lunes, octubre 18, 2021
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Seguridad alimentaria en el centro occidente de Colombia: La Colonia

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

La Colonia: tres siglos de estancamiento

La dominación española representó una enorme traba para el desarrollo de sus colonias en América. A diferencia de lo que pasaba en Europa, donde los avances económicos y sociales eran siglo tras siglo significativos, gracias precisamente a los aportes que el nuevo continente le suministraba mediante el saqueo y el vasallaje, en los virreinatos españoles la precariedad de las relaciones económicas y sociales era la constante. Pese a que los conquistadores introdujeron recursos desconocidos o apenas en ciernes en este continente, se implantaron en beneficio de los blancos porque lo que se impuso culturalmente fue la discriminación social por sus orígenes étnicos. Al final del siglo XVIII, mientras aquí, al cabo de casi tres centurias de presencia europea, la sociedad tenía un rezago feudal evidente, en el viejo continente despuntaba ya el capitalismo ligado a la revolución industrial.  

COC Colonia
Mapa del cauce medio del río Cauca (Antiguo Caldas) durante la Colonia española. Existían dos rutas que comunicaban la región minera de occidente con el río Magdalena: los caminos de Hervé y del Quindío.
Fuente: elaboración propia.

Ya hemos visto cómo en las regiones auríferas, como esta del centro occidente de Colombia que estudiamos, las condiciones eran aún peores por el desequilibrio entre la explotación minera y la agricultura, agravadas por la enorme despoblación. Si bien es cierto que los españoles aportaron técnicas y recursos agropecuarios inexistentes en estas tierras, que posibilitaban la variedad y la calidad de la dieta alimentaria, ellas se implantaron sobre un sistema restrictivo y excluyente, que solo fue adquiriendo lentamente rasgos de sincretismo alimenticio, basado fundamentalmente en el maíz, entre la población nativa y mestiza. Grandes plantaciones de otros cereales originarios del viejo mundo (trigo, arroz, cebada), aquí no se propiciaron, porque la institución colonial de la encomienda convertía a los indígenas en tributarios para concentrarlos en la extracción de minerales. Las grandes extensiones de tierra acumuladas por los encomenderos fueron utilizadas para la domesticación extensiva de ganado vacuno y porcino y para la producción de carne y leche, actividades también nuevas en estos lares, pero que no alcanzaban a satisfacer las necesidades de los yacimientos mineros.   

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Los pocos cambios que dentro del estancamiento de casi tres siglos de coloniaje provinieron, algunos de la Corona como la introducción de mano de obra africana esclavizada en las minas para concentrar la del indígena en resguardos, y otros por la propia dinámica que la opresión generaba, como el escape de nativos, mestizos y negros en busca de aluviones auríferos (mazamorreros) y tierras apartadas (rochelas) para conseguir recursos propios y lograr autosuficiencia alimentaria. La dispersión en los montes y selvas de la población trashumante era la constante, y solo al final de la Colonia se dictaron medidas para reducir en colonias agrarias a los pobladores dispersos, con el objetivo de abastecer a las zonas mineras. Había que ‘poner en policía’ a los ‘arrochelados’ y ‘zánganos’ para que se sometieran a los controles materiales y espirituales de las autoridades civiles y religiosas.

Situación tan miserable y frágil no permitía ningún desarrollo de actividades que requirieran alguna especialidad, tales como las que los indígenas estaban consiguiendo en la era prehispánica. Ni siquiera en la minería, porque los españoles utilizaron las mismas técnicas que venían utilizando los indios y no aportaron casi nada en su mejoría. Por eso, no obstante que los peninsulares establecieron el modo de vida urbano, lo hicieron como prolongación del que tenían en España, y fuera de servirles de centro de control poblacional y territorial, poco contribuyó en la diversidad productiva desligada de la ruralidad. La artesanía, la industria, la creación de conocimiento, y las formas culturales que un ámbito urbano justificaría, estaban ausentes en esta sociedad semifeudal y minera.

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En la próxima entrega veremos cómo se implantó el modo de vida urbano en las regiones mineras del centro occidente de Colombia.    

Referencias:

Gärtner, Álvaro (2005). Los místeres de las minas. Manizales: Editorial Universidad de Caldas.

Zambrano, Fabio –  Bernard, Olivier (1993). Ciudad yterritorio. El proceso de poblamiento en Colombia. Bogotá: Tercer Mundo Editores.

Jorge Enrique Esguerra
Jorge Enrique Esguerra
Arquitecto, Magíster en historia y teoría de la arquitectura, Universidad Nacional de Colombia. Profesor durante 28 años en la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, y miembro correspondiente de la Academia Caldense de Historia.

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