Hablando de la reforma pensional: “más vale malo conocido que bueno por conocer”

Luis Gabriel Arbeláez Marín
Abogado Especializado en Derecho Laboral y Derecho de la Seguridad Social. Director Jurídico Arbeláez & Cristiano LLC.
Como es bien sabido por aquellos que me conocen, durante la reciente campaña presidencial, cuando la reforma pensional se convirtió en un tema de interés, siempre sostuve que el sistema pensional necesita una verdadera reforma. Esto es esencial si queremos mantener la garantía que busca el trabajador al aportar mensualmente parte de su ingreso, independientemente de su origen (ya sea salario, honorarios o renta).
Podría decirse que la necesidad de una reforma pensional surge, entre otras situaciones, del hecho de que los creadores del sistema actual, al momento de discutir la Ley 100 de 1993, tenían una visión de un país que podría mantener un ritmo de crecimiento que llevaría a una mejor rentabilidad de los ahorros de los ciudadanos en los fondos privados y una tasa de desempleo cada vez más baja con altas cifras de empleo formal. De esta manera, la pirámide poblacional, en materia pensional, se mantendría constante.
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Sin embargo, hoy, 30 años después, vemos que no fue así. Las cifras no cuadraron, los rendimientos de los ahorros en las cuentas individuales no fueron suficientes y hoy tenemos muy pocos aportantes para solventar a los pensionados. El sistema planteado fracasó, creó un hueco fiscal con tantos subsidios que paga el estado del presupuesto (sin importar el monto de la pensión) cuando deberían estar pagándolos los cotizantes, y unas pensiones en los fondos privados que, al no tener capital para financiarse, resultan de bajo monto.
Por lo tanto, de allí surge una necesidad de una reforma pensional. Pero desafortunadamente, la Reforma pensional que hoy se discute, en lugar de buscar sacar a flote el sistema pensional, lo que quiere el Gobierno Nacional es aprovechar para descargar la obligación que tienen con los adultos mayores en estado de desprotección y, de paso, fondear una entidad estatal que tendrá un repentino número de nuevos aportantes y, por ende, más ingresos. Esta reforma desdibuja un sistema que fue creado para proteger al adulto mayor que “AHORRÓ” durante su vida laboral y que, por razón de su edad, salud o fallecimiento, no puede cubrir las necesidades de su hogar.
El sistema de pilares planteado en la reforma es un modelo que ya se ha implementado en muchas partes del mundo. Este sistema permite que el estado se encargue de un amplio grupo poblacional, pero con menor esfuerzo fiscal. Mientras tanto, el resto de la población puede buscar mejorar su pensión a través de fondos privados, los cuales, gracias a los rendimientos del dinero aportado, pueden ofrecer mejores prestaciones.
Lamentablemente, considero que la reforma pensional se desaprovechó. Ya no es un sistema pensional, sino un “sistema de protección a la vejez” que incluye a personas que, por diversas circunstancias, no aportaron, sin importar si la falta de aportes fue por falta de ingresos o por decisión propia, incluso si tenían los ingresos para hacerlo.
Esto, sin contar que existen disminuciones en los tiempos mínimos de ahorro de las mujeres, lo cual agrava aún más el hueco que tiene el sistema, haciendo insostenible financieramente en el tiempo.
Estamos condenados a que, en unos años, se esté hablando de que las pensiones reconocidas o por reconocer en la entidad pública que las maneja, cuyo nombre todos ya conocen y que veo que pronto lo van a cambiar, se paguen este mes en un 50% y que el saldo se acumule con bonos de deuda o cualquier otra figura que se invente en ese momento, todo porque el presupuesto ya no alcanza para tanto.
Después de escuchar varios argumentos a favor y en contra de la reforma pensional, entiendo que, desafortunadamente, nos centramos en un debate de cambio de sistema pensional, discutiendo aspectos como el régimen de transición, el umbral de 2.3 salarios mínimos, el Pilar Solidario y la reducción de semanas de cotización para las mujeres, pero olvidamos por completo que no hay absolutamente nada que esté orientado a garantizar un futuro pensional de los colombianos, no existe nada que hable de cómo se van a pagar en un futuro las pensiones, cuando el ahorro que existe y que están delegando en el Banco de la Republica su manejo se acabe.
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El sistema de pilares que debió promoverse en la reforma pensional que esperábamos, es bajo el entendido de que hay un pilar inicial con aportes en Colpensiones hasta un salario mínimo y después en los fondos privados, fondeado todo con una política de generación de empleo formal para aumentar la base de cotizantes y una estabilidad financiera que logre unos mejores rendimientos del dinero en el fondo privado.
De igual forma, la reforma pensional debería estar complementada por un aumento de la edad que le dé una posibilidad para aumentar el ahorro a las personas tanto en el pilar inicial como en el segundo pilar.
Todo lo dicho no quiere decir que no se deba cuidar de quienes no aportaron, pero estoy seguro de que el Estado debe buscar una forma menos invasiva de cumplir su tarea sin dañar el ahorro pensional de los Colombianos.
De allí es que, como dicen los abuelos sabios ya pensionados, “mejor malo conocido que bueno por conocer”.