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Un balance agridulce

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Gabriel Cifuentes Ghidini
Abogado, magíster en administración pública (MPA) de la Universidad de Harvard, magíster en derecho de la Universidad de Nueva York (NYU) y PhD en derecho penal de la Universidad de Roma. Ex secretario de Transparencia de la Presidencia de la República. @gabocifuentes

El pasado domingo se llevaron a cabo las elecciones para los Consejos Locales y Municipales de Juventudes. Si bien es una figura afincada en la Constitución de 1991, estas elecciones resultaban significativas por dos motivos. El primero, sería la primera vez que jóvenes desde los 14 años pudieran votar. La segunda, por las expectativas generadas después del estallido social del pasado 28 de abril.

Frente a los resultados no se puede ni ser catastróficos, así como tampoco cantar victoria. Son varias las conclusiones que deben tenerse en cuenta antes de expresar un juicio de valor en particular:

La abstención. A nivel nacional el número de jóvenes que atendieron el llamado a las urnas estuvo ligeramente por encima del 10%. En Bogotá la situación fue algo más preocupante teniendo en cuenta que de los más de 1.8 millones de posibles electores, únicamente 118 mil expresaron su voto, es decir el 6% aproximadamente.

Los votos nulos. Los votos anulados fueron demasiados. En toda Colombia se llegó a un 22% mientras que en la capital la cifra alcanzó niveles del 44%. Este es un dato que sin lugar a dudas prende todas las alarmas y que debe ser corregido dado que distorsiona de manera importante los resultados.

La Registraduría. La noche antes de las elecciones se expidió un decreto modificando las reglas para que los jóvenes pudieran votar. Se les permitió hacerlo en cualquier punto de votación, lo cual conllevó no sólo a enormes confusiones sino también a que en algunos casos los electores votaran más de una vez.

Los partidos tradicionales. Excepto en ciudades como Bogotá, los partidos tradicionales se llevaron la mayoría de cupos. El 56% de los consejeros fue elegido bajo el aval de estos partidos. En la capital, las listas de los movimientos y partidos alternativos como la Colombia Humana y el Partido Verde, arrasaron. Bogotá sigue siendo un fortín del voto desamarrado, independiente y de opinión.

Ahora bien, entre las críticas que se le pueden hacer a la jornada claramente se debe resaltar la falta de apropiación de los jóvenes frente a una instancia que aún no se comprende muy bien qué hace. Si bien ejerce funciones de veeduría, acompañamiento y representación ante las autoridades locales, no se le ha dado la importancia y visibilidad suficiente a la figura. Sin lugar a dudas, queda el enorme reto de hacer más y mejor pedagogía y a los partidos, sobre todo a los no tradicionales, exigirles un mayor acompañamiento a los jóvenes.

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Una crítica merecida va encaminada a cuestionar el rol de la Registraduría. No solo cambió las reglas a último momento, sino que también falló en la difusión, pedagogía, organización y promoción de esta contienda. Eso sin mencionar la falta absoluta de claridad del tarjetón electoral que, probablemente, contribuyó significativamente al desproporcionado número de votos nulos. No se entiende tampoco cómo las autoridades electorales no ejercieron mayores controles para evitar las bochornosas escenas de ediles repartiendo lechona y cerveza en los puntos de votación. Qué lástima que esas prácticas cuestionables tengan cabida en unas elecciones que, por el contrario, deberían estar marcadas por el impulso al cambio y a la transformación de la política. Pésimo ejemplo a nuestros jóvenes que las estructuras tradicionales contaminen esos espacios con sus habituales mañas. 

No obstante lo anterior, y a pesar de las lecturas fatalistas frente a la jornada, es importante destacar que estas elecciones movieron a más de 1 millón de jóvenes. Algo para nada despreciable y que lejos de ser un vaticinio pesimista para marzo, demuestra que los jóvenes votan. Era una contienda en periodo atípico, sin el arrastre de las maquinarias, sin el atractivo de otras elecciones y aún así los jóvenes hicieron su campaña, recorrieron las localidades, expresaron sus ideas y salieron a cautivar electores. Un ejercicio democrático importante. En marzo de 2022 es posible que esos mismos candidatos y sus estructuras canalicen y sirvan para llevar masivamente a los jóvenes a las urnas. El estallido social seguramente dejará su huella en las elecciones de congreso y presidencia.

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¡Nuevos consejeros y quienes participaron en la contienda! Felicitaciones por su esfuerzo y empeño. Ahora queda dar ejemplo de que se puede hacer política diferente y que ustedes son efectivamente la voz de la juventud para la toma de decisiones. En ustedes queda la titánica tarea de callar a sus críticos y demostrar que los espacios que ocupan sirven efectivamente para promover cambios.

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Gabriel Cifuentes Ghidini
Abogado, magíster en administración pública (MPA) de la Universidad de Harvard, magíster en derecho de la Universidad de Nueva York (NYU) y PhD en derecho penal de la Universidad de Roma. Ex secretario de Transparencia de la Presidencia de la República. @gabocifuentes

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