jueves, 23 de abril de 2026
Inicio  »  Columnistas  »  Un voto por la industria

Un voto por la industria

Juan Pablo Fernández, Columnista, Más Colombia

Juan Pablo Fernández

Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP

¡Nada sustituye a la industria manufacturera! Como lo ha dicho Ha-Joon Chang, el desarrollo sin industrialización es como el Hamlet de Shakespeare sin el Príncipe de Dinamarca. 

Para la Cepal, “el desarrollo económico es la historia de la industrialización, que permitió las mayores revoluciones tecnológicas y sociales de nuestra era. La industrialización cambió sociedades enteras, tanto en términos de capacidad económica como de estructura social”.

Le puede interesar: Crece el descontento por la reforma a los posgrados en la UNAL: cientos de profesores han firmado dura carta

Fabricar bienes conlleva a economías de escala; crea y amplía los vínculos entre sectores productivos y el transporte, los servicios y el comercio; genera mayor avance tecnológico y en innovaciones; genera beneficios sociales como demanda por educación de mayor calidad; fortalece la seguridad social (salud y pensiones); dinamizar las finanzas públicas, etc.

Como dice Li Young, “la llegada de la industria manufacturera en los siglos XVIII y XIX revolucionó la estructura productiva de Europa y Estados Unidos, y la industrialización ha sido la fuerza motriz de los milagros económicos más recientes, como la transformación de las economías de Asia Oriental desde la década de 1960”. 

China, Corea del Sur y Japón tienen a la industria manufacturera como base fundamental de su progreso como sociedades.

Lamentablemente, esta visión de avance económico y social fue desechada entre la parte dominante de la cúpula de Colombia y Bogotá, para reemplazarla por pensamientos que plantean que es mejor traer de afuera los bienes complejos, y aquí, más bien, dedicarse a intermediar intereses foráneos o vivir del engorde de activos. 

Esta forma de ver la economía, en el caso de Bogotá, llevó a la manufactura a perder relevancia en lo local. Y es la visión que, con diferentes matices, han aplicado Petro, Peñalosa y Claudia López.

En 2005, el PIB industrial bogotano representaba el 13% de la economía distrital. A 2012, este peso bajó al 11%, y en 2022 llegó al 8,4%. Se puede pensar que esto se debe al crecimiento de otras actividades económicas. 

Sin embargo, si se mide usando la producción industrial por habitante (división del PIB industrial real sobre el total de la población bogotana), queda en evidencia una situación de retroceso y estancamiento. 

En 2022 (pesos reales), este indicador sumó $2,78 millones, en 2016 fue de $2,75 millones, en 2012 ascendió a $2,77 millones y en 2005 fue de $2,7 millones. Este caminado de cangrejo se dio mientras el ingreso de los y las bogotanas crecía.

En los últimos 22 años, la generación de riqueza industrial por habitante bogotano aumentó a un ritmo anual promedio de 0,20%, 3,7 veces menos que la tasa de crecimiento poblacional. 

Mientras la riqueza industrial por bogotano no ha variado, el ingreso promedio por habitante aumentó en 66%. Retroceso también reflejado en el peso de la industria bogotana en la industria nacional: cayó del 23,35% del PIB industrial nacional, en 2005, al 18,7% en 2022.

Una de las causas de esta situación está en las importaciones, la mitad de las cuales llegan a la capital. 

La política macroeconómica de las últimas tres décadas, incluyendo la que corre en el actual gobierno nacional, facilita importar cada vez más y más. Dirán que la reciente reducción del déficit comercial contradice esto, pero este cae más por efecto del precio que por una reducción en las cantidades. 

Estas compras externas están llevando a producir menos bienes industriales y a limitar la ampliación, más allá del ensamblaje, de la base económica manufacturera. Este problema afecta el desarrollo urbano y la calidad de vida de la ciudadanía, en especial los ingresos y la calidad del empleo. 

Lea también: Estos son los beneficios de votar en las Elecciones Territoriales 2023

Para las localidades de Fontibón, Engativá y Puente Aranda y para quienes viven cerca o en barrios habitados por personas que laboran en las zonas industriales de la Factoría y el sur, la desindustrialización es una pésima noticia. Por la pérdida de empleos y por el encarecimiento del suelo.

El deterioro manufacturero, además, no quedó contenido ni contrarrestado en el POT de Claudia López, cuya política urbanística de apoyo industrial es un oxímoron. Promueve las rentas inmobiliarias por encima de las industriales y habla, en los proyectos dentro de las zonas industriales tradicionales, de industria artesanal. 

En la industria manufacturera prima la producción en masa con medios mecánicos (tecnología), mientras en lo artesanal vale más el sello personal, es decir, el acto individual, muy distinto a la tarea del obrero fabril. En la primera está la tecnología, y en la segunda la economía naranja (especulación y saqueo), hoy mimetizada en el canto de sirena de la economía de los colores.

Colombia y Bogotá necesitan una política de industrialización donde se reduzca y controle el costo país: el costo de la energía (que en electricidad es más caro que en EE.UU.), el de la financiación (que es entre 3 y cuatro veces más alto para la industria), el logístico, el del suelo y el de las materias primas industriales (carísimas por depender del dólar). 

También se necesita romper la dependencia de la financiación industrial del dólar y la inversión extranjera. 

El país requiere dar el salto de la industria liviana especializada en ensamblar cosas importadas hacia la industria de materias primas para la industria. Ojalá en un futuro no lejano nuestra nación produzca bienes de capital: bienes para hacer bienes.

Desde los territorios, es necesario crear políticas industriales que miren al mercado nacional. Que se piensen, primero, en comprar lo nacional y venderle a lo nacional. 

Estas ideas las ha promovido y defendido Manuel Sarmiento, quien actualmente es candidato al Concejo por Dignidad & Compromiso, con el #1. Persona que entiende la necesidad de construir un hub automotriz en Bogotá, el cual sería un centro de desarrollo científico-técnico y abriría la posibilidad de que en la capital se ofrezcan vehículos a costos más accesibles para las familias bogotanas, un mercado potencial inmenso. 

Esta idea de promover la manufactura contiene un elemento estratégico: renegociar los TLC, asunto defendido desde hace lustros por Jorge Enrique Robledo, candidato a la Alcaldía de Bogotá.

Insistir en la necesidad de tener una industria manufacturera que dé saltos desde el ensamblaje hacia la producción de bienes intermedios para llegar a la producción de cosas para hacer cosas, son propósitos claves que me llevan a votar por Manuel Sarmiento al Concejo y por Robledo a la Alcaldía. 

Colombia y Bogotá necesitan un aparato industrial vigoroso que se mueva en el desarrollo científico técnico y en la innovación de alto impacto.

Salir de la versión móvil