CEPAL alerta que Colombia apenas alcanza un 17% de avance en su transformación productiva

El más reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Panorama de las Políticas de Desarrollo Productivo en América Latina y el Caribe 2025, advierte sobre un rezago histórico en la productividad de la región. El documento sitúa a Colombia como un caso clave en la búsqueda de soluciones estructurales frente a la llamada “trampa de baja capacidad para crecer”. En este contexto, el informe identifica cuatro aspectos clave que el país debe revisar y fortalecer para avanzar de manera efectiva hacia una verdadera transformación productiva.
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1. Productividad laboral: el punto de partida del rezago regional
La transformación productiva en Colombia enfrenta su prueba más decisiva en un contexto latinoamericano de bajo dinamismo. Según la CEPAL, la región atraviesa una “trampa de baja capacidad para crecer” marcada por el estancamiento de la productividad laboral. Desde 2017, América Latina produce menos por hora trabajada que el promedio mundial, un dato que evidencia el agotamiento del modelo económico basado en exportaciones primarias y baja innovación.
En este escenario, Colombia no es la excepción. En 2024, su productividad laboral por hora trabajada creció apenas un 1,8%, ubicándose en el rango medio-bajo regional. Aunque el indicador muestra una leve mejora frente a años anteriores, sigue muy lejos de las economías asiáticas o europeas con las que aspira a converger. Entre 1991 y 2019, el aumento de productividad en el país se explicó más por el movimiento de empleo entre sectores que por mejoras internas en las actividades económicas. En otras palabras, se ha cambiado de sector, pero no necesariamente se produce mejor.
A nivel territorial, el panorama también es desigual. Departamentos como Tolima y regiones de Cundinamarca muestran avances, mientras que zonas rurales continúan atrapadas en actividades de baja productividad. El país enfrenta así el reto de cerrar brechas regionales y sectoriales que perpetúan su rezago estructural.
2. Política de reindustrialización: hoja de ruta para el cambio
El Gobierno colombiano lanzó en 2024 la Política Nacional de Reindustrialización (2024–2034), presentada como el eje central de la transformación productiva en Colombia. Su propósito: pasar de una economía dependiente de las materias primas a una basada en el conocimiento, la sostenibilidad y el valor agregado.
Las cinco apuestas estratégicas —transición energética, agroindustria y soberanía alimentaria, salud, defensa para la vida y fortalecimiento territorial— buscan articular sectores con potencial de crecimiento inclusivo. Sin embargo, los resultados iniciales reflejan tanto avances como limitaciones. De acuerdo con la plataforma SisCONPES, el avance proyectado para finales de 2024 era del 38,56%, pero el progreso real alcanzó solo el 17,37%.
Este dato revela dificultades en la ejecución institucional, la coordinación intersectorial y la capacidad técnica en los territorios. Aunque la CEPAL valora positivamente el enfoque territorial y participativo del diseño, advierte la ausencia de un mecanismo de gobernanza que garantice coherencia entre actores nacionales y locales. La transformación productiva en Colombia dependerá de que esa coordinación se materialice, evitando que la política se quede en una hoja de ruta sin músculo operativo.
3. Ciencia, tecnología e innovación: el motor ausente del desarrollo
Si la productividad es el destino y la reindustrialización el camino, la ciencia, tecnología e innovación (CTI) son el motor que aún no arranca con fuerza. Colombia adoptó en 2024 la política de Investigación e Innovación Orientada por Misiones (PIIOM), pero el bajo nivel de inversión sigue siendo el principal obstáculo. Las entidades dedicadas a CTI, como MinCiencias, SENA e iNNpulsa, manejan menos del 0,5% del presupuesto nacional, muy por debajo del promedio de los países de la OCDE.
La CEPAL subraya que esta brecha financiera limita la innovación empresarial y la transferencia tecnológica, factores esenciales para impulsar la transformación productiva en Colombia. Paradójicamente, el mayor porcentaje de inversión en CTI proviene de sectores extractivos como energía y minería, lo que refuerza la dependencia del modelo que se busca superar.
Aun así, el país ostenta la presidencia de la Conferencia de Ciencia, Innovación y TIC de la CEPAL (2024–2025), lo que le da una oportunidad estratégica para liderar la agenda regional y posicionar la innovación como pilar del desarrollo sostenible.
4. Desarrollo productivo sostenible: entre la mitigación y la inclusión
Uno de los mayores aportes del informe es la incorporación del enfoque verde e inclusivo en la discusión sobre productividad. Colombia figura entre los cuatro países analizados —junto a Brasil, Chile y México— por su alineación con los compromisos climáticos en sus políticas productivas.
La transformación productiva en Colombia integra objetivos de desarrollo productivo sostenible, incluyendo metas de movilidad eléctrica, energías renovables y economía circular. Sin embargo, la CEPAL advierte que las medidas de adaptación al cambio climático aún son débiles y poco articuladas con la política industrial.
En contraste, la dimensión de transición justa, que vincula sostenibilidad con equidad social, sí presenta avances. Además, el país se destaca por sus iniciativas de articulación productiva (clústeres): con 98 experiencias registradas, ocupa el tercer lugar en América Latina. Estos mecanismos han demostrado ser eficaces para aumentar ingresos y productividad laboral en las empresas participantes, fortaleciendo la base territorial del desarrollo.
El diagnóstico de la CEPAL muestra que América Latina sigue atrapada en la trampa de baja capacidad para crecer, y Colombia no escapa a esa dinámica. Aunque el país ha iniciado su transformación productiva con políticas ambiciosas, los avances del 17% en reindustrialización evidencian la distancia entre la planeación y la ejecución.
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El desafío no es únicamente económico, también es institucional y cultural. Para que la transformación productiva en Colombia deje de ser un propósito declarativo y se convierta en una realidad, será necesario fortalecer la gobernanza, aumentar la inversión en innovación y asegurar que la sostenibilidad y la inclusión se consoliden como los pilares de un nuevo modelo de desarrollo.