Un brindis por la doble hélice
Guillermo Guevara Pardo
Licenciado en Ciencias de la Educación (especialidad biología) de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, odontólogo de la Universidad Nacional de Colombia y divulgador científico.
En la historia sobre la investigación de la molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN) primero se descubrió su función y, después, su forma. Esa hazaña es un ejemplo de lo que tiene que enfrentar un investigador para alcanzar, en palabras de Marx, las luminosas cumbres de la ciencia.
Para llegar hasta una de esas cimas hay que escalar por el lado más escabroso de la montaña y, una vez allá, ver en el horizonte otros picos más altos, a los cuales, como un moderno Sísifo, el científico tendrá que subir con la pesada, pero segura, piedra del conocimiento.
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La historia también muestra que los científicos son humanos, demasiado humanos: su quehacer no escapa a las conductas y sentimientos propios de la condición humana, sin que ello signifique que esos factores determinan las hipótesis.
Este 2023 se celebran setenta años del descubrimiento de la doble hélice del ADN. Tal avance produjo un cambio importante en la interpretación científica de los fenómenos biológicos.
La más icónica de las moléculas de la vida trascendió el campo de la ciencia: Salvador Dalí la plasmó en su obra de 1963 Galacidalacidesoxyribonucleicacid; Martin Kemp, del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oxford, la declaró “la Mona Lisade la ciencia moderna”; la arquitectura, el cine, la música y la publicidad tampoco han escapado al encanto de la molécula clave de la vida.
En 1953, James Dewey Watson y Francis Harry Compton Crick —del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge—, y Maurice Hugh Frederick Wilkins y Rosalind Elsie Franklin —del King’s College de Londres—, lograron el avance científico más importante de la historia de la biología en el siglo XX.
El 28 de febrero de 1953 Watson y Crick, en el pub The Eagle inaugurado en 1667 en el centro de Cambridge, presumieron ante los asistentes: “Hemos descubierto el secreto de la vida”. Desentrañaron la estructura de la molécula del ADN, la misma donde los organismos vivos almacenan la información genética que transmiten a la descendencia cuando se reproducen.
El descubrimiento profundizó la comprensión de los fenómenos biológicos, la teoría de la evolución de Charles Darwin ganó otro respaldo y se abrieron muchas esperanzas de aplicaciones tecnológicas, especialmente en el campo de la medicina.
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Antecedentes
En la segunda mitad del siglo XIX, el trabajo experimental de Gregor Mendel había permitido concluir que en los seres vivos existen unos “factores” (genes) responsables del fenómeno de la herencia. Por esa misma época el médico suizo Friedrich Miescher descubría en el núcleo celular una sustancia de carácter ácido que llamó nucleína, pero nunca sospechó que esa sustancia estuviera vinculada al proceso de la herencia; inclusive negó su participación en tal evento; creía que la función hereditaria la desempeñaban las proteínas, tesis apoyada por los biólogos de su tiempo.
En la década de 1920, se encontró que la nucleína está formada por dos ácidos: ADN y ARN (ácido ribonucleico); en 1944, se demostró por primera vez que el ADN es el material genético y empezó el ocaso de la teoría que proponía a las proteínas como las moléculas de la herencia.
Para 1952, los indicios que identificaban al ADN como el material hereditario eran abrumadores, pero aún persistían trincheras de resistencia a esta idea. El golpe de gracia a la vieja teoría de la función hereditaria de las proteínas lo propinó ese año un elegante experimento llevado a cabo por Martha Chase y Alfred Hershey, en el Laboratorio Cold Spring Harbor.
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El artículo
Molecular Structure of Nucleic Acids fue el título del artículo que Watson y Crick, de Cambridge, publicaron en la revista Nature del 25 de abril de 1953. Allí empezaron señalando que la estructura por ellos propuesta “tiene características originales, las cuales son de considerable interés biológico”.
Sostienen que el ADN está formado por dos cadenas helicoidales cuya singularidad radica en “la manera en que las dos cadenas se sostienen juntas por las bases purinas y pirimidinas”, lo que supone un apareamiento específico entre bases nitrogenadas. “En otras palabras, si una adenina forma uno de los miembros de un par, en una cualquiera de las cadenas, entonces el otro miembro debe ser la timina; similarmente sucede con guanina y citosina”.
Al final de su corta comunicación, propusieron que “el apareamiento específico que hemos postulado sugiere inmediatamente un posible mecanismo de copia del material genético”, lo que explicaba el proceso de duplicación del ADN, hasta ese momento poco comprendido. El escrito está ilustrado con el diagrama de la doble hélice dibujado por Odile Crick, esposa de Francis.
La revista también publicó los artículos de Wilkins y de Franklin, del King’s College de Londres, en los que presentaron los datos experimentales que apoyan la estructura helicoidal del ADN.
El de Wilkins inicia aclarando que “mientras las propiedades biológicas del ácido nucleico sugieren una estructura molecular conteniendo gran complejidad, los estudios de difracción de rayos X descritos aquí muestran que la configuración molecular básica tiene gran simplicidad”.
En el de Franklin aparece la fotografía que demuestra la naturaleza helicoidal de la molécula y concluye que “nuestras ideas generales no son incompatibles con el modelo propuesto por Watson y Crick en la comunicación precedente”.
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La científica
El aporte de Rosalind Elsie Franklin fue fundamental: en 1952 la biofísica inglesa obtuvo la mejor imagen del ADN que mostraba que la molécula tenía forma helicoidal. Wilkins permitió a sus rivales del Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge ver esa fotografía. Watson quedó impresionado, como después lo confesó: “En cuanto vi la fotografía, quedé boquiabierto y se me aceleró el pulso”. Ante sus ojos estaba la solución de la investigación.
El proceder de Wilkins no fue muy ético, pues mostró la fotografía sin el consentimiento de la autora. La brillante científica no ganó el Premio Nobel de Medicina otorgado en 1962 a sus tres colegas: falleció en 1958 víctima de un cáncer de ovario a los 37 años de edad. En el discurso de premiación Wilkins apenas si la mencionó, mientras que los otros dos laureados la ignoraron completamente.
Pequeña disquisición
El estudio de la estructura y función de la molécula de ADN ha aportado numerosos avances teóricos y novedosos desarrollos tecnológicos. La historia de su descubrimiento es un triunfo del método científico; un mentís para la filosofía que pregona la inexistencia de la verdad científica, que iguala la ciencia con el mito y la considera una construcción social y lingüística; una demostración de que en ciencia no se abandona una teoría por un acto de fe.
Es el triunfo de la concepción que sostiene que el experimento es quien define la verdad o falsedad de una hipótesis y no el consenso de las “batas blancas”, los que más saben; ratifica que la ciencia es una actividad racional, que es el camino más seguro para alcanzar un conocimiento verdadero de cómo funciona el mundo y que sus teorías son el reflejo de lo que sucede en la realidad material. La septuagenaria doble hélice del ADN aún guarda para la humanidad infinitas sorpresas. ¡Un brindis por la doble hélice!
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