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lunes, 10 de agosto de 2026
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La curiosidad salvó al gato

María Isabel Henao, Más Colombia

María Isabel Henao Vélez

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Javeriana. Especialista en Manejo Integrado del Medio Ambiente de la Universidad de los Andes. Twitter e Instagram: @maisamundoverde

Y a la danta, al oso palmero, a la tayra, al yaguarundi, al borugo, al cafuche, al chigüiro o al paujil. Y el “gato” del que hablamos, bueno, es el jaguar. Con toda seguridad algunos de estos nombres le suenan “exóticos” pero la verdad son nativos, puros criollos de la fauna colombiana. Nombres que deberíamos haber aprendido en la infancia en las instituciones educativas, pero que la africanización de nuestra cultura occidental hizo que aprendiéramos: T de tigre, L de león y E de elefante. ¿Y por qué transformo el dicho popular de que la curiosidad mató al gato por un… salvó? Quédese para leer esta historia que me llena el corazón de esperanza.

Sí, afortunadamente al ser humano le puede la curiosidad y resulta una catapulta para nuestra transformación y desarrollo. Nos encanta la deliciosa sensación del efecto “guau-wow”, ese descubrir algo que no esperábamos, que nos sorprende y que nos saca una sonrisa. Pues conocí un grupo de personas que inquietos por revelar los misterios de su territorio le dieron a la curiosidad la categoría de monitoreo. Déjeme explicarle: en muchos lugares de Colombia, ya no solamente biólogos y otros científicos instalan cámaras trampa para conocer los animales que habitan o transitan ciertos lugares, su estado de salud, sus dinámicas sociales y otra valiosa información que las fotos y videos de estos artilugios revelan. Cito el caso del Guaviare, donde campesinos amazónicos han descubierto en sus fincas gracias a cámaras trampa, una diversidad de vecinos inesperados con quienes comparten el territorio. Vecinos que no saben de linderos porque la tierra siempre ha sido suya, o lo que queda de la tierra que fue suya. Porque no podemos desconocer que los seres humanos hemos transformado los paisajes naturales a niveles peligrosos para todos, deforestando zonas de bosque para abrir potreros y llevar maneras de producir y hacer que no son compatibles con la vocación natural de los suelos y que más temprano que tarde pasan factura en erosión, menos riqueza de plantas y animales (algunos importantes polinizadores para nuestras cosechas) y menos reservorios de agua… Uno se pregunta ¿cómo se estarán afectando los patrones de lluvia en ausencia del bosque e incluso la producción de oxígeno?  


Monitores comunitarios de biodiversidad   

Hay una nueva generación de investigadores locales, personas que no se han formado académicamente en ciencias, sino paso a paso al caminar a orilla de ríos y quebradas, por senderos internos en los bosques de tierras altas o bajas, o a campo traviesa por llanuras y sabanas inundables. Mujeres y hombres que, capacitados por científicos de diversas organizaciones, universidades o entidades, levantan el velo que oculta esa fauna fascinante de la cual no se enseña en nuestras instituciones educativas.

Gracias a un juicioso mapeo y registro de su territorio, muchos de ellos construyen bases de datos de los animales que residen o visitan la zona, analizan el estado del ambiente y su capacidad de sostenerlos, registran si ciertas acciones de conservación han dado fruto, descubren la vocación ecoturística de sus fincas (oportunidades para la observación de aves, por ejemplo) y posibilidades de aprovechamiento del bosque en pie (frutas, nueces, resinas, tinturas y más). Es decir, conocen a fondo con quienes cohabitan en el territorio y cómo son las dinámicas de la naturaleza para que todos puedan prosperar; conocimiento con el cual pueden planear el uso y aprovechamiento de sus tierras y los recursos con que ha sido favorecida. Por ejemplo: qué y dónde restaurar y cultivar, dónde hacer una ganadería regenerativa o un emprendimiento con abejas meliponas, y qué zonas dejar para conservación estricta, para que por ejemplo ese “gato” hermoso de manchitas negras tipo mariposa (el jaguar) se pueda salvar de la extinción. Una consecuencia positiva de esa curiosidad saciada gracias al fototrampeo, que condujo a la admiración, el respeto y el afecto hacia una especie con la que podemos aprender a coexistir.

Paola Rayo, monitora de ASOPROAGRO habla del proceso como “algo muy bonito porque recién empezamos nos daba terror el tema del monitoreo porque pensábamos que era como ser el sapo de la vereda, el que dice aquí están tumbando, pero luego entendimos que es conocer lo que tengo en mi predio. Cuando llegué con mi hijo en el 2009 no conocía ni la danta, ni las guacamayas”.

ASCATRUI C2 JAGUAR crédito: Video de hembra jaguar – Cortesía del Equipo de Monitoreo de ASCATRUI

Hace unos días visité en el Guaviare la Reserva Campesina Guardianes del Chiribiquete y a un grupo de monitores de las asociaciones ASCATRUI y ASOPROAGRO. Se encontraban con técnicos de WWF Colombia en un taller para analizar su trabajo con cámaras trampa, mejorar prácticas y depurar bases de datos. Estos monitores quieren vivir en sus fincas de manera diferente. Se han enamorado de esos animales que salen en las imágenes y videos de las cámaras haciéndose más conscientes del derecho natural que tienen a sus hábitats y a coexistir en paz con los humanos. Estas comunidades han tenido un proceso de fortalecimiento de su gobernanza, aprendiendo a organizarse, a escucharse, a hablar, argumentar y tomar decisiones de manera conjunta. Estos procesos han dado frutos, muchas personas ahora conservan más bosque para defender el agua, hablan de los conflictos con más tranquilidad, han disminuido las quemas y quieren aprovechar mejor lo que se tiene sin necesidad de tumbar más selva.

 WWF ha apoyado Acuerdos de Conservación Colectivos, procesos de restauración, establecimiento de viveros, mejoramiento de prácticas ganaderas y la siembra de cacao amazónico sostenible y orgánico en tierras por donde los animales silvestres son bienvenidos e incluso materia de un delicioso “chisme” por parte de los vecinos.


Conoce los animales amigos del Cacao https://youtu.be/3PLeqO7SWQU?si=ST2sy1FtR_uEvkEH

Una historia de tala y quema

No es un secreto para nadie que el Guaviare es uno de los sectores de la Amazonía más deforestados del país, donde la quema y tala de bosque natural dio paso a potreros para ganadería extensiva, cultivos ilícitos o acaparamiento de tierras. Donde la colonización desordenada llegó a tumbar “monte” para hacer “mejoras” por las cuales se justificaba la tenencia de la tierra. Se quemaron y talaron extensiones de bosque (esto puede ir aún escrito en presente) que dejaron como remanente pequeños parches que hoy son cárceles para muchos animales que no se aventuran a áreas llanas para poder acceder a otras zonas boscosas que son su hábitat natural. En Calamar había momentos del año en los que el humo proveniente de quemas a muchos kilómetros de distancia oscurecía el cielo y caía ceniza como si fuera lluvia, se respiraba con dificultad, y los bomberos sabían cuando el fuego se estaba cobrando la vida de árboles de maderas finas pues caían lajas de cenizas gruesas.

Hoy día la dimensión de la deforestación en Colombia sigue siendo tan grande, que los satélites dibujan el llamado arco de deforestación desde el piedemonte andino que avanza con color y calor del fuego sobre tierras de única y valiosa biodiversidad donde confluyen la Orinoquía y la Amazonía. Fuego, tala y vías que avanzan sobre la joya de la corona de las áreas protegidas de Colombia: El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, patrimonio cultural y natural de la humanidad.

La estrategia de coexistir con la naturaleza

Por eso una manera diferente de vivir en estos territorios, más estratégica para el bienestar de todos y bondadosa para con los seres vivos se hace más que necesaria. Así lo expresan dos monitores de ASCATRUI: Romi Castellanos habla de la restauración emprendida a favor de un corredor biológico que conectó “manchas de bosque” y recuperó su fuente hídrica: “Las cámaras trampa dejan ver cómo la vegetación se ha restaurado y cómo el aislamiento del caño para que no entre el ganado ha dado resultado. Queremos que sea ejemplo para otras comunidades, porque sin fuentes de agua no nos podemos alimentar nosotros y todos los animales”.

Cafuche o pecarí de labio blanco. Cortesía del Equipo de Monitoreo de ASCATRUI

Oscar Tapias dice que antes del proceso de monitoreo, no conocían el valor de los árboles y la fauna. “Era como tener una gran riqueza sin saberlo: los árboles medicinales, las fuentes hídricas, o animales como la danta que si los mirábamos era para cazarlos y echarlos a la olla. Ahora conociendo esos animales y plantas comenzamos a cambiar la cultura y empezamos a estudiarlos, a conservarlos y a contarle a cada campesino que no conoce lo que tiene cada predio”.

Raquel Crespo, consultora técnica de WWF en el Guaviare y beneficiaria del proyecto Áreas Protegidas y Paz”, hace monitoreo junto a 7 familias desde el 2023. Dice que este proceso ha permitido el arraigo de las familias y el deseo de conservar los animales al punto de dejar de intervenir de cierta manera el territorio para que siga llegando alguna especie que se valora. Raquel agradece las capacidades que ha venido dejando instaladas WWF “para que las asociaciones comunitarias podamos seguir hacia adelante”.  

Mi invitación personal desde hace muchos años ha sido a interesarnos y enamorarnos de la fauna y flora nativa colombiana, a vivir muchos efectos wow con esta diversa naturaleza para protegerla y abrirle el espacio natural que merece para prosperar en paz. Conocer habitantes del Guaviare como estos me devuelve la esperanza en que se haga realidad una Amazonía de bosques restaurados, donde la curiosidad no mate al gato, sino lo salve, donde la vida fluya entre caminos de danta y autopistas acuáticas de delfines. Necesitamos hoy más que nunca de un sistema amazónico funcionando a tope. Por el agua, por los alimentos, por las medicinas, por el clima… por la vida.    


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