sábado, 24 de septiembre de 2022
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¿Y si volvemos a dejar que los ríos corran libres?

María Isabel Henao, Columnista

María Isabel Henao Vélez

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

Cada 14 de marzo, desde hace 25 años, se celebra el Día Internacional de la Acción por los ríos. Desde entonces, de manera progresiva cada vez más personas comprenden que estos son el sistema circulatorio que mantiene vivo nuestro entorno. “Sin agua no hay vida”, llevamos con esa cantaleta mucho rato, pero la aparente facilidad con la que esa belleza cristalina sale por los grifos de nuestras casas, hace que los habitantes de las ciudades demos el agua por sentado. Nos acordamos de su “valor” cuando llega la factura cada dos meses y nos agarramos la cabeza porque fácilmente, puede ser el servicio más costoso en nuestra lista de facturas. Pero no es sino que corten el agua y ah pesadilla… Creemos que el agua viene del “acueducto” y no tenemos presente el asombroso ciclo del agua en la Tierra. 

Los ríos, esas venas por donde circula la vida, se tornaron paisaje, “atractivo turístico” para tomar la foto o darse un chapuzón si el agua no está muy fría. Por supuesto, los ríos contaminados y mal olientes son “caños” a los que miramos con asco y desdén, sin reconocer que todos tenemos parte en haberlos vuelto un aguazal de contaminantes. ¿Que cómo así?… Permítame mencionar unas pocas acciones que liberan desechos y los impactan: si usted va al baño, se pone ropa, come de cultivos donde se usan fertilizantes y pesticidas, ahí le colaboró al desagüe que enmugra los ríos. Y no, las plantas de tratamiento de aguas negras existentes no logran limpiar el volumen de aguas que tantos millones de seres humanos enviamos al alcantarillado.  

Pero echemos reversa. Recordemos hoy lo que hacen los ríos por nuestro bienestar, pues no en vano, civilizaciones y culturas se han asentado a lo largo de estos cursos de agua que han regado sus cultivos, aportado líquido vital para usos domésticos y han sido usados como vía para migrar a otras regiones. Los ríos son protagonistas de la Colombia Anfibia donde vivimos, privilegiada en un planeta donde en tantos países escasea el agua dulce. Aquí tenemos ríos de aguas blancas, negras y claras. Los llamados ríos de aguas blancas, por ejemplo, se originan en los Andes y en su recorrido hacia las tierras bajas, arrastran sedimentos llenos de nutrientes haciendo posible la gran biomasa de organismos de los ecosistemas acuáticos. A esta dinámica fluvial debemos los peces que consumimos. Los ríos de aguas negras y claras nacen en las selvas y llanuras aluviales y a pesar de ser menos “productivos” que los anteriores, son bíodiversos en especies que se han adaptado a una gran variedad de condiciones de su entorno. Colombia, por ejemplo, exporta desde la Orinoquia peces ornamentales bellísimos, provenientes de ríos con este tipo de aguas. 



La efeméride de hoy nació para hacer consciencia sobre una amenaza que de manera especial se cierne sobre el flujo del agua dulce en el mundo: la manera como las hidroeléctricas y sus represas han taponado el sistema circulatorio que son los ríos y lo tienen infartado, al tiempo que han propiciado la deforestación y afectado comunidades humanas incluso de manera trágica como el colapso de la represa de Brumadinho en Brasil. En los Andes, las represas cortan el flujo de nutrientes volviendo improductivos los ríos aguas abajo, quitando el sustento para toda la cadena trófica, desde los macroinvertebrados hasta peces y mamíferos. 

El escenario de la Amazonia es grave. Si se construyen todas las hidroeléctricas previstas, en unos 15 años solo quedarían 3 ríos fluyendo libremente. Y si taponamos las arterias, el sistema colapsa. Por ejemplo, veamos las migraciones de los peces. De manera natural, cuando empieza a bajar o subir el nivel del agua en la dinámica natural a lo largo del año, se dispara un mecanismo hormonal que hace que los peces migren para reproducirse. Si no hay pulso de inundación porque está todo inundado o fragmentado, pues no hay reproducción, afectándose la seguridad alimentaria de las personas, la economía regional y el alimento para los grandes vertebrados acuáticos como los delfines. De esta manera estamos construyendo desiertos de agua, segmentos de río muertos. Las hidroeléctricas introducen en sus represas especies exóticas como la tilapia, que reemplazan las especies nativas de los ríos y se vuelven reservorios de pesca deportiva, pero después de un tiempo como los sedimentos se van precipitando, se vuelven piscinas de aguas transparentes improductivas. 

Otra amenaza para los ríos es la deforestación. Al quitar la vegetación se erosionan más fácilmente las orillas, los procesos de sedimentación son mucho más activos y se interrumpe todo el flujo de comida alóctona que brindan los árboles: semillas, frutos e insectos que caen y son el menú de muchos peces (sobre todo en los ríos de aguas negras y claras). 

Otra amenaza gravísima para nuestros ríos y para nuestra salud, es la contaminación por mercurio. Más de 200 mil toneladas de mercurio se han vertido en el Amazonas en los últimos 400 años por la minería, bioacumulándose en los tejidos de los peces y pasando a los seres humanos, donde como un enemigo silencioso desarrolla enfermedades neurológicas, del sistema reproductivo e inmune, e incluso cáncer. Dentro del Amazonas hay una gran bomba química. El mercurio queda atrapado en los sedimentos y si estos se remueven o dragan del fondo de los ríos o en especial de la desembocadura del Amazonas, se liberan tóxicos acumulados que el flujo de las aguas han ido lavando hasta su llegada al mar. ¡Se calcula que ahí hay sumergida una montaña de sedimentos tóxicos más alta que el Everest!

Otra amenaza, es la sobrepesca. Aunque no se si llamarla amenaza, la palabra se queda corta porque ya vivimos sus nefastas consecuencias. Hemos acabado con las pesquerías amazónicas desde 1960. Antes de esta década la pesca no era masiva porque no existía electricidad ni cuartos fríos, solo se sacaban grandes bagres secos (moqueados) en épocas de Semana Santa. Al llegar los cuartos fríos se empezaron a sacar toneladas de grandes bagres de la región para vender al resto de nuestro país (ocurriendo lo mismo en Brasil, Perú y Bolivia, por ejemplo). La extracción indiscriminada con grandes redes afectó la reproducción y las poblaciones de peces, además de otras especies que caían accidentalmente en ellas como los delfines. La sobrepesca fue negocio para los dueños de las pesqueras durante 40 años (absolutamente no para las comunidades) pero terminaron sacrificando la gallina de los huevos de oro, afectando la seguridad alimentaria de los locales. El recurso pesquero se ha agotado tanto (especialmente los grandes bagres) que en muchos lugares un día de jornada de pesca es con frecuencia decepcionante y el pescador vuelve a casa con las manos vacías o con peces de una talla minúscula. 

Y si hablamos de ríos del interior del país, como el Magdalena, no terminamos. Mencionemos solo la afectación a las especies nativas por cuenta de las especies exóticas o introducidas como la tilapia o el basa, o como la trucha y la carpa que desplazaron al capitán de la sabana. La bioseguridad de los cultivos acuícolas no es “segura”, en una creciente, el agua se lleva las larvas de los peces a los ríos principales y ten tu nuevo hogar. 

Es hora de posar nuestra mirada y emprender acciones a favor de nuestro sistema circulatorio antes de que nos de un infarto o una septicemia. ¿Y qué podemos hacer los ciudadanos para menguar el impacto que estamos ejerciendo sobre los ríos? Muchas cosa, tome nota:

Exijamos a los gobernantes (sí, aquellos por los que votamos ayer) políticas ambientales más efectivas para las industrias que vierten desechos y más inversión en plantas de tratamiento de aguas. Averigüemos cómo fueron hechas la ropa que queremos comprar (esta industria es reina en vertimientos de porquerías a los ríos) y los productos que llevamos a la alacena.. Sé que la cadena de trazabilidad para nada es clara, pero podemos empezar secando con preguntas a los almacenes de cadena y las marcas sobre la manera en que fueron hechas las cosas; dejando ver que compraremos las que tengan un impacto ambiental mínimo y censuraremos las que no.

Yo sé que el pescado es una opción tentadora de “carne blanca” con excelente proteína, pero con alto riesgo de contaminación por mercurio y microplásticos y pérdida de la cadena de frío cuando proviene tan lejos de su hogar. Por el antojo de millones de personas a cientos de km de distancia de los ríos, estos se han sobrepescado y están al borde del colapso. Comamos más local y variado, si usted vive cerca a las costas, excelente que apoye la pesca sostenible y artesanal, si no, seguro que hay diversidad de alimentos magníficos en su región de los cuales se está perdiendo. 

Olvídese de la joyita como el regalo especial, el turmequé o el estatus. Nadie lo va a admirar de más por tener cadenas o anillos de oro, hoy día resulta bastante frondio, la tendencia de moda es “menos es más”. Además qué peligro, con el nivel de seguridad de las ciudades, el raponazo es seguro y la integridad se pone en juego. Lo invito a decir como yo: “dorado pero no de oro”, hoy la bisutería dorada tiene unos diseños divinos, es económica y permite “engallarse” tanto como uno quiera. 

Conozcamos nuestros ríos, voy yo con mi mantra: solo se protege lo que se ama y solo se ama lo que se conoce. ¡Coleccione ríos! Así como hay gente que –a lo acumulando millas– atesora y se siente orgullosa de su lista de montañas ascendidas o ciudades visitadas, podemos cruzar la meta de 10, 20 0 30 ríos maravillosos visitados y comunidades apoyadas a través del ecoturismo. ¿Cuáles figuran entre mis favoritos? Apaporis, Amazonas, Orinoco, Mirití, Cauca, Inírida, Caquetá y Bita. 

Apaguemos luces, nuestras casas no tienen por qué ser arbolitos de navidad. En serio, desconecte electrodomésticos que no esté usando y apenas las baterías lleguen a full desconecte cargadores del enchufe. No planche tanto, ponga cargas completas en la lavadora, ponga su celular en modo ahorro de batería y haga que su empresa optimice procesos y gasto energético. El boom de las hidroeléctricas está por nuestra obsesión energética, y ya conoce algo del daño que causan, así que no les mande señales a las centrales de energía de que la demanda está subiendo. Al final, la naturaleza lo paga, lo pagamos todos. Y por supuesto, presione políticas de transición energética pronta. Cada región tiene una energía renovable que puede empezar a implementar, como la solar o eólica. Por supuesto, nada es totalmente inocuo, pero sí hay opciones mejores que gangrenar sectores completos de ríos por cuenta de las hidroeléctricas. 

Adopte un río, simbólicamente, claro está. Pregunte en su secretaría de ambiente, alcaldía o corporación autónoma regional qué proyectos o procesos puede apoyar como ciudadano o colectivo interesado en velar por la salud de los ríos más cercanos a su hogar (de donde viene su agua y el riego para los alimentos que come). Averigüe por iniciativas privadas, seguro encuentra en su región ONG que adelantan procesos de restauración de ecosistemas o reforestación muy interesantes a las que puede donar tiempo de trabajo o dinero. 

Los ríos son parte de nuestra historia, de nuestra vida, la vida misma se asemeja a un río que nace en tierra y al morir vuelve a la madre océano. Han inspirado metáforas, poemas y cantos. Dejémoslos fluir, sin ellos la vida se estanca, se seca. 

Agradecimiento especial a Fernando Trujillo, director científico de Fundación Omacha por las numerosas conversaciones sobre los ríos en las cuales he aprendido tanto. Y a todas las organizaciones con las que he trabajado y me han permitido conocer estos cauces de vida, en especial Gaia Amazonas, Omacha y WWF Colombia.