Restricción de importaciones de la Unión Europea: ¿salvaguardando el medio ambiente o protegiendo su mercado?
A principios de este año, la Unión Europea (UE) dio un paso importante en la lucha contra la deforestación, al aprobar un mecanismo de restricción de importaciones para productos considerados fruto de la deforestación, conocido como el Reglamento Contra la Deforestación (EUDR).
La nueva regulación de la Unión Europea prohíbe la importación a su territorio de productos como el aceite de palma, la soya (también conocida como soja), el café, el cacao y la carne de vacuno ligados a la deforestación. Esta medida entró en vigencia el 29 de junio de 2023.
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Así, las empresas que quieran vender los productos considerados en la regulación a alguno de los 27 países de la Unión Europea deberán certificar que los bienes agrícolas no han sido producidos en tierras deforestadas.
La medida de restricción de importaciones ha sido presentada como un esfuerzo por parte de la UE para proteger el medio ambiente y combatir el cambio climático, pues el 90% de la deforestación tropical es producida por la agricultura, según la revista Science.
Sin embargo, la medida representa un riesgo para los productores agrícolas de Latinoamérica y el sur global. Varios países prendieron las alarmas ante un posible caso de proteccionismo disimulado.
Al respecto se pronunciaron por medio de una carta conjunta 17 países, entre ellos Colombia, que lo calificaron como un “sistema de evaluación comparativa unilateral inherentemente discriminatorio y punitivo, potencialmente incompatible con las obligaciones de la OMC”.
Esto se debe a que, mientras la Unión Europea ha presentado esta medida que afecta a los países latinoamericanos como un esfuerzo para combatir el cambio climático, no ha cumplido en su totalidad los compromisos adquiridos para reducir sus propias emisiones de Gases de Efecto Invernadero.
Impactos devastadores de la restricción de importaciones
Un aspecto que merece atención es el impacto económico que esta medida tendrá en países latinoamericanos, especialmente en aquellos que albergan la mayor parte de la Amazonía, como Brasil y Perú.
Según el Banco Mundial, en América Latina y el Caribe la agricultura representó el 7% del PIB regional en 2022. Dado que, según la CEPAL, las exportaciones de commodities de Latinoamérica a la Unión Europea representaron entre 2019 y 2021 en promedio el 53% de las exportaciones, esta regulación puede tener impacto sobre la economía de esta región.
Los países latinoamericanos dependen en gran medida de la agricultura y la ganadería, y la restricción de importaciones de productos como la soja y el aceite de palma —como es en el caso de los firmantes de la carta Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Paraguay, Perú— podría tener un impacto negativo en sus economías.
En el caso de Colombia, las exportaciones agropecuarias a la Unión Europea ascendieron a 1,7 millones de toneladas en 2022 (DANE). En la carta suscrita por el país se expresa la preocupación frente a los pequeños agricultores, quienes podrían resultar excluidos de los mercados internacionales.
Los 11 gobiernos latinoamericanos se han quejado de esta legislación europea, pero los compromisos asumidos en varios Tratados de Libre Comercio con la Unión Europea y la falta de mecanismos de integración latinoamericana dificultan que su punto de vista sea escuchado.
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La UE tiene sus propios problemas ambientales por resolver
Aunque la Unión Europea ha presentado su mecanismo de restricción de importaciones como un paso adelante en la protección del medio ambiente, es fundamental cuestionar si estas medidas son, en última instancia, una forma de proteccionismo comercial.
Según las declaraciones para Euronews del embajador de Brasil ante la UE, Pedro Miguel da Costa e Silva, los problemas ambientales se deben abordar por medio del diálogo con los países productores y en medio de los acuerdos internacionales, en vez de imponer soluciones que pueden perjudicar gravemente a las economías de países en desarrollo.
La deforestación y en últimas el cambio climático son problemas globales que requieren una cooperación genuina. Esto requiere, por una parte, un mayor compromiso por parte de los países ricos, que son los más contaminantes, en sus propios territorios.
Por otra parte, implica darles salidas económicas a los países de ingresos bajos y medios-bajos, para que puedan avanzar en la garantía de los derechos de su población.