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Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: El café I

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

El café, un agregado exportable en la finca campesina

Hemos señalado que a finales del siglo XIX estaban apenas constituidas las mínimas condiciones para asegurar la seguridad alimentaria en el centro occidente del país, cuando la reintegración regional se consolidó con la nueva red de mercados agropecuarios y se fortalecieron las relaciones interregionales fundamentalmente desde Manizales hacia el oriente y el exterior. Se había pasado de la finca autárquica cerrada y limitada en variedad agropecuaria, a la colonia agraria que, aunque con mercado integrado autosuficiente, permitía una mayor integración alentadora del intercambio de variedades del agro, que alcanzaba a extender a otras zonas de la región. A los productos básicos del nuevo territorio intercomunicado, el maíz, el fríjol, la yuca, el plátano, la caña, y el cacao, junto a los provenientes de un corral de aves, una porqueriza, una huerta de hortalizas y las frutas, se habían ya agregado el arroz, el trigo y la carne de ganado vacuno.    

Todo esto posibilitado por el desarrollo de la arriería que comunicaba uno de los territorios más complejos de los Andes colombianos. Sin embargo, la desigualdad en la distribución de las tierras era ostensible, porque mientras en las tierras medianamente llanas aptas para la agricultura predominaban los latifundios ganaderos, en las laderas casi inaccesibles se apretujaban la mayor parte de las propiedades minifundistas que mantenían condiciones más precarias de vida y de alimentación. Aquí la finca autárquica centenaria predominaba, y su alejamiento de los centros urbanos la obligaba a depender de la fonda del agiotista. Relaciones semifeudales eran las que en esos momentos igualaban al centro occidente del país con otras regiones andinas o portuarias que no habían sufrido el despoblamiento y la desintegración como el acaecido aquí desde la Conquista española.   

Fue en estas condiciones que lentamente hizo su presencia el café en la región. Contrario a lo que se cree sin fundamento, la colonización no se pudo hacer con ese estimulante grano, sencillamente porque primaba la necesidad de consolidar el fundamento alimenticio básico, además de que su cultivo generalizado en la vertiente caucana media dependía de la posibilidad de que existieran las comunicaciones para exportarlo. Por eso solo a finales del siglo XIX los caminos de herradura que se habían preparado para introducir por Manizales los productos que escaseaban en la región permitieron su utilización para sacar el café a la demanda mundial. Los países que habían llegado al desarrollo industrial y que necesitaban de un producto no esencial para la alimentación -pero propicio para estimular mediante su bebida la producción industrial intensiva- carecen de climas adecuados para producirlo, por lo que, en los tropicales como Colombia, particularmente en su zona andina, es favorable su cultivo. La zona que estudiamos es óptima para su cultivo, especialmente por lo que representan las condiciones de humedad y de ladera que posee la generalidad de sus tierras de vertiente.

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En otras regiones del oriente andino (Santander y Cundinamarca) ya el café para la exportación había comenzado a ser importante pero relacionado con grandes haciendas y relaciones de aparcería. En la región que estudiamos su lento repunte se consolidó y se impuso sobre los del oriente, porque la finca campesina de trabajo familiar resultó más propicia para garantizar su sostenimiento. Eso la posicionó en un territorio -el eje cafetero- que comenzó a darle al país una significación acorde con la importancia de la demanda mundial del grano. Sus posibilidades llegaron hasta la apartada finca de las laderas a las que, con el recurso del importante aporte de la arriería, se agregó el grano a la tradicional finca autárquica. Esta es una de las características que definen y le dan un carácter diferenciado a la caficultura de esta región en el mundo: es de pequeña y mediana propiedad, y antes de los cultivos extendidos con variedades que no requieren sombrío, fue, y sigue siendo, un recurso más de la parcela campesina.

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En síntesis, la importancia del café en la región que es objeto de estudio no es por su aporte a la alimentación, sino porque su comercialización en los mercados internacionales le permitió a miles de familias lograr un sustento seguro, aunque, como veremos en la próxima entrega, su especialización y constitución mono productora dependiente de los vaivenes de precios internacionales, lo acabaron definiendo como un producto del nuevo colonialismo mundial, atado a la división del trabajo global impuesta por las grandes potencias.

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

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