La UNAL halló seda y porcelana china en herencias de la Nueva Granada: indígenas, mestizos y mulatos las usaban pese a la Corona
El contrabando bajó el precio de la seda china y abrió su compra a sectores populares. En 1797, Rita y Josefa de la Peña llevaron sus vestidos ante un tribunal.

Hernando Cepeda Sánchez, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), halló seda y porcelana chinas en herencias coloniales. La Agencia de Noticias UNAL lo publicó en una nota del 9 de octubre de 2026; su libro «China y la Nueva Granada en el siglo XVIII» recibió una mención en Ciencias Sociales y Humanas de los Premios Nacionales Alejandro Ángel Escobar 2026.
Los textiles asiáticos también llegaron a indígenas, mestizos y mulatos, no solo a las élites. Esa circulación desafiaba las barreras que la Corona española intentaba imponer mediante reglas sobre comercio, vestimenta y prestigio social.
La Nueva Granada formaba parte de intercambios que enlazaban Asia, América y Europa. Los objetos guardados en casas y registrados al morir sus dueños contradicen la idea de una colonia aislada y dependiente únicamente del comercio europeo.
¿Cómo llegaban productos chinos a la Nueva Granada?
Las mercancías cruzaban el Pacífico hasta Acapulco, en Nueva España —el actual México—, y desde allí seguían por tierra a Veracruz o por mar al Callao, el puerto de Lima. Desde el Callao, los productos subían a Quito y entraban a la Nueva Granada por los Andes.
Después pasaban por Pasto, Popayán y Santafé, mientras Cartagena y Panamá participaban en redes autorizadas y clandestinas. Los ríos Magdalena y Atrato funcionaban como corredores decisivos para mover mercancías y eludir los controles fiscales.
El Virreinato de la Nueva Granada, unidad administrativa creada por España en 1717, abarcó principalmente territorios de las actuales Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela. La Nueva Granada no exportaba a China: participaba como consumidora indirecta dentro de una red mundial. El comercio permitido convivía con el contrabando y la piratería.
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¿Quiénes usaban la seda china y por qué era un desafío?
Los textiles dejaron de ser patrimonio exclusivo de las élites porque el contrabando —la entrada y venta clandestina de bienes— ofrecía precios más bajos. Indígenas, mestizos y mulatos pudieron comprar seda china y usar un símbolo de prestigio reservado por la jerarquía colonial.
Las leyes españolas prohibían a personas de ascendencia africana, libres o esclavizadas, vestir seda y usar adornos de oro o perlas. Su presencia entre esos grupos desafiaba normas que pretendían convertir la apariencia en una frontera racial y social.
También se prohibió comerciar mercancías de China con el argumento de que perjudicaban a los productores textiles de Valencia y Castilla. Para Cepeda, la propia prohibición confirma que esos productos circulaban: «no se puede prohibir lo que no existe».
¿Qué pasó con las hermanas De la Peña en Medellín?
En 1797, Rita y Josefa de la Peña comparecieron ante un tribunal de Medellín y presentaron sus vestidos de seda china como prueba de «decencia» y «moralidad». La ropa ayudó a que se reconociera su respetabilidad y a sostener su derecho a reclamar una herencia familiar.
Los jueces y notables locales aceptaron la vestimenta como evidencia válida de respetabilidad. El episodio muestra que un objeto llegado por redes transoceánicas podía adquirir valor jurídico y social en una ciudad del interior.
¿Por qué importa hoy este hallazgo?
El hallazgo importa porque reemplaza la imagen de una colonia aislada por la de una sociedad conectada, aunque fuera de modo indirecto, con redes transpacíficas. Los testamentos y procesos judiciales permiten ver quién poseía esos bienes y qué significado social alcanzaron.
Durante más de cinco años, Cepeda rastreó miles de registros notariales, inventarios de bienes, documentos comerciales y archivos judiciales en Colombia, Cuba y España, además de fuentes chinas.
El contexto mundial ayuda a medir esa conexión. Las estimaciones del historiador económico Angus Maddison, citadas por la UNAL, sitúan a China hacia 1790 cerca del 35 % del producto interno bruto (PIB) mundial, frente al 27 % de Europa. Gobernaba la dinastía Qing, la casa imperial de entonces.
Para Cepeda, esta historia ayuda a leer la relación actual entre China y Colombia porque a ambos países «los separa solo un océano». Su observación se refiere a una continuidad geográfica e histórica, no a un intercambio comercial directo durante la colonia.
Más Colombia reseñó otro trabajo reconocido en esa edición: el hallazgo del mosquito tigre a 2.100 metros en Popayán.