domingo, 4 de diciembre de 2022
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Transición energética II: es hora de asumir el cambio

Leonardo Arbeláez Lamus, Columnista, Más Colombia

Leonardo Arbeláez Lamus

Ingeniero químico de la Universidad Industrial de Santander, Excontralor Delegado de Minas y Energía de la Contraloría General de la República. Docente de Posgrado en la UNAB, Esp. Gerencia de Recursos Energéticos. Director Ejecutivo de CALD SAS.

En diferentes escenarios se escuchan voces a favor y en contra de la firma de nuevos contratos de exploración y explotación de hidrocarburos. La semana pasada, se evidenciaron señales positivas hacia el sostenimiento actual de la renta petrolera por parte del Ministro de Hacienda, aún de manera muy cautelosa. 

Adicionalmente, el Ministro por fin habló con contenido. Se refirió a la necesidad de prever tres transiciones y no solo la energética. Enfocó su análisis en sostener la necesidad de cambio en la demanda de combustibles fósiles por el impacto ambiental, lo cual le da argumento al país para la ya comentada Transición Energética. 


Luego, ilustró la necesidad de una Transición Exportadora, en la que propone un gran salto en materia de diversificación de las exportaciones nacionales en el mediano y largo plazo y, por último, esbozó aspectos de la que denomina Transición Fiscal, en la cual advierte que la actual reforma tributaria está encaminada a suplir parte de la renta petrolera que se prevé disminuya a medida que aumente la implementación de energías limpias y el decrecimiento de la demanda de combustible fósil.

De este columnista: Transición energética en Colombia vs. el sector minero energético

Frente a la primera transición, la energética, argumentada con base en el estudiado impacto ambiental de sus emisiones de GEI, aun cuando parezca retórico y repetitivo, es imprescindible recalcar el bajo impacto que Colombia genera en este aspecto medido como porcentaje de las emisiones globales. Es evidente la necesidad del planeta de migrar hacia energías limpias. Sin embargo, esta transición requiere de un modelo planeado y eficiente. 

En tal sentido la ministra de Minas anunció los “Diálogos sociales para definir la hoja de ruta de la transición energética en Colombia” (ver enlace aquí). Este documento plasma un complejo desarrollo procedimental y un ambicioso cronograma de cumplimiento, enfocado en promover la participación ciudadana en el mercado de la energía nacional.

Sin embargo, garantizar la seguridad energética nacional implica un desafío monumental. Un estudio realizado por “The Renewables Consulting Group & ERM” (ver enlace aquí) al Ministerio de Minas y Energía, establece que la energía con mayor capacidad de crecimiento en materia de reemplazo de la matriz energética nacional es precisamente la energía eólica costa afuera (es decir turbinas de viento en el mar). 

Desarrolla, además, rutas para su implementación para dos escenarios: Uno de implementación baja en el que el gobierno colombiano no interviene de manera directa en el mercado y, el segundo, en el que Colombia incentiva un escenario de desarrollo alto, cuyo horizonte para que esté operando en términos de tiempo se ilustra en el cronograma siguiente:


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Como se observa, iniciando la fase de preparación en 2022 y siendo supremamente eficientes, se tendría para dentro de 10 años una capacidad instalada de apenas 1 GW (Gigavatio), en 20 años 4 GW y en 30 años aproximadamente 9 GW. Para un contexto frente a la demanda en Colombia, “acorde con datos de la UPME, para el caso de energía eléctrica, se estima que en los próximos 2 años la demanda se encuentre en niveles diarios entre 191 a 232 GWh-día, lo que representaría un aumento de 3,1% frente a 2021” (ver enlace aquí).

A esto debe sumarse —solo hablando de la energía eólica— la rigurosa planeación que se requiere para la contratación y el desarrollo de este tipo de proyectos: estudios, diseños, procura de todos los elementos que se requieren para generar energía a partir de una turbina, logística —buques de reconocimiento, buques de instalación de turbinas, transporte de elementos, equipos y sistemas de instalación y armado, etc.—, sin considerar la infraestructura necesaria para la transmisión de esta energía. 

No es difícil concluir que la transición a energías limpias como la eólica costa afuera requiere de unas inversiones descomunales, un fortalecimiento institucional sin precedentes, una gestión de conocimiento ambiciosa y un marco regulatorio lo suficientemente pragmático que evite, por ejemplo, la suspensión de actividades del proyecto por acciones judiciales.

Es entonces más que ilustrativa la dirección del gobierno nacional en materia de descentralización en la generación de energía doméstica (vía democratización de la generación a partir de procesos comunitarios enfocados a la energía fotovoltaica) y la apuesta para el reemplazo de fuentes contaminantes (termoeléctricas, generadores con combustibles líquidos, etc.) con energías provenientes de la eólica, entre ellas, la generada costa afuera.

Tales hojas de ruta del gobierno van en el sentido correcto. El problema en ciernes es su financiamiento sin la renta minero-energética, si no se evalúa un escenario a largo plazo. Como se ha venido explicando en columnas anteriores, reemplazarla no es fácil. 

También de este columnista: Exploración de hidrocarburos: ¿imperará la sensatez?

Por otra parte, las Transiciones Exportadora y Fiscal, anunciadas por el ministro Ocampo, son hasta ahora paradigmas sin soporte financiero riguroso. En un futuro asociado a 30 años no va a ser sencillo reemplazar una canasta exportadora en la que el petróleo coloca más del 50%. 

Con respecto a los ingresos tributarios, tener la capacidad de evitar la deducibilidad de las regalías (otro aspecto para celebrar de la reforma que será materia de una próxima columna), y luego frenar el potencial de recibir estos ingresos por cuenta de eliminar nuevos contratos de exploración, pone un manto de duda en la capacidad de sostener la regla fiscal al Gobierno Petro, con todo lo que ello implica en materia de pérdida de valor de bonos de deuda pública y TES, devaluación del peso, pérdida de confianza inversionista y fuga de capitales, entre otros. 


El país todavía está a tiempo de enderezar las fuentes de financiación para las transiciones informadas por el Ministro Ocampo por vía de la renta petrolera y minera futura. Es hora de asumir el cambio de manera responsable y rigurosa. Los retos de migrar la matriz energética colombiana requieren de aspectos financieros, regulatorios, técnicos, logísticos y de consenso que los hacen gigantescos. 

Esperemos la evaluación gubernamental prometida frente a la firma de nuevos contratos de exploración de hidrocarburos. Ojalá no se pierda el norte y, por ende, una de las oportunidades para realizar un verdadero progresismo en materia ambiental, sin poner en riesgo la estructura financiera de la nación.

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