuenta que uno de los elementos centrales de la identidad Pacífica pasa por las bebidas tradicionales, pues va a ser difícil que se encuentre allí. 

Para cerrar, ¿cuál es la importancia del Festival para las nuevas generaciones?  

Yo creo que hay un impacto significativo. Procuro no moverme desde la opinión sino tratar de encontrar referentes empíricos. Uno, el recambio generacional en las agrupaciones que tenían adultos muy mayores. Ahora tenemos violinistas jóvenes, tamboreros jóvenes y cantantes e intérpretes jóvenes. El Festival recibe cada vez más personas desde los 14 años. Eso es significativo. 

Indicador número dos, muchas personas ejerciendo su identidad, la propia de la estética afro, no solo durante en el Festival sino también en otros momentos. 

Y, tercero, una serie de iniciativas que se han venido dando sobre todo desde la academia y las universidades de la ciudad, que han empezado a incluir en sus currículos o programas de formación en música. Ahí debo resaltar que el Instituto Departamental para las Bellas Artes tenga formación en Marimba y que la Universidad ICESI, en su recién inaugurado programa de Música, incluya la marimba como uno de los instrumentos de formación. Eso es muy diciente. 

También tenemos otras instituciones que no forman músicos pero que incluyen dentro de sus campos de acción las músicas tradicionales. Por ejemplo, la Escuela Nacional del Deporte, con sede en Cali, que tiene un programa de estimulación infantil que se llama Ronda Litoral. Este es un grupo de fisioterapeutas estudiantes, que van a un colegio y con música tradicional del Pacífico hacen estimulación infantil y los niños dichosos con el tema. Ahora, esto sin duda alguna funciona entre niños de formación cultural del Pacífico, pero estamos seguros de que niños con otras tradiciones culturales reaccionarían de la misma manera a la estimulación a través de las músicas del Pacífico. Ahí hay una apuesta que sería interesante y es que a futuro los canticuentos fueran rondas del Pacífico, por todo lo que eso puede significar.  

¿Qué tanto se están formando a nivel profesional nuestros músicos colombianos en músicas e instrumentos del Pacífico?

En el reciente Foro Nacional de Cultura – capítulo Pacífico, alguien ponía el acento allí y decía, con justa razón, que el escenario afortunadamente es otro. Hace unos 20 años no se encontraba en ninguna universidad un programa con formación en músicas tradicionales. Hoy en día sí. Hay cursos al respecto en la Universidad del Valle, con un taller de música afropacífica; el Instituto Departamental de Bellas Artes y la Universidad Javeriana Bogotá también tienen, luego la valoración está allí. Ahora, tendríamos que avanzar un poco más en que eso fuera un pilar. 

Curiosamente, la valoración de las prácticas culturales del Pacífico quizá no se ha dado en música como debería darse y empieza a darse en otros escenarios, sin decir que no pase nunca en música. Un caso, por ejemplo, es el Programa de Gastronomía y Artes Culinarias de la Universidad Javeriana Cali, que tiene un semestre dedicado a la cocina del Pacífico. 

Conocí y participé en el proceso de formulación del currículo que ya está en curso, para envidia de muchos que no estudiamos eso, donde los estudiantes tienen que ver un semestre sobre bebidas alcohólicas. Inicialmente se iba a llamar “Vinos”. Después se relativizó y ahora se llama “Bebidas alcohólicas 1 y 2”, porque tuvimos que garantizar que hubiera no solamente presencia del Pisco y el Mezcal, sino que hubiera presencia de destilados del Pacífico, para que los conozcan. Esto porque sería inaceptable que un estudiante egresado de una universidad del suroccidente colombiano, por no decir de Colombia, supiera de todos los licores, pero no supiera que existe el viche y sus derivados.

Entonces, sí creo que vamos avanzando en esa línea y soy optimista en que, a la vuelta de unos años, no solo habrá una valoración diferente para la música y la gastronomía, sino también para los saberes relacionados con la naturaleza, como la pesca y la navegación. No solo habrá mayor valoración sino que tendremos programas formando personas en otras partes de Colombia, y esperaría lo mismo en otras partes del mundo. 

Manuel, usted fue becario de la Fundación Cultural Latin Grammy en 2015 y de la National Geographic Society en 2019. ¿Podría contarnos de qué se trataron estos estímulos de investigación?

La beca de la Fundación Cultural Latin Grammy es una beca que se abre todos los años y subvenciona investigaciones sobre músicas en general. Curiosamente, no es acerca de músicas de ganadores de premios Grammy, sino sobre la práctica musical en Iberoamérica. Lo que propusimos allí fue hacer una revisión de archivo del Festival Petronio Álvarez, para hacer una narración acerca de la historia del evento. Eso tuvo varios resultados; uno de ellos fue un libro que editamos en 2017, llamado Guía (incompleta) del festival Petronio Álvarez, que está disponible para descarga

¿Qué aspectos destaca de esta guía y por qué está “incompleta”?

Se trata de un esfuerzo colaborativo entre la academia e intelectuales locales, con trabajos del escritor y profesor vallecaucano Félix Domingo Cabezas Prado, que muestra la importancia de los proyectos colaborativos que amplían la mirada y permiten mantener vigentes estos ejercicios de memoria. Allí se encuentran datos concretos sobre los ganadores del Festival, sedes y transformaciones del evento. Estamos trabajando ya en la siguiente edición, que será la conmemorativa de los 25 años. 

Es una guía “incompleta” porque lo que planteamos allí es que hay una serie de datos importantes sobre el Festival, pero la experiencia completa solo se logra asistiendo. Es una invitación abierta para completarla a través de la presencia. 

¿Y la beca de la National Geographic Society? 

En 2019 obtuvimos una beca de la National Geographic Society para hacer un proyecto que se llama Así llegamos, una estrategia educativa de base web para que estudiantes de colegios y universidades de Colombia conozcan más sobre procesos de migración desde el Pacífico hacia la ciudad de Cali. Uno de esos procesos es la música, pero también hay otros frentes en los que ellos han estado presentes. Este proyecto lo estamos desarrollando con un equipo colombiano de profesionales basados en la ciudad de Cali, que trabajan en periodismo, archivística y ciencias sociales, en llave con migrantes del Pacífico colombiano. 

El Petronio en cifras

De acuerdo con el Estudio de caracterización de la cultura del Pacífico como bien económico y cultural (2019), 1.108 creativos se presentan en la ciudadela del Petronio cada año, entre los músicos que participan en el concurso de aires musicales y músicas del Pacífico, y los expositores que exhiben y comercializan sus productos y servicios asociados con el patrimonio cultural y artístico del Pacífico. Se estima que el Festival cuesta 4.690 millones de pesos (aproximadamente USD $1.62 millones), de los cuales el 86% es invertido por la Alcaldía de Cali, y que genera ingresos superiores a los $50 mil millones de pesos (aproximadamente USD$ 12,834 millones). Asimismo, crea 1.739 puestos de trabajo (equivalentes a 890 empleos de tiempo completo, aproximadamente). 

spot_img

VEA TAMBIÉN

“Después de esta pandemia, ha sido muy difícil resurgir”: Pepa Pombo...

En entrevista exclusiva para Más Colombia, la reconocida diseñadora de moda colombiana, Pepa Pombo, nos cuenta sobre la importancia de ser original para sobresalir en un mundo competido y sobre su más reciente exploración con materias primas amigables con el medio ambiente.

OTRAS SECCIONES

CIFRAS

“Entre el 2000 y 2019 la deuda pública pasó de 70 a 600 billones”: Aurelio Suáre...

Para Aurelio Suárez, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, Colombia ha perdido mercado interno, producción y empleo con las políticas de apertura económica.

COLOMBIA