miércoles, 23 de septiembre de 2026
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La UdeA halló bacterias con genes para degradar tolueno en los mangos del Valle de Aburrá: de 26 cepas, cuatro pasaron a prueba

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El artículo científico analizó 12 muestras de hojas de mango en dos sitios de Medellín. Halló rutas genéticas completas, pero no midió la degradación real de contaminantes.

Una investigadora recoge hojas de un árbol de mango en una acera de Medellín para analizarlas.

Investigadores de la Universidad de Antioquia y la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia estudiaron las bacterias de las hojas de tres especies de Medellín entre 2023 y 2025. El proyecto lo lidera la profesora Nancy Johanna Pino Rodríguez, del grupo de Diagnóstico y Control de la Contaminación de la Facultad de Ingeniería.

El hallazgo es que esas comunidades bacterianas contienen genes asociados con rutas completas para degradar contaminantes del aire.

El resultado muestra potencial genético, no una degradación medida. Las cuatro cepas seleccionadas apenas pasaron a un experimento que busca comprobar si esa capacidad funciona en las hojas.

¿Qué encontraron en las hojas de los árboles de Medellín?

En la filósfera, la superficie de la hoja donde viven microorganismos, aparecieron comunidades bacterianas diversas. En el proyecto completo, los géneros más repetidos fueron Methylobacterium, Deinococcus, Hymenobacter y Sphingomonas, tanto en mango como en almendro y en la enredadera Thunbergia grandiflora.

El muestreo cubrió cinco puntos de Medellín y cinco momentos distintos. Las imágenes de microscopio electrónico mostraron colonias alrededor de los estomas, los poros por donde la hoja intercambia gases con el ambiente.

¿Por qué el mango y no otras plantas?

El mango produjo mejores resultados de los que el equipo esperaba frente a las otras especies examinadas. La expectativa inicial favorecía a la Thunbergia, pero un trabajo anterior del grupo G-Lima ya había observado que el mango toleraba la contaminación y retenía metales como aluminio y azufre.

Ese antecedente no demuestra que sembrar mangos limpie el aire. Ayudó a escoger una planta prometedora para estudiar la relación entre hojas, bacterias y contaminación urbana, pero no autoriza una recomendación de siembra ni cuantifica un beneficio ambiental.

¿Qué demuestra el estudio publicado y qué no?

El estudio demuestra que las bacterias analizadas poseen genes de degradación, no que ya estén retirando contaminantes del aire. El artículo científico publicado por PLOS One el 28 de abril de 2026 examinó 12 muestras de mango, tomadas en dos sitios y dos fechas.

La metagenómica permite leer en conjunto el material genético de una comunidad sin cultivar cada microorganismo. Ese análisis identificó rutas completas asociadas con la degradación de naftaleno, tolueno, xilenos y benzoato, además de una mayor diversidad bacteriana en el sitio céntrico más contaminado.

La entrada de la nota de Alma Máter de la Universidad de Antioquia, publicada el 23 de septiembre de 2026, habla de un avance «ya confirmado en el laboratorio», pero lo confirmado es la presencia de bacterias y genes, no la degradación. Los autores describen el resultado como un potencial genético.

¿Qué falta para usar estas bacterias contra la contaminación?

Falta demostrar que las cepas seleccionadas degradan un contaminante al ser inoculadas en hojas de mango. Una cepa es una población concreta de una especie bacteriana; el ensayo también debe establecer que estas no dañan la planta ni alteran el equilibrio del ecosistema.

De las decenas de bacterias aisladas en laboratorio, el equipo escogió 26 y luego solo cuatro, tras descartar las que podían ser patógenas o resistentes a antibióticos. Si los resultados son seguros y eficaces, la posibilidad futura sería incorporarlas a fachadas, árboles o corredores verdes dentro del concepto de ciudades probióticas.

La investigadora Luisa María Múnera Porras, de la Escuela de Microbiología, fue explícita sobre los límites. Dijo que sería «irresponsable» prometer más de lo que hoy se sabe y que el proyecto «es un recién nacido».

La investigación recibió financiación pública para fortalecer capacidades regionales en salud pública. Los recursos provinieron de la Convocatoria 918 de 2022 del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, la entidad nacional conocida como Minciencias.

¿Cómo está el aire del Valle de Aburrá?

Entre el 23 de febrero y el 21 de marzo de 2026 hubo gestión de episodios de calidad del aire, pero no se declararon niveles de prevención, alerta o emergencia. Así consta en el balance del Área Metropolitana del Valle de Aburrá del 11 de mayo de 2026.

El Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá (SIATA) tiene 20 estaciones poblacionales que miden PM2.5, el material particulado fino.

La norma colombiana fija para el PM2.5 un límite de 37 microgramos por metro cúbico en 24 horas y de 25 como promedio anual. Esos valores están en la Resolución 2254 de 2017 del Ministerio de Ambiente.

La regulación mide la masa del material particulado, pero no su composición. Esa diferencia importa para esta investigación, porque el interés científico está en saber si las bacterias pueden transformar compuestos específicos y no solo en registrar cuánto material hay suspendido.

En las plantas de tratamiento de aguas de EPM, las bacterias descomponen materia orgánica; trasladar una lógica biológica parecida al aire urbano sigue siendo una meta.

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