La UNAL irá a la Antártida en 2027 a medir tormentas solares: quiere alertas para usuarios de GPS y drones agrícolas en Colombia
El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) emitió el 20 de enero de 2026 la primera alerta del país por una tormenta geomagnética severa y pidió precaución con los drones. La expedición está prevista para enero o febrero de 2027.

Astrónomos del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) irán a la Antártida a comienzos de 2027, en la XIII Expedición Antártica de Colombia, según la Agencia de Noticias UNAL (8 de octubre de 2026). Su proyecto, «Del Polo al Ecuador», medirá al mismo tiempo en la Antártida y en Colombia cómo las tormentas solares alteran la ionosfera. Es la primera vez que el OAN va a una expedición antártica del país.
La ionosfera es una región alta de la atmósfera con partículas eléctricamente cargadas, atravesada por señales de radio y satélites. Sus cambios pueden restar precisión al GPS del celular, la aviación, las comunicaciones y los drones que vigilan cultivos e infraestructura.
El país ya tiene dos antecedentes: la caída del satélite FACSAT-2, en octubre de 2025, y la primera alerta por una tormenta geomagnética severa, en enero de 2026. El proyecto busca medir para anticipar esas alteraciones; no responde a una emergencia actual.
¿Qué es una tormenta solar y cómo afecta el GPS?
Una tormenta solar comienza con fenómenos intensos en el Sol que arrojan radiación o material al espacio. Si una nube de plasma alcanza la Tierra y perturba su campo magnético, puede producir una tormenta geomagnética y modificar la ionosfera. El clima espacial reúne esas condiciones del entorno solar.
Las fulguraciones son emisiones potentes de radiación; las eyecciones de masa coronal, grandes expulsiones de material. En los episodios más intensos, el viento solar puede viajar a 2.000 kilómetros por segundo, según Santiago Vargas Domínguez, profesor que lidera el equipo.
Sobre el ecuador aparecen burbujas de plasma, regiones con menos partículas que debilitan las señales. El centelleo es la fluctuación rápida que estas experimentan al cruzar la ionosfera. Ese cambio puede reducir la precisión de la navegación satelital o interrumpirla temporalmente en casos extremos.
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¿Qué van a medir en la Antártida y en Colombia?
El proyecto comparará al mismo tiempo dos regiones que suelen estudiarse por separado: la ionosfera polar y la ecuatorial. Instrumentos similares registrarán cómo responde cada zona a la misma actividad solar y cuánto cambia la transmisión de las señales satelitales. «La Antártida es de alguna manera un sensor de lo que le ocurre al planeta», dice Vargas.
En el hielo instalarán un magnetómetro, que registra cambios del campo magnético terrestre; un receptor GPS de alta precisión y una antena de radio, alimentados con baterías y paneles solares. Con ellos calcularán el contenido total de electrones de la ionosfera y medirán el centelleo de las señales.
En Colombia, los instrumentos podrían instalarse en la laguna de Fúquene o en otro lugar de Boyacá; la ubicación es tentativa. La salida está prevista para finales de enero o febrero, y la permanencia en la Antártida sería de diez días a dos semanas. El recorrido completo tomaría cerca de un mes.
La expedición la coordina el Programa Antártico Colombiano, de la Comisión Colombiana del Océano (CCO). La anterior, la XII, duró de diciembre de 2025 a marzo de 2026 y reunió 22 proyectos de 46 investigadores de 21 instituciones, según el balance de la CCO del 20 de abril de 2026.
¿Ya hubo alertas por tormentas solares en Colombia?
Sí. El comunicado del Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), autoridad cartográfica del país, del 20 de enero de 2026, informó sobre un evento G4, una categoría de alta intensidad. Fue la primera alerta colombiana por una tormenta geomagnética severa.
La entidad advirtió posibles intermitencias en comunicaciones móviles e internet, efectos en los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS), como el GPS, y problemas al capturar coordenadas en tiempo real. Recomendó extremar las precauciones al operar aeronaves no tripuladas, es decir, drones.
El evento fue detectado desde la isla El Santuario de la laguna de Fúquene, donde el observatorio geomagnético nacional registra la actividad todo el día. La alerta muestra que ya se identifican episodios concretos, mientras la propuesta académica busca una coordinación permanente.
Otro antecedente es el FACSAT-2, que cayó en octubre de 2025 tras dos años y medio en órbita. Los cálculos de Vargas indican que el ciclo solar 25 habría acelerado su descenso por fricción atmosférica. La reconstrucción de Más Colombia del 29 de septiembre de 2026 explica el caso completo.
¿Qué se propone para avisar a tiempo?
Vargas plantea crear un Servicio Colombiano de Clima Espacial que conecte la observación del Sol, las mediciones atmosféricas y el seguimiento de satélites. Es una propuesta del profesor, no una decisión del Gobierno ni de las entidades que podrían participar. Tampoco está confirmado un servicio nacional permanente.
La idea vincularía a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, el IGAC y el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), autoridad nacional del tiempo y el ambiente. La coordinación permitiría avisar cuando las señales puedan degradarse.
Para los drones autónomos, que pueden costar decenas de millones de pesos, un aviso tendría un uso inmediato. Si las mediciones anticipan pérdida de precisión o dificultades de navegación, los operadores podrían hacerlos aterrizar antes de que caigan y se dañen.
Según Vargas, con un servicio así el país habría conocido casi en tiempo real las dificultades del FACSAT-2, y no un año después.